Gobernar obedeciendo… a Brasil


FORTUNA Habría sido más fácil ponerse de acuerdo desde un inicio con los pueblos indígenas que habitan el Parque Nacional Isiboro Sécure y ahorrarse tanto la reprimenda internacional como el “reculazo” interno. Pero no.

Fiel a su estilo, el régimen cocalero tenía que apostar a la soberbia, impulsando la construcción “pese a quien pese” del tramo carretero Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, suerte de bisturí ambiental que cortaría en dos el corazón de biodiversidad del TIPNIS.

Ante el conflicto en ciernes, que amenaza con instalar en el país la dicotomía indígenas versus cocaleros, tuvo que darse la intervención del gobierno del Brasil, financiador del proyecto, para “sacarle las castañas del fuego” a la administración evista.



En la jornada, el embajador Marcel Fortuna Biato (en la foto, con el presidente Morales) informó que el Banco Nacional brasileño no desembolsará los recursos comprometidos para la obra de infraestructura, mientras el gobierno boliviano no solucione el conflicto.

El diplomático agregó que el desarrollo vial debe llevarse a cabo “respetando los derechos de las minorías” y mediante “un debate inteligente, racional y políticamente coherente”.

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La reacción inmediata del régimen fue la desaparición de los principales voceros del tema -presidente de los sindicatos cocaleros, vice Qananchiri, flamante ministro de la presidencia Romero- y la salida a la palestra de una funcionaria de bajo perfil, la ministra de planificación Viviana Caro, para tantear un cambio de discurso: ahora resulta que no estaría definido el tramo II de la carretera por el TIPNIS.

A fuerza de autoritarismo fallido, estamos ante el gobierno de los “reculazos”, que primero intenta imponer medidas sin concertación previa (llámese gasolinazo, ley del transporte o carretera amazónica) para luego retroceder cuando las protestas amenazan con transformarse en serias amenazas para la permanencia de la burocracia oficialista.

¿No sería más fácil dialogar antes de tomar las medidas?

Suena lógico. Pero para eso haría falta un gobierno con auténtico talante democrático…

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