La agrupación digiere sus peores resultados electorales en décadas entre incertezas sobre su futuro y sin un líder claro

Presidente Jair Bolsonaro. Desejo-lhe sucesso. Nosso país merece o melhor. Escrevo essa mensagem, hoje, de coração leve, com sinceridade, para que ela estimule o melhor de todos nós. Boa sorte!
— Fernando Haddad 13 (@Haddad_Fernando) 29 de octubre de 2018
Ahora se enfrentan a un mar de incertezas. Serán el partido líder en la oposición, porque se mantienen con mayoría numérica en el Congreso: aventajan en cuatro a los 52 diputados del Partido Social Liberal de Bolsonaro. Pero no está claro quién será ahora el líder del PT. Su emblemático fundador, Lula da Silva, está en la cárcel por corrupción; Haddad le sustituyó a última hora como candidato en los comicios solo porque otros barones se negaron a hacerlo.Pero mantenerse al frente del PT a medio plazo presenta otro tipo de problemas. Tendría que convencer a las muchas vertientes radicales de la agrupación, las que están enraizadas en los sindicatos y fomentan la adoración más oracular a Lula, que ven a Haddad como un catedrático blando y desconectado. Alguien a quien apoyar por la coyuntura electoral pero que si quiere liderarles ahora —y Haddad no ha dado muestras claras de ello— tendrá que demostrar más compromiso con la línea dura. De momento, el hoy excandidato fue visto el lunes retornando a su puesto como profesor de administración y gestión pública de la universidad privada Insper.Luego hay un problema aún mayor: recuperar la confianza del votante perdido. “Vamos a continuar reconectando con las bases y con los pobres”, prometió Haddad en aquel lánguido vestíbulo de hotel. Fue lo más parecido a un ejercicio de autocrítica que salió de su discurso. Muchos de sus exvotantes son ahora de Bolsonaro, sobre todo los pobres que viven a las afueras de las grandes ciudades. Ellos fueron los que mantuvieron al PT en sus inicios, y también fueron los primeros que el PT abandonó en cuanto los escándalos de corrupción, junto con su pésima gestión económica, les obligaron aliarse con otros intereses para mantener el poder.Haddad estuvo arropado en el hotel de los pesos pesados del PT. Una compañía de líderes de proyectos que, ya antes de la derrota, daban la imagen de un partido en decadencia. Estaba la expresidenta Dilma Rousseff, que tras sufrir el impeachment, en estas elecciones se había presentado candidata al Senado y había perdido. Gleisi Hoffman, la presidenta del partido que, según varios militantes, prefería no haber reemplazado a Lula por Haddad, pudiendo recurrir las sentencias que impedían al expresidente presentarse desde la cárcel. Y estaba Jilmar Tatto, quien también perdió las elecciones al Senado y quien dijo: “Vamos a continuar luchando por sacar a Lula de la cárcel, porque está preso y condenado injustamente”. Para él al menos, el futuro del PT continúa anclado en el pasado del PT.
Fuente: elpais.com
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