Defender la identidad desde el territorio


Marco Antonio Saavedra Mogro*

EVO TIPNIS El TIPNIS es un tema de alta sensibilidad nacional, se juegan muchas cosas para todos, pero sobre todo para la supervivencia de los pueblos indígenas de las tierras bajas. Y es que hoy entra en debate un algo más de la cultura que llegó a instituir un nuevo orden negador del orden instituido por la naturaleza (Levi Strauss, 1956); ese algo más no es simbólico sino material, se trata del territorio.

Las fronteras territoriales no sólo delimitan la extensión de un Estado o de una comunidad, también definen una pertenencia de identidad, un adentro y un afuera cultural, y una relación de un nosotros frente a ellos. En el nuevo orden mundial, las fronteras al interior de un Estado definen qué derechos tiene un ciudadano y los derechos que no tiene levantan muros, edifican barreras imaginarias; territorio y Estado nacional establecen exclusiones y controles represivos para el ajeno, para el migrante. Las fronteras no solamente tienen un rol positivo en defensa de una identidad nacional idealmente construida, también producen su contrario negando al otro distinto, separándolo y discriminándolo (Kymlicka, 2006), haciendo más desigual de lo que ya es al que migra, lo que profundiza la xenofobia y el luto étnico.



Históricamente, las luchas por el territorio demuestran que éste nunca fue fijo y más bien la modificación, la expansión y el cercenamiento de las fronteras dependieron de guerras e invasiones, del carácter imperial con el que se anexaron territorios los vencedores en contra de los vencidos, y -claro- este procedimiento violento (tratados de por medio) terminó incluyendo dentro de un determinado territorio una diversidad de agrupaciones étnicas y culturales; muchas de ellas sin quererlo se vieron envueltas en realidades nuevas y en regímenes jurídicos y lingüísticos no deseados (Kymlicka, 2006); no cabe duda de que las fronteras fueron trazadas “por medios que hoy en día consideramos ilegítimos: invasiones, anexiones, colonización, compra ilegal de territorio” (Anderson, 1996).

Volviendo al tema del TIPNIS, esta marcha ha desatado apoyos masivos de la sociedad civil, pero también rechazos desde el Gobierno y de las organizaciones sociales afines al MAS, cuyo resultado son la formación de agendas públicas divididas y de nuevas estructuras de división que pasan por: a) la constatación de que el territorio no sólo define quién pertenece a una comunidad y quién no, determina también quién puede usurpar y quién puede invadir, b) la protección del territorio como una forma de defender la identidad de los pueblos indígenas contra una especie de imperialismo andino, que se expresa en el expansionismo de los cocaleros, c) la contradicción entre la continuación del viejo desarrollismo y uno nuevo expresado en el desarrollo sustentable, d) los contrapuestos intereses imperiales de las principales potencias mundiales contra los emergentes intereses geopolíticos de nuevas potencias regionales, e) la visibilización de una guerra cultural entre dos pasados, dos tradiciones culturales, la andina y la amazónica, que por buscar la asimilación podrían provocar una nueva catástrofe expresada en la fractura.

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La negociación entre la marcha indígena y el Gobierno define el curso inmediato de la coyuntura, ya que el Presidente y sus ministros buscarán neutralizar e incluso derrotar a los marchistas, pues es un hecho capital para reproducir su lógica de poder a largo plazo; está claro que el conflicto no es de gravedad gubernamental, pues se arribarán a acuerdos que terminarán arrancando concesiones al Gobierno. Llama la atención la actitud del presidente Evo Morales, quien muestra un rostro desafiante a la activación de los conflictos y sostiene: “No son nada para mí”. (16 de agosto de 2011). Además de las descalificaciones hechas a la dirigencia indígena, dicha actitud evidencia un viejo e indeseable comportamiento de mirar de arriba hacia abajo, de mostrar un sentido desproporcionado de su poder o del poder que cree tener. Pero, ¿qué está en juego en este conflicto?, ¿qué intereses permanecen todavía ocultos? Si ampliando el crédito con el Brasil podía haberse redefinido el trazo de la carretera; más allá de los buenos arreglos a los que las partes en conflicto puedan llegar, los riesgos y peligros de fondo subsisten en torno a la preservación del TIPNIS y a la presión cocalera.

De lo anterior se hace necesario anotar, primero, que la adscripción de los pueblos indígenas me parece no es con el Estado, no sé si está contra el Estado, pero sí se da una relación consustancial con su territorio y su ambiente natural, que son inherentes a su ciclo vital. Segundo, que la defensa del TIPNIS inaugura una época de luchas por generaciones que no llegaremos a conocer.

*Docente de la carrera de ciencias políticas de la UMSA

Página Siete – La Paz