Alerta roja en La Paz


Impotencia: La tierra se quiebra en pedazos y la gente sólo consigue huir salvando su vida. 250 viviendas se desplomaron y 5.000 personas quedaron en la calle.

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Varias familias recorren la agrietada avenida Max Fernández de Kupini II cargadas de enseres



Alerta roja en distritos 16 y 17 por un megadeslizamiento

Derrumbe. 250 viviendas se desplomaron y 5.000 personas quedaron en la calle. Los deslizamientos se llevaron hasta la maquinaria municipal. En el país hay 11.975 damnificados por las inundaciones y derrumbes.

Los distritos 16 y 17 del macrodistrito San Antonio, localizados al este de la ciudad de La Paz, fueron declarados en alerta roja, el máximo nivel de emergencia, como efecto del megadeslizamiento que afecta a unas 100 hectáreas donde estaban construidas 800 viviendas en las que habitaban cerca de 4.000 personas.

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En medio del drama humano desatado en la mañana del sábado 26, el jefe de la comuna, Luis Revilla, llamó de urgencia al personal encargado de las tareas de rescate y ordenó el desplazamiento de maquinaria a la zona del desastre.

La pendiente de una montaña donde estaba asentada la zona de Kupini II se vino abajo, lenta y dramáticamente, en las últimas 48 horas, y las enormes grietas dibujadas sobre el asfalto y las calles empedradas crearon una fantasmal imagen que más parece producto de un terremoto que de un deslizamiento de tierra.

CAÍDA SÚBITA. Muchas familias habían intentado salvar sus pertenencias, y hasta consiguieron que camiones de alto tonelaje de la Alcaldía y particulares ingresaran hasta el lugar, pero la montaña caprichosa se estremeció, se quebró en pedazos y muchos vehículos y equipo pesado quedaron atrapados en medio de las calles fracturadas.

Miles de personas permanecían con la pregunta en los labios de por qué sucedió este derrumbe. La Alcaldía atribuyó lo sucedido a una falla geológica de tres décadas de antigüedad.

Mientras la racionalidad obligó a los moradores de la zona a abandonar el lugar, las mascotas no comprendían lo que sucedía y se aferraban al terreno donde vivieron, y aunque el piso se hundía y caía a pedazos, sus ladridos trataban de ahuyentar a los extraños.

La magnitud y extensión de la zona de emergencia es tal, que ninguna ayuda fue suficiente. El personal de Bomberos, del Ejército y del propio municipio fue insuficiente para dar apoyo a la gente que, desesperada, trataba de salvar algo de ropa, alguna frazada y, con un poco de fortuna, algún mueble.

En pocas horas, su vida cambió. De viviendas incrustadas en la montaña, su mundo se cobijó en las carpas de seis campamentos improvisados por el municipio y la Dirección de Defensa Civil, bajo la lona de incertidumbre sobre su futuro.

La consecuencia inmediata para 41 zonas localizadas al sur de la ciudad es el corte de agua, porque la tubería principal que atraviesa la zona del deslizamiento está a punto de colapsar en varios tramos.

Comienza campaña solidaria para recolectar alimentos

image Ayuda: el apoyo de varias instituciones fue insuficiente por la magnitud del desastre y el número de personas damnificadas

Las instalaciones de la Biblioteca Municipal, localizada en la plaza del Estudiante, fueron habilitadas por la Alcaldía como el centro de recepción de donativos para beneficiar a los damnificados de los distritos 16 y 17 del macrodistrito San Antonio.

Los primeros donativos recibidos por personal de la Alcaldía incluyen bolsas de fideo, ropa de adultos, niños y niñas, además de calzados para las personas que lo perdieron todo.

El alcalde de La Paz, Luis Revilla, expresó que la tarea prioritaria es ofrecer alimentación a las personas cobijadas en los campamentos instalados en las proximidades de la zona afectada.

La responsable de los donativos, Silvia Zabalaga, explicó que las puertas de la Biblioteca Municipal estarán abiertas desde las 8 de la mañana a las 22 horas, de manera continuada, para facilitar la recepción de la ayuda.

