Honor y gloria mi capitán


José Luis Bolívar Aparicio* 

The Strongest, se enfrenta a Guabirá de Montero en una fría tarde lluviosa de febrero, el año 2009; cuando ambos equipos salen a la cancha, la ovación es enteramente para el Tigre de Achumani que recibe en su propia cancha al elenco azucarero.

Mientras los diablos rojos, tímidamente se aproximan al centro del campo de juego, por la rústica pista de polvo de ladrillo, con paso cansino y apoyado en un bastón, avanza erguido y orgulloso Luis Esteban Galarza, al compás del aplauso y vitoreo de quienes ocupan las graderías de la zona preferencial del estadio “Rafael Mendoza Castellón”.



Durante la interminable caminata, alza la mano y sonríe a la gente que lo ovaciona, seguramente recordando las innumerables jornadas en las que la afición gualdinegra le rendía pleitesía después de haberlo dado todo, cubriendo el arco estronguista.

Pero tal reacción de la fanaticada por el ex arquero no era una novedad, Lucho Galarza junto al Tano Fontana, son sin duda dos de los más mimados referentes atigrados de aquellos tiempos, lo que me sorprendía en realidad, era que, entre los presentes, más del 60% eran jóvenes que nunca lo habían visto jugar y aun así lo aclamaban como al mayor de sus ídolos.De pronto, llegó a mi memoria una declaración que el querido “Mono” Galarza hizo en vivo y directo sin mosquearse ni un poquito. Durante el segundo ciclo del programa “La Garra” que tuve el honor de dirigir en Bolivisión, allá por el año 2002, un domingo memorable, tuve el privilegio de entrevistar al guardameta símbolo del Tigre.Fue una charla amena, llena de anécdotas e historias variopintas de su paso por la institución, hasta que me tocó preguntarle sobre su travesía por la vereda del frente y cómo la asumió desde su sitial de hincha atigrado. Fue ahí cuando me paró el coche en seco y me contestó con una pregunta fulminante ¿Estás seguro que soy hincha del Tigre?La cara que habré puesto es ese momento, ha debido ser fatal y por eso el primer plano desvió hacia la sonrisa de mi entrevistado que no tuvo reparos en afirmarme que él tenía un amor especial por la divisa aurinegra y que sus mejores años, los pasó en Achumani, pero que hincha, desde su nacimiento fue de Cerro Porteño y que en Bolivia su preferencia estaba con Real Potosí, por haber sido su primer DT y por los logros conseguidos con el plantel lila.Ciertamente me quedé con la boca abierta y de alguna manera decepcionado, pero encantado con su franqueza e hidalguía, porque además, no lo confesaba ante los micrófonos de cualquier programa deportivo, sino de uno dirigido exclusivamente a los parciales de The Strongest.Hincha, esa es la palabra con la que quería identificar al gran “Mono Galarza” y me dejó en off side, pues no se trataba de un calificativo, sino de un sentimiento, al que no había alcanzado a diferencia de otros hombres que sí se identificaron con la divisa oro y negro y que nunca dudaron en declarar su preferencia por esos colores.Ramiro Vargas, Juan Farías, Luis Iriondo, Ricardo Fontana, Eliseo Ayaviri, Rolando Arteaga, Jhonny Villarroel, Sandro Coelho o Alejandro Chumacero entre muchísimos más, nunca tuvieron reparo alguno en reconocer su pasión atigrada y declarar que cuando les tocó defender sus colores, lo hicieron con algo más que sólo fútbol.Son esos jugadores los que enamoran al aficionado, aquellos que anteponen la pasión a la técnica o la calidad. Los que mojan la camiseta con sudor y orgullo, los que salen a la cancha con un cuchillo entre los dientes, los que cantan con la barra la victoria y sufren con ellos la derrota, los que no pasarían a la vereda del frente ni por todo el oro del mundo, son los que no solo besan el escudo, sino le hacen el amor; y de un tiempo a esta parte, son los que nunca van a desistir.La mañana del 6 de marzo de 2004, los titulares de la prensa deportiva paceña, abrían portada generalizada con el fichaje más importante de los últimos 10 años. En una pulseta sin parangón, la dirigencia de The Strongest se adelantó a la bolivarista y consiguió la firma de Pablo Daniel Escobar Olivetti para las próximas dos gestiones.El Tigre, venía en alzada y saliendo de un año inolvidable con un bi campeonato que terminaba una sequía de éxitos de casi una década, por lo tanto, tal llegada, era