El bebé australiano Jamie Ogg es hoy por hoy un sinónimo de milagro en su país. Nació a los siete meses de gestación. El equipo médico que asistió su parto lo dio por fallecido y lo han entregado a su madre para el último adiós. Dos horas más tarde, mientras aún recibía las caricias de su mamá, el pequeño Jamie comenzó a dar señales de vida resucitando de la muerte certificada. Esta historia emocionante la han vivido los padres Kate y David Ogg, muy creyentes, que ahora dan gracias a Dios por la vida de su hijo.
Fuente: América.
[vid url=http://cd1.eju.tv/videos4/E1102100704.mp4]