“Requerimos alimentos secos, como arroz, fideos, azúcar, conservas y enlatados. Estos víveres permitirán preparar las principales comidas para las personas que se quedaron sin nada”, explicó.

El personal de la Oficialía de Desarrollo Humano clasifica los productos y la ropa que depositan las personas interesadas en cooperar.

Para destacar

Magnitud. Unas 100 hectáreas de Kupini II se deslizaron desde el pasado sábado.

Viviendas. Los datos iniciales informan de la destrucción de 800 viviendas.

Damnificados. Unas 4.000 personas quedaron en la calle y ahora viven en un campamento.

Las zonas afectadas. Valle de las Flores, Prolongación Kupini II y Santa Rosa de Callapa.

Desastre. A las anteriores se suman Las Flores Sector B, Santa Rosa de Azata y Pampahasi Bajo.

Emergencia. Incluye a otros barrios, como Sector Cervecería, Metropolitana y Las Dalias.

Franz Reynaldo Chávez T.

Desesperación y frustración se apoderan de los afectados

Damnificados: Niños, jóvenes, adultos y ancianos buscan recuperar sus enseres.

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Vecinos de la zona Valle de las Flores sacan sus enseres saltando las grietas en lo que fue una avenida asfaltada

“ ¡Ayúdennos. Quiero ir a mi casa. No ve que se está cayendo. Tengo que ir a recoger mis cosas…!”, gritaba desesperado don Pedro Quispe, uno de los vecinos que tenían su vivienda en la calle Kiswaras del Valle de las Flores, y exigía al chofer de una camioneta de la Unidad de Emergencias de la Alcaldía paceña que ingrese en el sector deslizado.

Debido a ello, varios vecinos rodearon al vehículo e insistieron tanto que el conductor accedió al pedido y bajó desde Pampahasi.

Como él, las más de 5.000 personas damnificadas de las zonas afectadas no paraban ni un instante en recoger sus enseres y muebles.

En todos los sectores se observaba a niños, jóvenes, adultos y ancianos, quienes recorrían desesperados las vías que cortaban el acceso a otras zonas y entre sus manos cargaban lo que podían: ropas, alimentos y artefactos, mientras las grietas del suelo se abrían.

ZONAS. Ese panorama se vivía en el Valle de las Flores, Prolongación Kupini II, Santa Rosa de Callapa, Valle de las Flores Sector B, Santa Rosa de Azata, Pampahasi Bajo Central y Las Dalias, una zona que en 2009 perdió unas 50 viviendas producto de las lluvias.

Sin embargo, en Santa Rosa de Callapa, el sufrimiento fue mayor porque algunos vecinos, como doña Petronila Peralta, estaban desconsolados, tras perder todo lo que construyeron durante más de 30 años.

“He perdido todo, mi casa se derrumbó a las ocho de la mañana y antes ser aplastados, salimos con mis hijos escapando de mi hogar. Ahora no tengo nada”, decía impotente Petronila.

VIGILIA. Debido a las declaraciones del alcalde Luis Revilla, en las que aseguró que el sector Cervecería y Metropolitana también están en riesgo, los pobladores convocaron a una reunión para evaluar la situación.

El presidente de la Junta de Vecinos de la zona Metropolitana, Ricardo Plata, informó que “debido a la negligencia de algunos vecinos (del barrio Cervecería) estamos en vigilia y en riesgo, porque de ese sector chorrea agua y pasa por el cerro”.

Sin embargo, sostuvo que los vecinos no dejarán que los trabajadores ediles acudan para evaluar la zona, “porque no queremos que ocurra otra tragedia”.

Por su parte, la presidenta de la Junta de Vecinos de la zona Cervecería, Rosario Garnica, indicó que en ese sector no hay ningún daño. Aunque este medio constató que el suelo tiene rajaduras.

Piden ropa, frazadas y carpas

“Por favor, necesitamos ropa, camas y carpas. No tenemos nada, estamos en la calle”, exclamó Domitila Mamani, quien en otrora tenía una vivienda en Santa Rosa de Callapa, pero ahora sólo se refugia en un toldo hecho de nailon, en la esquina de la calle 2 de Irpavi II.

