¿Rehén o solidario? El incidente protagonizado hoy día por el canciller David Choquehuanca abre múltiples interrogantes, tanto sobre su rol dentro del gabinete como acerca del papel que podría jugar en futuras articulaciones políticas.
Mientras el ministro Sacha Llorenti intentó mostrar a los indígenas como secuestradores violentos, preparando el escenario para una eventual disolución de la marcha por parte de la fuerza pública, desde Yucumo surgieron versiones distintas, según las cuales Choquehuanca habría acompañado a los marchistas voluntariamente, para que pudieran atravesar el bloqueo cocalero-policial digitado desde el gobierno.
Así lo afirmó Rafael Quispe, dirigente de los indígenas del occidente (CONAMAQ), quien cita como testigos al Defensor del Pueblo, representantes de la Iglesia Católica y las Naciones Unidas, además de la prensa.
Lo cierto es que el canciller aparece hasta el momento como la única figura dentro del gobierno que trata de tender puentes con los defensores del TIPNIS, algo que debe haber activado ciertas alarmas dentro del Órgano Ejecutivo.
Si bien el canciller se ha caracterizado en el pasado por declaraciones desafortunadas, que no quedan a la zaga de las “evadas” presidenciales, también es verdad que en más de una ocasión ha adoptado posturas más razonables que las del resto del gabinete.
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Sin ir más lejos, se sabe que en los días tensos que siguieron al decreto del gasolinazo, Choquehuanca fue quien con mayor insistencia aconsejó la derogación de la medida.
De igual manera, son evidentes los esfuerzos desplegados por el canciller para recomponer la relación bilateral Bolivia-Estados Unidos, sistemáticamente torpedeados por la incendiara retórica del presidente Morales.
¿Está comenzando a pensar Choquehuanca en un rol pos-evo?