Egipto: es la hora del Ejército


MILITARES Después de que los millones de egipcios que se manifestaron el viernes en todo el país en el denominado «día de la partida» no consiguieran forzar la marcha del presidente Mubarak, el sábado fue un día de relativa tranquilidad en El Cairo y las principales ciudades de Egipto.

La lucha por el poder se ha desplazado de las calles a los despachos políticos, desde donde salieron a lo largo de todo el día de ayer informaciones confusas, secretas, erróneas y contradictorias, que no consiguieron desbloquear la situación de parálisis existente: el pulso que mantienen los manifestantes pro democracia y el presidente Mubarak se encuentra en punto muerto –ayer dimitió la cúpula del partido gubernamental, incluido el hijo del presidente, llamado a suceder al «rais»–, mientras todos los actores políticos, nacionales e internacionales, maniobran en la sombra para alcanzar una solución negociada que lleve a Egipto a una transición democrática, pacífica y gradual, probablemente bajo la supervisión del Ejército.

Éste es el que controla más que nunca la situación, tanto en las trincheras como en la retaguardia: los militares están dispuestos a liderar el rumbo de la transición política y retomar el control sobre el terreno del país, que actualmente se encuentra paralizado, después de 12 días de protestas. El jefe del comando central del Ejército, Hasan al Rawani, se personó ayer en la plaza de Tahrir, en el centro de El Cairo, para dirigirse directamente a los manifestantes, que llevan ya una semana acampados allí, pidiéndoles que desalojen la plaza, que vuelvan a casa y permitan al país regresar a la normalidad. Pero ante esta súplica, los manifestantes volvieron a gritar, como lo han hecho centenares de veces desde el pasado 25 de enero: «No nos vamos, él (Mubarak) se va». Los revolucionarios de Tahrir están agotados, física y psicológicamente, pero ésta es ya una guerra de desgaste y saben que tienen que aguantar, incluso bajo la lluvia que ayer caía en El Cairo, donde siempre brilla el sol.



Los manifestantes se preparaban a última hora del sábado para resistir un hipotético asalto del Ejército contra su campamento, que cada vez más constituye un mundo aparte, donde la revolución todavía parece posible. Desde por la mañana, los militares habían ido ganando posiciones en la plaza, haciéndose con el control de los accesos, que fueron sellados con alambre de espino, desmantelaron las barricadas levantadas en los pasados días para proteger el campamento, limitando la entrada de manifestantes y periodistas.

Miles de personas tuvieron que hacer cola para poder entrar a Tahrir, bajo la lluvia e indignados ante este movimiento del Ejército, que fue interpretado por los pro democracia como hostil, rompiendo así la confianza y ese pacto tácito de no agresión que había existido hasta el momento entre los dos bandos.

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Desmantelar la plaza

A última hora de la tarde, desde la plaza de la Liberación se pedían refuerzos para fortalecer esa posición ante la posibilidad de que el Ejército intentara durante la noche desmantelar la base de los anti Mubarak, que se ha convertido en el campo de batalla de la revuelta egipcia. Tanto el Ejército como los manifestantes saben que mientras Tahrir permanezca ocupada, no se podrá avanzar en otros frentes. Tahrir es el símbolo y el poder.

La guerra de desgaste también se libra más allá de la plaza de Tahrir, en las calles y en las casas de los egipcios de a pie, que a pesar de haber sufrido las penurias del régimen de Mubarak, empiezan a querer volver a la normalidad y a maldecir a los que se encuentran en la plaza por haber interrumpido su vida cotidiana. Los manifestantes reciben presiones de sus familias y amigos, pidiéndoles que abandonen, que ya es suficiente y el país tiene que regresar a su rutina.

Las autoridades egipcias han tomado medidas para que sea así: han limitado el toque de queda a 12 horas y hoy abrirán los bancos, además de aumentar los subsidios alimentarios para evitar que se disparen aún más los precios de los bienes básicos –uno de los motivos de la protesta– y que se produzca desabastecimiento.

Piden que se revisen las relaciones con Israel

Israel mira con temor a la revolución egipcia y la revolución también mira hacia Israel. Después de que ayer se produjera una explosión en una gaseoducto que va desde Egipto a Jordania e Israel, y cuya causa todavía no está clara, los manifestantes en la plaza de Tahrir pidieron la revisión de las relaciones con Israel, que consideran «injustas» y «de sometimiento», aunque afirman que un cambio de régimen no supondría el fin del tratado de paz con este país, con el que Mubarak ha sido acusado de «colaboracionista» y de venderle el gas por debajo del precio de mercado.

Doce días de resistencia

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Un tiroteo en la cárcel de Abu Zabal deja 50 muertos. Cierran la cadena Al Yazira

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1 DE FEBRERO

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3 DE FEBRERO

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La Razón – España