Carlos Mesa en la historia


Mauricio Ochoa Urioste Muchos bolivianos se ven engatusados –y admito que yo mismo lo he sido– por los discursos del expresidente Carlos Mesa Gisbert. Sin embargo, ¿cuánto de cierto hay en el imaginario colectivo que Mesa pretende construir?Mesa afirmó que lo de Sánchez de Lozada fue un error, pero nada dice en relación a la falsa nacionalización de hidrocarburos – que no se adecuó al Código de Comercio en el momento de su constitución – ni al hecho de que en los tiempos de la DEA, la producción de hoja de coca excedentaria era muy inferior al actual. Por el contrario, defiende a capa y espada la así llamada nacionalización de hidrocarburos, olvida que durante la década de 1990 se suscribió el contrato GSA con Brasil que amamanta la economía nacional, y promueve un “debate” sobre la legalización de las drogas, hecho que según él reviste notoria importancia en la región latinoamericana.Retrocediendo en el tiempo encontramos que Mesa fue quien propulsó la Asamblea Constituyente por la cual se defenestró la República de Bolivia y sus principios rectores, aunó esfuerzos para una sucesión presidencial en favor de Rodríguez Veltzé –actual funcionario de gobierno– y propició con todo lo anterior la asunción de Evo Morales Ayma. A juzgar por lo actual, Mesa intenta borrar este pasado y “reescribir” su propia historia, sin considerar las causales que llevaron a Morales Ayma al poder.Atendiendo estas circunstancias, conviene también considerar el hecho que Mesa fue vocero presidencial de la demanda marítima, y aliado al Frente Revolucionario de Izquierda conformó luego un partido político “catch all”, que pretende captar votos sin consideración de la ideología política clara, lo que es signo de un escalofriante populismo.En el centro de la discordia se encuentra una denuncia penal contra el escritor y periodista Emilio Martínez, que a mi juicio, y más allá de cualquier análisis jurídico en profundidad, es un signo de la dureza con la que pretende gobernar –¿o cogobernar?-. Una mala señal, en efecto, cuando las libertades fundamentales en el país han sido conculcadas notablemente desde el entierro de la democracia sucedido el año 2009, con la aprobación de una Constitución igualmente fraudulenta y manchada de sangre.En suma, Mesa y Morales Ayma son y han sido los polos de un mismo alfiler. Los grupos de interés económico que rodean esta relación son harto oscuros, y lo peor, la vivencia de una pantomima electoral es clara y contundente. En efecto, en el punto más alto de demanda por el 21F, Mesa desinfló las aspiraciones de elecciones justas, auténticas y libres. Y es que no se trata de meras casualidades. Como afirmé, son grupos de interés económico los que guían la política, sea cualquiera el signo a lo largo de la historia de la humanidad.