Como Domitila, cientos de damnificados esperan la colaboración de vecinos, organizaciones y Gobierno nacional para vestirse y alimentarse.

Y pese a que algunos vecinos de la zona Irpavi II brindaron ayuda a los afectados, llevándoles café y pan, faltó para muchas personas.

Un informe edil indica que los paceños ya hicieron llegar su donación a la Biblioteca Municipal, pero aún falta. Las donaciones se reciben desde las 08.00 hasta las 22.00.

Verónica Zapana

Callapa se cae a pedazos y la gente clama por ayuda

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Desastre: decenas de personas bajaron por la avenida principal de Callapa cargando sus pertenencias, ayer

Hormigas: Desde las 4 de la mañana, los vecinos evacuaron las cerca a 400 casas.

A las tres de la mañana de ayer, un ruido debajo de la tierra despertó a los vecinos de Callapa, quienes, impotentes, vieron caer sus viviendas en pedazos por las grietas que se abrieron en el suelo y por el deslizamiento que provocaron las lluvias del fin de semana.

Presas del llanto, decenas de mujeres comenzaron a salir a las calles y avenidas de esta zona, ubicada en unas de las laderas del sur de la sede de Gobierno, que después de cerca de cincuenta años volvió a ser víctima de las inclemencias climatológicas.

Una a una se abrieron las puertas de las aproximadamente 400 viviendas, y los vecinos, en un trabajo similar al de las hormigas, empezaron a evacuar sus hogares cargando sus enseres domésticos con rumbo a la plaza principal del barrio, que se convirtió en un campo de concentración de refrigeradores, lavadoras, catres, puertas y ventanas.

“Vivo aquí hace 45 años y nunca habíamos visto abrirse la tierra como ahora”, afirmó Ricardo Machicado, mientras cargaba en su espalda un ropero de dos cuerpos.

Puente destruido. Debido a la caída del puente, ingreso principal al barrio, la gente decidió peregrinar cuesta abajo llevando consigo todas sus pertenencias, ya en carretilla, bicicletas o a lomo de burro, durante todo el día.

Adolfo Machaca, vecino de la zona, afirmó que “recién he adquirido el terreno y mi construcción era de un piso, se ha caído todo. He perdido todo”, lamentó mientras levantaba una pieza de ladrillo en la calle Cochabamba.

Lento rescate. A medida que avanzaba el tiempo, los trabajos de rescate se hacían lentos y las casas seguían cayendo una a una como piezas de dominó. “Queremos camiones para llevar nuestras cosas, no hay ni carpas, y muchos han perdido cosas”, afirmó otro damnificado que demoró ocho horas en rescatar sus pertenencias para luego ver caer al piso (la casa) el esfuerzo de más de diez años de trabajo.

Metros más arriba, efectivos de la Policía y del Ejército ayudaban a vaciar las casas, que quedaron desoladas y agrietadas.

Entre tanto, la gente que buscaba terreno seco pasaba por el malogrado puente Callapa, otrora el punto de conexión entre las zonas Sur, Pampahasi y Kupini de La Paz.

Quemaron sus colchones

Un grupo de personas, desesperadas por las intensas lluvias que dañaron su único patrimonio de 30 años de vida, su casa, encendieron ayer hogueras con colchones viejos de esponja, algodón y paja para ahuyentar los nubarrones negros que eclipsaban el cielo de Callapa.

“Esperamos que ya no llueva más, se ha prendido una fogata para que el viento arrastre a las nubes negras lejos de nuestra zona”, explicó Juan Condori, mientras encendía el fuego y ayudaba a su tía a cambiarse de casa.

El fuego de la pequeña hoguera desprendía un vapor blanco que en criterio de algunos comunarios era símbolo de paz entre lo terrenal y lo celestial.

“Hemos prendido fuego para ahuyentar a los malos espíritus”, dijo por su parte un comunario que arreaba seis cabezas de ganado hacia un lugar seco.

