Ya son yaninadas…


YA SON YANINADAS…

Miraba las noticias con mi asiática, conversando sobre los opas que rompen la cuarentena con bloqueos.

Estábamos en eso, cuando apareció el ministro Murillo hablando del alcalde de Montero y por alguna razón me recordó a su amigo Quintana quien dijo hace años: ¡…Que en paz descanse, conviva con los gusanos…!



La asiática no estaba pa escuchar burreras y entre dientes dijo, mirando a Murillo:

– » ¿Y este viejo feo?, no fue más que se suba a un ladrillo y se volvió Melgarejo»

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

Murillo siguió hablando burreras y entonces me acordé de otro ministro que hace años estuvo en el mismo cargo.

Pero…

El otro tenía un carisma único; tipo bien parecido, locutor de radio en su momento, excelente orador e ideólogo brillante que tuvo la desgracia de ser parte de un partido corrupto como el MIR.

– «Nada que ver con Memo» -le dije a la asiática, mirando a Murillo.

– ¿Qué Memo?

– Guillermo Capobianco Ribera, el ministro que fue sacrificado para salvar a Jaime Paz Zamora, el entonces Presidente de Bolivia, un Presidente involucrado en narcotráfico, hermano de crianza del Oso Chavarria, un narco de los pesados.

– ¡Pero que grave!, ¿y cómo quedó eso? -dijo mi asiática, pelando esas rayas que llama ojos.

– «Simple. Salvaron al Presidente y Capobianco asumió la responsabilidad del escándalo. Una culpa que no era suya. El precio fue la deshonra y nunca más pudo volver a la vida política, los corruptos lo mataron civilmente.» -dije. recordando los hechos.

Se hizo un silencio triste entre nosotros, un silencio que fue interrumpido por otra torpeza de Murillo a lo cual mi asiática explotó molesta.

– ¡Ay señor!, ¡que viejo más burro!

…Entonces le brinqué, me puse sobre ella tapándole la boca.

La asiática puso su mirada apasionada esperando chuculún y cerró los ojos de manera coqueta, mientras yo me acercaba para decirle en un suave y varonil susurro:

– «No digás eso, con la nueva Ley de Jeanine nos meten presos al ratingo; si alguno de sus hinchas te escucha, nos denuncia y sonamos…»

Por respuesta, la asiática me apretó fuerte del pescuezo y me murmuró al oído en su asiático acento…

– «Muñeco…Dejá de hablar Yaninadas y apagá esa tele…»

Lo demás, no les cuento.

EL ESCRIBIDOR.


Fuente: El Escribidor