Cuántas veces se ha escuchado decir que Santa Cruz es racista, discriminadora, clasista, excluyente, regionalista y hasta separatista, pero la evidencia objetiva muestra las patas cortas de esa posverdad, fruto de intereses políticos e ideológicos ligados al atávico centralismo que tanto daño le ha hecho a Bolivia.
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Frustrados como son o están, niegan la existencia del exitoso Modelo de Desarrollo Cruceño, pese a que en los últimos 70 años ha llevado a Santa Cruz a convertirse en el motor del progreso nacional y el bastión económico del país, gracias al trabajo de la gente oriunda, los migrantes nacionales que no cesan de llegar desde los años ´50 y de migrantes japoneses, menonitas, rusos, españoles, italianos, alemanes, brasileros, argentinos y de otras nacionalidades, que, buscando individualmente su superación personal, son artífices de “la otra Bolivia posible”.
Basta mirar el campo cruceño, atestado de migrantes que —pese a pringarse de barro cuando llueve; sudar la gota gorda con temperaturas sobre los 40 grados; tiritar cuando llega el surazo; comer polvo en los caminos sin asfalto y trabajar de sol a sol— llegan y no se van, porque, con valor y esfuerzo, salen adelante.
Santa Cruz no es una tierra de origen, más bien, es una tierra de destino y el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) tuvo el acierto de documentarlo en 2010 con un libro y una película que contaron maravillosos testimonios que el país desconocía: Decenas de historias reales de migrantes bolivianos que llegaron sin nada, pero progresaron produciendo, exportando y generando empleo, además de profesionalizar a sus hijos e integrarse a la sociedad local.
Fueron 33 historias las contadas, 33 vidas reflejadas, 33 pruebas de éxito productivo, gente que llegó de todos los rincones del país, la mayoría pobres o paupérrimos, sin nada más que su fe y la capacidad de esfuerzo para realizarse.
La película “Historias de Migrantes Bolivianos Exitosos en la Agricultura Cruceña” —contradiciendo las leyendas y cuentos creados para denigrar a Santa Cruz— sigue siendo la evidencia incómoda para muchos que no entienden que el desarrollo no se logra con discursos, sino, con esfuerzo y trabajo.
Esa misma historia, años después, se reescribe en Santa Cruz, pero ahora, con votos. Lo que pasó en las elecciones subnacionales del 22 de marzo de 2026 es una constatación de la virtuosa forma de hacer bien las cosas en “la Bolivia profunda”.
En la localidad de Cuatro Cañadas —área de expansión agrícola al Este de Santa Cruz— un menonita, Johan Bergen, ganó la Alcaldía con cerca del 60% de los votos. Este agricultor, hijo de migrantes extranjeros, triunfó en el bastión del Movimiento Al Socialismo, aferrado a su fe que demostró al agradecer en primer lugar a Dios, luego a su familia y a la gente que le dio su apoyo y confianza. Los menonitas en Bolivia son una comunidad cristiana anabaptista de origen europeo (“Cuatro Cañadas elige alcalde a un menonita”, EL DEBER, 24.03.2026).
Una segunda sorpresa se dio en el Norte Integrado, en San Pedro: el productor agrícola ruso David Martishev ganó con más del 50% y ante la crítica a su nacionalidad por parte de politiqueros ligados al socialismo, aclaró que el camba nace donde le da la gana, tapando la boca a sus detractores (“Del camino de tierra al poder local: la historia del ‘ruso’ que conquistó San Pedro”, EL DEBER, 27.03.2026).
Ese es el amor a la tierra que demuestran los migrantes: Una verdad incómoda que algunos rehúsan ver: que esta región no discrimina, sino, integra. Santa Cruz no pregunta de dónde vienes, te abraza si decides quedarte, te reconoce si quieres trabajar, te respeta si decides construir y, si haces bien las cosas, te elige como autoridad. ¿Qué más integración y hospitalidad quieren? ¿Acaso eso se llama exclusión o segregación? Todo, gracias a un modelo productivo exitoso.
Hay que decirlo sin miedo: el Modelo de Desarrollo Cruceño existe y funciona, no es perfecto, pero produce el 77% de los alimentos en el país y aporta con 80% a las agroexportaciones. No son opiniones, son datos, son hechos.
Pese a ello, hay quienes aún lo niegan, siendo que nunca produjeron nada, a no ser malas ideas y mitos urbanos que gestan en sus cómodas oficinas.
Lo visto en el campo cruceño dice que la gente está cansada de ideologías vacías y de privilegios políticos: quiere soluciones para seguir trabajando y progresando, en una tierra donde el esfuerzo hace sentido, donde el mercado no es una mala palabra y donde se reclama que el Estado no sea un obstáculo. Por eso llegan los migrantes, se quedan, prosperan y ahora votan distinto.
Santa Cruz, tierra de oportunidades que ahora convierte a migrantes en autoridades políticas, así como antes les dio el espacio para ser dirigentes, siendo el mejor ejemplo la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (ANAPO) que en su seno directivo congrega a oriundos, migrantes del país y extranjeros.
Le pregunto: ¿Cree que el IBCE debería hacer otra película para hablar sobre todo esto?
Gary Antonio Rodríguez Álvarez
Economista y Magíster en Comercio Internacional
