No se trata de predicciones, profecías, magias o brujerías. Es la imaginación del ser humano que han tenido el dote de la escritura y de la creatividad para plasmar en cientos de páginas lo que hoy está sucediendo en el mundo y en sus países.
Lo pensaron, lo escribieron y quedaron en la inmortalidad sus textos escritos hace 20, 30 o 100 años. No tenían en sus brillantes mentes lo que iba a pasar en los futuros próximos, sino que se animaron a escribirlo, porque algunos fantasmas o demonios rondaban sus cabezas. Virginia Wolf, decía que siempre sentía que le dictaban desde su interior algunos pasajes e ideas, que luego ella dejaría escritos en Orlando, El Faro, la Señora Daloway y otros libros de profunda provocación filosófica.
Es así que la literatura, esa que la han hecho desde Homero hasta la actualidad, para no nombrar a cientos de hombres y mujeres que con solo los manuscritos, la máquina de escribir, hoy las computadoras u ordenadores, han expresado, han pintado y nos han mostrado el mundo y el universo, con sus grandezas, miserias, logros, fracasos, demonios, guerras, matanzas, genocidios, pestes, y nos deleitaron con sus versos y prosas. ¿Qué sería la vida, sin las creaciones literarias? Un mundo aburrido y más violento.
Con matices e interpretaciones, que cada uno puede extraer después de las lecturas de sus libros y autores de preferencia, hay ciertos patrones y señales que nos delata que la realidad, esa que todos los días debemos afrontar es alimento poderoso para la creatividad humana, la misma que fue retratada en cientos de obras de ficción, y muchas veces algunos intelectuales señalaron que la ficción no siempre iba a recurrir a los hechos y a la “real realidad” para trascenderla y relatarla. Pero, sucedió y sucede lo contrario. Pero veamos algunos pasajes, que se acomodan o interpretan el momento actual que vive la humanidad.
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El escritor de ciencia ficción, Ray Bradbury, en el cuento El visitante, recopilado en el libro El hombre ilustrado,1972, nos dice: «Y tardas un año en morirte. La única cura posible era embarcarse en un cohete y desterrarse en Marte. No había cura en la Tierra, y si uno se quedaba allí, contagiaba y mataba a otros hombres. Aquí estaba, pues, sangrando continuamente, y solo».
Cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia, así suelen decir algunos autores.
Pero porqué está pasando esto de la pandemia en pleno siglo XXI, una pregunta que los científicos, gobernantes y ciudadanos se vienen haciendo. Hace 85 años, el escritor y filósofo inglés, Olaf Stapledon, en su libro Juan Raro, difundido en 1935, respondía a la pregunta: «Hace algún tiempo me hice una pregunta. La situación actual del mundo ¿es un mero accidente, una enfermedad, que podría haberse evitado o curado? ¿O es algo inherente a la naturaleza misma de tu especie? Bueno, esta es la respuesta. El Homo Sapiens es una araña que trata de escapar de una bañera. Cuánto más sube, más empinada es la pared, y tarde o temprano caerá».
Desde Rusia, los hermanos Boris y Arkadi Strugatsky, en su libro famoso libro “Picnic junto al camino”, nos alerta ya en 1972: «Y de pronto, desde la nada, surgió una oleada de desesperación que lo tragó por completo. Todo era inútil, sin sentido. Dios mío, pensó, ¡no podremos hacer nada! ¡No tenemos fuerza para combatir esta plaga! No porque trabajemos mal, ni porque ellos sean más inteligentes, sino porque así es el mundo; y así está el hombre en el mundo».
Ni se diga de la literatura de los derechos y los abusos que sufrieron los negros en Estados Unidos. Muchos autores se encargaron de denunciar, las injusticias y las agresiones que han soportado esta población.
Harper Lee, premio Pulitzer en 1961, escribió en Matar a un ruiseñor, “Hay algo en nuestro mundo que hace que los hombres pierdan la cabeza, no lograrían comportarse como personas asistidas de raciocinio ni que lo intentaran. En nuestros tribunales, siempre gana el blanco. Son desagradables, pero son las realidades de la vida”.
La lucha por los derechos de la población negra continúa y con más energía en la cuna de la democracia.
Pero, lo sucedido con Floyd, el negro que fue asesinad por policías blancos, fue antecedida por Carson McCullers, en el corazón es un cazador solitario, escrito en 1940, cuando un doctor negro es detenido, golpeado, por solo pedir una reunión con el fiscal. Esto señala la escritora: «El sheriff le golpeó en la cara, y cayó contra la pared. Dos hombres blancos lo agarraron por los brazos y lo arrastraron escaleras abajo a la planta principal. Él no se resistió.
– Eso es lo malo en este país- dijo el sheriff. Los condenados negros petulantes como él».
Y los negros en EEUU siguen siendo objetos de la violencia del racismo. Oh los libros esos poderosos aliados que nos trasladan al pasado, denuncian las atrocidades y nos llenan el espíritu.
Pero frente a este caos, este rosario de lamentaciones de contagiados y muertos, además de la desesperación de la gente, las palabras de Marcelo Quiroga Santa Cruz retumban hoy en día y conminan a las autoridades y al ciudadano a cumplir con nuestras responsabilidades: «¡Estamos dispuestos a pagar este precio! ¡Siempre estuvimos dispuestos! ¡Jamás vamos a rehuir al peligro, porque mucho más temible que ese enemigo que está buscando la manera de anularos, aun físicamente, es una conciencia culpable! ¡Y no podríamos soportarnos a nosotros mismos si no cumpliéramos nuestro deber!».
Tan pero tan necesaria e importante esa voz poderosa y ese mensaje que rompe barreras y cruza todas las fronteras del tiempo.
Tomar nota y esforzarnos para revertir la crítica situación en la que estamos envueltos.
