Una interpretación masista de la Ilíada


Álvaro Riveros Tejada

riveros_thumb En la mitología griega, bellamente descrita por el poeta y rapsoda griego Homero, era frecuente leer sobre las rencillas suscitadas entre deidades, por causa de algunos humanos que eran sus descendientes en la tierra, tal el caso de Cronos, Aquiles, Eneas, Ulises y otros protagonistas de esas épicas historias.

Adaptando ese mitológico panteísmo a nuestra realidad actual y asumiendo que S.E. es hijo de la diosa Pachamama; desde el principio de su reinado, celebrado en el templo de Kalasasaya en Tiawuanaku, no ha dejado de hostigar a los seguidores de otros dioses como: judíos, cristianos, y otros, desatando su furia y su venganza materializada en una perenne zozobra que se cierne sobre su mandato.



Con vocación de tractorista arremetió contra los judíos, comprándose sin motivo la causa iraní, en abierta contravención a ese mandato de Moisés en el Deuteronomio que dice: “malditos aquellos que se apartan del camino señalado, para ir detrás de dioses extraños que jamás han conocido”… Luego vapuleó a los cristianos, en la persona de su príncipe de la iglesia, el cardenal Terrazas y otro monseñor que se atrevió a hablar mal de la hoja sagrada, a quienes les asestó variados rodillazos en sus partes nobles, por el solo hecho de revelar que en el Chapare existe el narcotráfico, causante de funestos estragos en la niñez y la juventud de nuestro país, aseveración que no estaba lejana de la verdad, si vemos que hasta generales de la policía han caído en las redes de estas tenebrosas organizaciones.

Fue el turno de los norteamericanos, a quienes les profesa una marcada malquerencia, no sabemos si de motu proprio o por recomendación de sus íntimos: el morocho mico-mandante venezolano o el decrépito guerrillero cubano, que tantas maledicencias han sembrado en su corazón.

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El descomunal escándalo protagonizado por el ex jefe de lucha contra el narcotráfico Gral. René Sanabria, bautizado como “El Justiciero”, por sus dotes de limpieza y amor en el desempeño de sus funciones, fue de una magnitud superior a un sismo de 8 grados en la escala de Richter y lo suficientemente devastador como para hacer caer hasta el régimen autoritario más embraguetado. Sin embargo, la diosa Gea o Pachamama en aimara, para contrarrestar dicha calamidad desató un sismo mayor en la zona sur de La Paz, que dejó sin techo a más de 6000 personas pero, eso sí, hizo casi olvidar los efectos del primero. Entonces nos preguntamos: ¿Por qué nuestro héroe tendría que salir ileso de estos males, si es él mismo el que los provoca?

Estos fenómenos que el ministro del área y el Zar antidrogas atribuyeron a la mala suerte o al kencherío (también en aimara) nosotros creemos que más bien son atribuibles a una versión masista de La Ilíada.