¿Es EMAPA el problema?


Pablo Javier Deheza

DEHEZA_thumb Es un absurdo reducir la gravedad de la situación de escasez y la falta de gestión económica en nuestro país a la pésima labor realizada por EMAPA. Una empresa estatal incapaz de incidir realmente en el abastecimiento de unos pocos bienes de la canasta familiar ni remotamente es el cuello de botella de la problemática existente.

Hoy los mercados estarán cerrados, habrá bloqueos y gremialistas y vecinos saldrán por las calles a marchar. La demanda central de todas estas movilizaciones es el cierre de EMAPA, empresa a la que sindican de ser la responsable de las carencias diarias y de realizar competencia desleal con los comercializadores tradicionales.



¿En verdad esto es así? Sí, pero es una parte demasiado menor. El verdadero problema es la incomprensión del gobierno en lo que hace al manejo de la economía y a las reglas más elementales del mercado. La actual situación de escasez no obedece sino a una lamentable intervención del gobierno en la economía que ha desbalanceado las relaciones de precios derivando en desajustes estructurales en la producción.

¿Cuál es el incentivo para producir algo? La expectativa de ganancia, algo que está en directa relación con el precio. En la medida en que el gobierno, por conveniencia política cortoplacista, ha intervenido para establecer precios bajos ha matado el incentivo natural para la producción. Si a eso le sumamos una política cambiaria claramente atentatoria contra el sector exportador, confrontaciones insensatas con el empresariado, atentados contra la seguridad jurídica de los inversionistas y gasolinazos que van y vienen, no se podía esperar otra cosa que el actual descalabro. Un desastre del que apenas estamos viviendo el comienzo toda vez que el principal protagonista, el gobierno, no da señales de haber aprendido las debidas lecciones.

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Para muestra un botón: el discurso de Álvaro García Linera el 22 de enero. En esa ocasión el segundo mandatario comprobó que efectivamente de sociología sabe: es un excelente sociólogo. Pero de economía entiende lo que un pingüino de enología: es un pésimo economista. Demasiada cháchara para decir que nada sabe y esperanzarse en convertir sus delirios lingüísticos en realidades económicas. ¿Significa algo para la producción que él arme un falso debate sobre formas y categorías del capitalismo cuando el problema está en actos atentatorios contra sectores concretos de la economía?

¿Hay un rumbo claro para la economía en este país? No, no lo hay y eso está metiendo en problemas políticos al oficialismo. Y aquí entramos en una jodida espiral descendente. Por cálculo político se da una intervención del gobierno en la economía y cuyos resultados le acaban complicando su situación política. Entonces, en lugar de tomar las medidas económicas adecuadas pero duras, nuevamente por cálculo político el gobierno no lo hace y esto termina hundiendo más la economía y debilitándolo políticamente. Se cierra así un círculo vicioso inverosímil sino en nuestro país.

En esas vueltas y vueltas irresolutas entre necesidad de soluciones económicas concretas y consideraciones políticas de conveniencia este país nuestro se va, girando y girando, por el divino caño que hay detrás del inodoro.

¿Es entonces EMAPA el problema? Qué va. Como dice el dicho alemán: qué sentido tiene correr cuando se está en la carretera equivocada. O, como lo dijo Bill, it’s the economy, stupid. The whole economy.