Por la fuente, se le pone el pecho a las balas


Roberto Méndez

Ha quedado fuera de lugar, el pedido de la fiscalía a la cadena televisiva ATB, de revelar quien fue la persona o la fuente que entregó el audio en el que la juez paceña Patricia Pacajes da detalles del caso del bebé Alexander asegurando que el principal acusado, el médico Jheiry Fernández, es inocente.

“La Red ATB hace conocer que no revelará su fuente por principios éticos y normas penales que así nos amparan. Cabe recordar que la Ley de Imprenta señala en su artículo 8 que el secreto de imprenta es inviolable”, afirmó en un comunicado.Porque por la fuente se muere o se va preso, porque se trata de un principio periodístico que permite justamente garantizar al ciudadano que acude ante lo medios de comunicación, que el periodista asume la responsabilidad de, como dirían los mexicanos, de ponerle el pecho a las balas, al difundir algún hecho.



El secreto profesional de no revelar la fuente es es similar al del sacerdote que, por características propias de su oficio religioso, recibe algún dato en una confesión, o la del abogado que no puede hundir a su propio cliente o la del médico que no puede revelar la enfermedad de su paciente.

Porque los periodistas somos los mensajeros y no el mensaje mismo, y las autoridades debieran investigar el contenido de éste.

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Porque pueden hacerlo, como por ejemplo el llamado “Caso Cuadernos” en Argentina, en el que el chofer del Ministerio de Planificación reveló los pagos que realizaron algunos empresarios argentinos al gobierno de Cristina Fernández.A pesar que los cuadernos de la corrupción inclusive habían sido destruidos, la justicia Argentina realizó la reconstrucción de los hechos, citó a los empresarios, verificó si existía el bunker donde se dejaban las fuertes sumas de dinero, y la evidencia saltó a la vista y la expresidente Argentina ha sido hallada culpable, pero no puede ir a prisión por gozar de un fuero.

En este caso, las autoridades judiciales podían proceder de la misma manera, pues quien reveló el audio es un tema secundario, porque la misma juez admitió que se trata de su voz, pero dijo que al parecer había sido dopada, situación que fue desmentida por su misma amiga.

En conclusión se condenó por 20 años a un inocente por presuntas presiones políticas y embrollos amorosos y este fin de semana, se le negó la cesación de la detención al galeno.“El secreto de la fuente es inviolable” ha dicho la red televisiva. Y tiene toda la razón, porque por vulnerar ese principio, sería atentar contra la misma esencia del servicio a la sociedad que maneja el periodismo en su concepto.

Porque se constituye en el principal elemento generador de confianza de la ciudadanía hacia el periodista, frente a los poderes políticos, económicos y sociales.

Y si recordamos, gracias a la “Garganta profunda”, una fuente anónima, cayó, en 1972, el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, de Partido Republicano, luego que dos periodistas desnudaran que había colocado micrófonos espías en la sede del Partido Demócrata.

El secreto de la fuente es una prerrogativa que se encuentra en los códigos de ética de países como Alemania, Argentina, Austria, Bolivia, Brasil, Cabo Verde, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos (California, Indiana, Minnesota, Nebraska, Nueva York), Estonia, Finlandia, Haití, Indonesia, Italia, Lituania, República de Macedonia, Malasia, Mozambique, Nigeria, Paraguay, Perú, Portugal, Uruguay, Venezuela, Yemen, Albania, Andorra, Bielorrusia, España, Estados Unidos (Alaska y Georgia), Filipinas, Jordania, Moldavia, Rusia y Suecia.Y en varios países, en innumerables veces, muchos periodistas han preferido ir a la cárcel que revelar su fuente imformativa.

Por eso en Bolivia debemos exigir que respeten nuestra Ley de Imprenta que a pesar de haber sido aprobada en 1925, mantiene esos principios vinculados con uno de los valores fundamentales del ser humano, el derecho a la libertad de expresión consagrado en los artículos 19 de la Declaración de Derechos Humanos y en el 106 y 107 de la Constitución Política del Estado de Bolivia.El autor es periodista y docente