Murió Germán Araúz Crespo, «Machi Mirón», voz crítica y sutil del periodismo cultural boliviano


Como ocurre con escritores que dejan marca, su obra y su estilo seguirán dialogando con lectores y periodistas, como si —tal como él mismo parecía insinuar en cada columna— nunca se hubiera ido del todo.

 

Por Mauricio Quiroz Terán



Fuente: eldeber.com.bo

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El periodista cultural, escritor y columnista literario Germán Araúz Crespo, conocido como Machi Mirón, falleció  en La Paz a los 84 años, dejando una huella profunda en las redacciones y en la literatura boliviana, donde cultivó una mirada crítica, irónica y siempre lúcida.

Nacido en diciembre de 1941 en la sede de gobierno, y tras una etapa de juventud en Argentina, dedicó su trayectoria al quehacer literario tanto desde las redacciones como a través de publicaciones propias, además de la corrección de obras y la formación de nuevas generaciones de periodistas y escritores.

Inició su carrera en 1975 en el matutino El Diario de La Paz como corrector. Desde entonces, su recorrido profesional lo llevó por importantes medios del país, entre ellos El Mundo, El Día y EL DEBER en Santa Cruz, así como La Razón y La Prensa en La Paz. También fue colaborador de El País, donde aportó con su mirada crítica y su vasta experiencia en el periodismo cultural.

Su incursión en la narrativa comenzó en 1985, cuando publicó sus primeros cuentos en ediciones independientes dirigidas por Manuel Vargas. En ese periodo participó en talleres de narrativa conducidos por Luis H. Antezana y en el Taller del Cuento Nuevo dirigido por Jorge Suárez. Un año después, cinco de sus relatos fueron incluidos en un libro colectivo del taller, marcando el inicio de su presencia en diversas antologías literarias.

Su última obra, Nadie supo finalmente, fue publicada en 2018 por Editorial 3.600, consolidando una producción que, sin estridencias, encontró lectores atentos a su estilo sobrio y reflexivo.

El poeta y cantautor Vadik Barrón lo recordó como un prolífico columnista, cuya firma alcanzó especial reconocimiento con el espacio Zoo de cristal, que escribía bajo el seudónimo Machi Mirón. En esa columna desplegaba una crítica cultural atravesada por el humor fino y la ironía, rasgos que definieron su voz escrita en distintos medios bolivianos.

Esa capacidad para observar con agudeza y escribir con elegancia también fue destacada por el periodista Andrés Gómez, quien lo describió como “el hombre que envejecía al revés y nos tuteaba el futuro”. En su evocación, subrayó un rasgo poco común: “tenía un talento raro —casi sospechoso—: envejecer sin volverse antiguo”, y mantener un diálogo permanente con las nuevas generaciones, a las que escuchaba con genuino interés.

En el ámbito personal, Araúz Crespo estaba casado con Ana Marañón, con quien tuvo tres hijos: Vladimir, Marcela y Alberto. Su hija Marcela lo despidió con un mensaje cargado de afecto: “Ningún padre ha sido más maravilloso que tú, Dogor. Me da tristeza el mundo que se queda sin ti. Te amo para siempre, papá”.

Sus restos serán velados desde las 14:00 de este miércoles 1 de abril en el salón Jazmín de la funeraria Valdivia, ubicada en la avenida Busch 1278, frente al monumento a Busch que está en el barrio Miraflores de La Paz.

Con su partida, el periodismo cultural boliviano pierde una de sus letras más singulares. Sin embargo, como ocurre con los escritores que dejan marca, su obra y su estilo seguirán dialogando con lectores y periodistas, como si —tal como él mismo parecía insinuar en cada columna— nunca se hubiera ido del todo.