La jefa del organismo, Kristalina Georgieva, aseguró que el impacto del conflicto entre EE.UU., Israel e Irán afectará por bastante tiempo la economía global.
Fuente: https://tn.com.ar
Días antes del inicio formal de las reuniones de primavera (en el hemisferio norte) del FMI, la directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva, compartió un mensaje de inauguración en el que expresó los riesgos que genera la guerra en Medio Oriente para la economía global. Anticipó que la entidad espera que los países requieran préstamos por hasta US$50.000 millones como resultado del conflicto.
“Dadas las incertidumbres, nuestro informe sobre las perspectivas de la economía mundial, que se publicará la semana que viene, incluirá una serie de escenarios, desde una normalización relativamente rápida, pasando por un escenario intermedio, hasta uno en el que los precios del petróleo y el gas se mantienen mucho más altos durante mucho más tiempo y se manifiestan efectos de segunda ronda”, indicó.
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La ejecutiva reconoció que, de no haber sido por esta crisis, el FMI habría revisando al alza el crecimiento global y que las expectativas de inflación global aumentaron en el corto plazo.
“Ahora, incluso nuestro escenario más optimista contempla una revisión a la baja del crecimiento. ¿Por qué? Debido a los daños en la infraestructura, las interrupciones en el suministro, la pérdida de confianza y otros efectos negativos. Lo que sí sabemos es que el crecimiento será más lento, incluso si la nueva paz es duradera», señaló.

Georgieva repasó las características de la reciente crisis de suministros que afectó al mundo como consecuencia de la guerra en Medio Oriente y detalló que, aunque el 80% de los países son importadores netos de petróleo, incluso una buena parte de los productores de crudo está siendo afectada porque está en el foco del conflicto.
“Incluso los exportadores de petróleo que se encuentran lejos de la región afectada y que disfrutan de ventajas en la relación real de intercambio han sentido los efectos del encarecimiento del petróleo”, sostuvo, en relación al grupo de países al que pertenece la Argentina. “Los países que pueden exportar petróleo y gas sin interrupciones son los menos afectados”, agregó.
En ese contexto, el organismo multilateral espera mayor requerimiento de financiamiento por parte de los países que lo integran. “Dadas las repercusiones de la guerra en Oriente Medio, prevemos que la demanda a corto plazo de apoyo del FMI para la balanza de pagos aumentará hasta situarse entre US$20.000 y US$50.000 millones, prevaleciendo el límite inferior si se mantiene el alto el fuego”, calculó.
No obstante, advirtió: “La deuda pública es, en general, mucho mayor que hace 20 años —incluso en la mayoría de los países del G20—, lo que refleja el descuido generalizado de la consolidación fiscal en los periodos en que las condiciones lo permitían».
Las recomendaciones del FMI para los países en medio del shock petrolero
La directora del FMI compartió las recomendaciones del organismo para que los países naveguen en la incertidumbre y pidió a las autoridades que tengan cuidado de no empeorar la situación.
“Hago un llamamiento a todos los países para que rechacen las medidas unilaterales —controles de exportación, controles de precios, etc.— que pueden agravar la situación global: no echen leña al fuego», sostuvo Georgieva.

En esa línea, sugirió que por ahora conviene esperar y observar, mientras los bancos centrales enfatizan su compromiso con la estabilidad de precios.
“Las autoridades fiscales deberían brindar apoyo específico y temporal a los sectores vulnerables, en consonancia con sus marcos fiscales a mediano plazo”, recomendó.
Si las expectativas de inflación amenazan con desestabilizarse y generar una espiral inflacionaria, Georgieva dijo que los bancos centrales deberían intervenir con firmeza mediante una suba de la tasa de interés. “El apoyo fiscal debe seguir siendo específico y temporal. Los aumentos de tasas, por supuesto, frenarían aún más el crecimiento; así es como funcionan”, reconoció.
Finalmente, indicó que si un endurecimiento severo de las condiciones financieras afecta tanto a la oferta como a la demanda, la política monetaria debería volver a un delicado equilibrio, mientras que la política fiscal —siempre que exista margen— se orienta hacia un apoyo a la demanda bien calibrado.