Otro de los vecinos de la zona afectada que llegó hasta la hoguera, manifestó su preocupación porque, debido a la evacuación, las viviendas “bajaron su valor catastral hasta en un sesenta por ciento de su costo original”.

“Ahora nadie quiere comprar nuestras casas; hasta hace un mes se vendían los terrenos en 40 y 50 dólares el metro cuadrado”. Dijo que por ello encendieron hogueras no sólo cerca de la plaza principal, sino en otros puntos de la zona, para evitar que sus casas continúen perdiendo su valor. “Con estos artificios vamos a ahuyentar al espíritu de la lluvia”, sentenció.

¡Lo perdimos todo!

Varias familias recorren la agrietada avenida Max Fernández de Kupini II cargadas de enseres

Las frases

"“En esta casa vivíamos cinco familias. Yo vivía en anticrético, lo tomé a comienzos de año, pero ahora no sé dónde vamos a ir con mis hijos. No tenemos ni un destino”.

Carlos Chalco

“Esta mañana comenzó a rajarse mi casa y hasta ahora (13.30) ya se cayó. No tengo nada. Ahora nos dijeron los de la Alcaldía que ya no hay ni carpas. ¡Qué voy a hacer!”.

Antonia Quispe

“Ayer (sábado) salimos a las cinco de la tarde, volvimos a las diez (de la noche) y ya no encontramos nada, toda mi casa se había derrumbado. Perdí todo, mi televisión, refrigerador y otras cosas”.

Raymunda Capajeño

“Viví aquí treinta años junto a mi familia. Anoche sentí que ya había movimiento, pero cuando pregunté a los de la Alcaldía, no nos dijeron nada. Ahora estamos en la calle”.

Patricia Quispe

“No tengo casa, me salí de ella. Un ruido nos alarmó y por eso dejamos todas nuestras pertenencias. He sacado sólo mi ropa, el colchón y una cocina. No sabemos qué pasará esta noche (por ayer)”.

María Quispe

“Todo lo hemos perdido, no hemos sacado nada, yo vivo con cinco familias en mi casa. No sabemos dónde vamos a ir. Mi casa cuesta más de treinta mil dólares. Ahora mi vivienda está tapada”.

Olga Mamani

“No tengo ni una pollera, nada. Tampoco estamos en una carpa y nadie nos quiere ayudar. ¿Qué vamos a hacer? No tenemos ni ropita para mis nietos. Todo está perdido”.

Ilsa Huanca

“Saqué dinero de un banco para construir mi casa, pero se rajó. Un oficial de Policía apenas pudo sacar las prendas. No nos ayudan con nada, he perdido mi casa y no sabemos a dónde ir”.

Teodora Felipa Quispe

5.000 damnificados luchan contra los escombros y el lodo

Unas 5.000 personas damnificadas luchan contra los escombros y el lodo para recuperar algo de sus pertenencias.

image Colaboración: Los afectados piden la ayuda de las personas para sacar sus pertenencias de sus casas.

image Un joven salta por las grietas; a su espalda, un vehículo se hunde

image El suelo del barrio de Kupini partiéndose en pedazos

“No importa que mis pies se llenen de barro, la cuestión es rescatar mis cosas”, comentó una de las vecinas de la zona de Kupini, quien cargando un televisor caminaba sobre los charcos de agua y el lodo para llegar hasta la avenida principal del sector, donde la esperaba un vehículo para transportar sus enseres.

Al final de la calle había un barranco, donde hasta hace tres días estaba la cancha de la zona.

Desde allí se observaba que los pobladores del sector de Kupini II buscaban entre los escombros lo que quedaba de sus bienes y muebles.

AYUDA. A pesar de que algunos afectados tenían a familiares colaborándoles, además de guardias municipales, bomberos, policías, cadetes y soldados, pedían el auxilio de un mayor número de personas.

“Somos muchos los damnificados. Pido a la gente que venga a ayudar a sacar nuestras pertenencias”, dijo una vecina con lágrimas.