¡Patria o Muerte! Abajo los pantalones


Carlos Tiburcio

TIBURCIO Por donde se aborde el tema, creo que el asunto en cuestión, es por demás quisquilloso. Años atrás, antes de que este gobierno asumiera el mando del Estado boliviano, hablar o escribir sobre el ejército, no significaba problema, ya que no implicaba ningún riesgo, aun así, asumo el riesgo con tal de mantener lúcida las mentes de los jóvenes y no dejar que la mentira venza a la verdad. Me pregunto, Qué sería si en nuestros días viviera el escritor Alcides Arguedas que escribió sobre los militares en su obra “Pueblo Enfermo”: “…El Colegio Militar en Bolivia siempre ha sido una especie de casa de corrección, pues todos los fracasados en el colegio y en la universidad, quienes manifiestan tendencias al vicio, a la pereza o que en sus casas constituyen un peligro, son dirigidos al Colegio Militar…”. ¿Qué le hubiera pasado?

Históricamente los militares bolivianos se quejaron del trato que recibían de los gobiernos de turno y sostuvieron siempre la versión de que les faltaba todo. Vivian en una situación, que supuestamente los ponía en desventaja respecto al resto de la sociedad. Es cierto que la tropa sufría limitaciones de todo tipo, pero, no deja de ser cierto también que, la cúpula castrense se acomodaba y era la que, a nombre de todos los militares aprovechaban y disfrutaban las bondades de los gobernantes, y en consecuencia, a medida que pasaban los gobiernos, el reclamo se repetía una y otra vez, siempre con la misma intención, la de llorar para después recibir la mamadera con la leche, que era recibida por los jefes y no por todos.



Este gobierno ha tenido la habilidad de llegar con ciertas concesiones a todo el personal del ejército. Desde el soldado hasta el general han sido, en cierta forma beneficiados con algo. Lo que más marca la diferencia entre el gobierno de Morales y los anteriores, es el hecho innegable de que la mayoría de las personas que se alistan en filas del ejército son de origen indígena y se identifican con el presidente. Esa gente, es la que forma el grueso de la milicia, motivo por el cual, se dice que los generales no reaccionaron al principio de gestión de este gobierno, temerosos de que las bases no respondan una orden que vaya contra el presidente Morales, y es que, si los jefes militares hubiesen ordenado en ese sentido a sus subalternos, éstos, no hubieran obedecido dicha orden.

Al parecer la intención de los generales era cierta y el presidente, a poco tiempo de estar ejerciendo el mando de la Nación, cambió a los Comandantes. Morales hizo que tres promociones, todos, militares en la última fase de sus carreras a un paso de ostentar los mejores cargos y ascender al máximo grado dentro de la institución, pasen de la noche a la mañana, sin más, al servicio pasivo. Esta acción logra supuestamente desbaratar así cualquier intento de rebelión dentro de las fuerzas armadas en contra del MAS. Está claro que estas iniciativas y acciones llevadas adelante por Morales fueron ejecutadas por sugerencia (injerencia) de los cubanos y los venezolanos. A estas alturas, no tengo la menor duda de ello.

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Actualmente existe una “cooperación-injerencia” de Venezuela al ejército de Bolivia avalado en un tratado firmado por los mandatarios de ambos países. Pero son los cubanos en realidad los que primero dominaron a los militares venezolanos y ahora entre los dos, venezolanos y cubanos, lo hacen con los bolivianos. Los cubanos, antes de penetrar a las fuerzas militares bolivianas lo hicieron primero con las venezolanas. Para entender mejor esta cuestión, va a continuación partes de una carta que hasta donde se sabe, los militares bolivianos, antes de ser “antiimperialistas” la conocieron. La carta es de Fidel Castro a Hugo Chávez. En ella, Castro le aconseja sobre varios aspectos, dándole formulas y mañas para solucionar problemas, crecer políticamente, afianzarse en el poder y perpetuarse en él. Utilizando los medios que Castro considera fundamentales para lograr un control total del poder, Chávez, ya demostró que el método sugerido es eficiente. Pues bien, en partes de esta misiva, se puede leer respecto a los militares “… Compra a todos los militares con ropa y equipo, todos lo que tengan comandos ponlos donde hay bastante dinero, CORRÓMPELOS para lograr fidelidad, a unos de ellos ponlos en la petrolera para que logres el control militar, en las guarniciones centrales necesitas poner a tu gente, ofrece cursos para cambiar a los indecisos de los puestos clave. Si logras de 200 a 300 militares de alto rango con comando de tropas eres indestructible, si tienes dudas de algunos ponlos a prueba, por ejemplo con un golpe simulado, ahí salen todos los traidores y todos los fieles…”. Leyendo esto es más fácil entender, por ejemplo, el insistente discurso de Morales, sobre una supuesta conspiración para matarlo; el montaje de un show en el tema de supuesto terrorismo y de acusar repetidamente a la oposición de ser los que sustentan a grupos y sectores que quieren “Tumbar al indio del poder” como dice el “gurú” de los plurinacionales.

Los milicos bolivianos, en septiembre de 2008, arremetieron contra un pueblo indefenso con premeditación, alevosía y ventaja. Me refiero a la abusiva, injusta y vergonzosa acción perpetrada por los camuflados en contra de los pandinos, que sufrieron en carne propia la furia del “militar revolucionario”, que en complicidad con los que (des)gobiernan el país, metieron bala a personas indefensas, disqué, en defensa propia y para ayudar al gobierno a sentar la presencia del Estado en este rincón patrio. Nada más alejado de la verdad, a mi criterio, un episodio ominoso de las fuerzas armadas, que la historia deberá cobrar implacable a los que mataron y humillaron en nombre de la “revolución democrática y cultural del MAS.

Siendo realistas, damos por sentado que en lo referido a las fuerzas armadas bolivianas, para el gobierno, fue mucho más fácil ejecutar lo sugerido por Fidel a Chávez, ya que aquí, la acción contó con la cooperación de los propios uniformados, haciendo más sencilla y más barata la operación de bajarles los pantalones y ponerlos al servicio del partido gobernante y no de su pueblo.