Las reservas probadas de gas natural cayeron a 3,7 TCF, confirmando una tendencia sostenida hacia la declinación. La estatal petrolera advierte que hace falta descubrimientos de nuevos pozos y cambios en la política energética
Fuente: eldeber.com.bo
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El modelo energético boliviano enfrenta uno de sus momentos más críticos en las últimas dos décadas. Aunque la caída de las reservas de gas natural no es un dato nuevo, es la primera vez que YPFB lo reconoce públicamente en una rendición de cuentas. La estatal informó que las reservas probadas se redujeron a 3,7 trillones de pies cúbicos (TCF), consolidando una tendencia descendente del principal recurso de exportación del país y advirtiendo que, sin nuevos descubrimientos, Bolivia podría importar gas desde 2031.
Caída de reservas y producción
De acuerdo con los datos difundidos por YPFB, la reducción de reservas no es reciente. En 2009 Bolivia contaba con 9,7 TCF y en 2013 alcanzó un pico de 10,1 TCF. Desde entonces, las certificaciones han mostrado una disminución sostenida hasta los actuales 3,7 TCF, lo que representa una caída superior al 60% y refleja un problema estructural vinculado a la falta de exploración.
El deterioro también se evidencia en la producción. Bolivia alcanzó su mayor nivel en 2014, con cerca de 59 millones de metros cúbicos por día (MMmcd). Desde entonces, la producción ha seguido una trayectoria descendente hasta situarse actualmente en torno a 31,6 MMmcd. Esta reducción limita la capacidad exportadora y compromete el abastecimiento interno en el mediano plazo.
Según ejecutivos de YPFB, el problema está vinculado a la escasa actividad exploratoria en la última década. Desde 2014, los esfuerzos para descubrir nuevos yacimientos han sido insuficientes para compensar la declinación natural de los campos existentes. “Se dedicaron a explotar y no a explorar”, señaló Sebastián Daroca, vicepresidente de Operaciones de la estatal petrolera.
Riesgos económicos
La advertencia más relevante de YPFB es que Bolivia podría convertirse en importador de gas en menos de una década. Este escenario implicaría mayores costos para el Estado, presión sobre las finanzas públicas y una reducción en el ingreso de divisas.
Ante este panorama, la estatal plantea la necesidad de modificar el marco regulatorio para atraer inversiones en exploración y explotación. El desafío es doble: reponer reservas en el corto y mediano plazo y evitar un deterioro mayor del sector.
A este escenario se suma un entorno internacional más competitivo, donde otros productores han incrementado su oferta y reducido el margen de Bolivia en la región.