un bálsamo que sería muy bien aprovechado, terminando esa misma gestión con una Navidad (la primera) atigrada, alzando su primera copa de campeón y por esas cosas de la vida, justamente con Lucho Galarza como su técnico.Desde que se puso la camiseta a rayas verticales de oro y petróleo, el “pájaro” marcó la diferencia, su amor por la entidad se fue enraizando de a poco e hizo surcos profundos donde el romance entre su fútbol y la fanaticada germinaron los frutos más dulces que puede dar la gloria.Su primer periodo en The Strongest, tuvo aparte de aquel campeonato del 2004, un episodio supremo. Luego de vencer a Bolívar en dos clásicos clasificatorios, tocó visitar a la Liga Deportiva Universitaria de Quito y en su propia casa, sobre el gramado del Casablanca, le marcó el segundo de tres goles inolvidables, con el que doblegó al cuadro albo.Dos veces le tocó migrar, a lucir su talento fuera de nuestras fronteras, trajo su clase al Tigre justo para el centenario y nuevamente partió, todo ello preparándose para ser parte de una de las etapas más gloriosas de la historia institucional.El año 2011 fue de menos a más y con la contratación de la gente adecuada y apostando por la juventud en muchas líneas, se asentaron los cimientos del quinquenio más glorioso de nuestra historia.Un agónico empate con gol de Chumacero frente a La Paz Fútbol Club, puso a la hinchada al límite de lo soportable, pues no toleraba ver el desgano y falta de sangre en un equipo tan bien armado, pero al parecer, con tan poco amor propio.Pablo Escobar dio la talla, salió a la puerta de un garaje que hervía en furia y de frente calmó los airados reclamos prometiendo cambiar esa realidad en los próximos dos clásicos que se avecinaban y que serían el punto de quiebre para el próximo tri campeonato, desde ese mismo instante, todo fue fiesta y pasión.A partir de aquel momento, el “Capitán” se vistió de líder, se puso al equipo a cuestas y llevando de su mano a hombres como Daniel Vaca, Alejandro Chumacero, Diego Bejarano, Nelvin Solíz, Ernesto Cristaldo, Walter Veizaga y Harold Reina entre otros, lograron la triple corona que tanto orgullo otorga a la parcialidad gualdinegra.Sus arengas, su temple, su orgullo, su dignidad y su eterna forma de llevarse el mundo por delante; han dejado un sello imborrable en la retina de quienes profesamos la religión atigrada y hacemos de hombres como Escobar nuestros estandartes.Ganarle a Blooming por seis a cero, no pasa todos los días y es una alegría, pero ganarle con seis goles marcados por el Capitán, es un gusto aparte; tuve el honor de verlos, como tuve la gran dicha de gritar aquel segundo gol al Santos después de un centro medido al segundo palo, directo para la cabeza de Ramallo o los dos tantos marcados al final del encuentro al Morelia mejicano, mientras caía sobre nuestras cabezas el diluvio universal.Qué hermoso fue verlo azuzando nuestro espíritu, con esa energía tan propia de él, insuflando su pecho por lo obtenido de nuevo, cuando todo parecía estar en contra, para la cuarta copa en menos de dos años.Pero sin lugar a dudas, el premio mayor, la cúspide de su magnitud, el zénit de su carrera fue verlo convertido en Papá Noel, al medio día del 24 de diciembre del 2016, cuando tejió una fabulosa pared con el “Chumita” y clavó justo frente a la curva norte, la estocada final al equipo del frente. Ese día, dio la vuelta atlética con su hijo en brazos, a paso calmado disfrutando en cada metro de su recorrido, el eterno amor y pleitesía que le rendirá eternamente su querida hinchada, la mejor del país como él mismo la califica.Escobar, ha grabado en letras de oro su nombre entre las páginas más gloriosas de la institución y pasará a la historia junto a hombres como Rafael Mendoza o el Chupa Riveros.De nada me serviría sufrir su ausencia, más bien voy a recordar su presencia cada vez que vuelva a la cancha, dichoso de tener el honor de haber visto su primer y último partido con mi camiseta y gritar a los cuatro vientos que una vez me abracé a su cuello, para decirle lo agradecido que estoy con el cielo, de ser casi tan estronguista como él.Honor y Gloria mi Capitán… Ascienda de grado y llévenos a nuevos y más gratos triunfos de su mano…*Es paceño, stronguista y liberal

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas