Cárdenas: “Fui discriminado pero no me vengué, nunca me resentí ni lloré por ello”


image Anuncia la conformación de una opción que disputará con el MAS las elecciones de diciembre.

PULSO – 15 a 21 de marzo de 2009



El ex vicepresidente de la República, Víctor Hugo Cárdenas, a quien los campesinos de Jank’jahuira arrebataron su casa y amenazan con expulsar de su comunidad de origen y de toda la provincia Omasuyos, habla de los cuestionamientos a su identidad indígena.

– Si se cumplen las amenazas de expulsarlo de Sank’jahuira usted podría ser el primer boliviano indígena exiliado de su propia comunidad. ¿Como observa eso?

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Como un acto de venganza y de represalia por pensar diferente a la propuesta del Gobierno, principalmente en lo que tuvo que ver con la campaña por el No, que yo encabecé. Esta represalia es, justamente, la respuesta política del Ejecutivo a mi rechazo a la propuesta constitucional.

De ocurrir lo que se amenaza sería una paradoja histórica, ya que un Gobierno supuestamente indígena exiliaría en su propia tierra a otro indígena, por el único delito de pensar diferente. Sería el ejemplo de una actitud autoritaria, racista, discriminatoria y nada democrática.

– ¿La persona que deja el campo deja de ser indígena simplemente porque ya no mantiene una relación frecuente con su comunidad de origen?

La identidad indígena no se pierde al trasladarse del ámbito rural al urbano. Uno lleva la identidad indígena en el campo y también en la ciudad. La mayoría de las personas de mi zona no vivimos en el campo sino en la ciudad, es una región de alta densidad demográfica en la que el terreno es cada vez más reducido.

En mi caso concreto mi padre tenía, a orillas del lago y en el cerro, surcos para cultivar, que por diversos motivos dejó. Yo, para mantener mi identidad indígena, compré de la familia Yujra, en 1980, una pequeña parte del terreno a la que después sumé otra parte adquirida de la misma familia y construí mi casa.

La identidad indígena, por tanto, no se reduce sólo a la permanencia en el área rural, traspasa espacios territoriales, espacios urbanos y otros factores.

– ¿El indígena urbano-asentado sufre una doble discriminación. No termina de ser aceptado por los mestizos de las ciudades y es rechazado por los nativos?

En mi caso, en los primeros años que llegué a la ciudad, para concluir el bachillerato, sufrí discriminación, pero se fue reduciendo con el paso del tiempo. Hoy mismo no puedo negar que sufra de discriminación, pero no me vengué, nunca me resentí ni lloré por ello, por el contrario, busqué identificar las causas para reducir esos comportamientos de discriminación y exclusión.

– La cultura indígena parecería aferrada a reivindicar no una cosmovisión, andina o lo que fuera, sino una condición: la de pobre y por lo tanto con el derecho de ser protagonista de movilizaciones e incluso de atropellos. ¿Está de acuerdo con esa percepción?

Creo que ese enfoque es propio de algunos dirigentes del MAS que no quieren ver indígenas exitosos sino pobres, analfabetos, reducidos a una condición de comportamiento violento y agresivo. Pero, en la región, habemos indígenas profesores, normalistas –egresados de normales urbanas y rurales–, policías, militares, comerciantes prósperos que incluso tienen ingresos mayores a los míos, en mi condición de profesor universitario. Eso se puede identificar cuando uno es pasante de la fiesta. Incluso mi casa –construida con una planta baja y una alta– es mucho más pequeña que la del Canciller Choquehuanca, cuya casa tiene cuatro pisos o cinco.

La visión del indígena pobre y depauperado es una visión racista y clasista que tiene el MAS sobre la realidad indígena. Mi visión es diferente, creo que el indígena no tiene por qué ser pobre o analfabeto y veo en mi comunidad mucha superación, en la vida profesional, de comerciantes, transportistas; en su propio desenvolvimiento en la ciudad. Por lo que la imagen de indígena pobre, para tipificar la región del Lago Titicaca es parte de la realidad, pero no toda.

– ¿Rompe su éxito personal y profesional, así como su heterodoxia política, el aparente deseo de las comunidades de uniformarse en la pobreza?

Yo soy producto del esfuerzo económico y humano de mis padres, quienes trabajaron para que los hijos pudiéramos avanzar y lograr éxito profesional en lo académico e incluso en lo económico. Vengo de una familia donde mi madre era agricultora y ama de casa, murió a temprana edad dejándome huérfano de 11 años; mi padre fue sanitario, profesor, laboratorista dental, tiene un título de topógrafo y se esforzó para salir adelante y me impulsó a hacer lo propio. Yo soy el resultado de ese esfuerzo. Salí bachiller, estudié ciencias de la educación en paralelo a Derecho, que después abandoné por falta de tiempo, hice postgrados en gestión pública, comunicación política y marketing electoral, inicié un doctorado en epistemología que no pude cumplir, y actualmente estoy concluyendo un doctorado en educación superior.

Es importante ver la relación entre una identidad étnica de residente en las ciudades y un esfuerzo para destacarse en el mundo académico.

Gracias a mis padres yo recibí educación bilingüe desde muy niño, a diferencia de otros estudiantes, por lo que puedo desempeñarme, con relativa soltura, en el castellano y en aymara que es mi lengua nativa.

– Usted es un protagonista indígena de la política boliviana desde hace décadas y, antes de Evo Morales, el que ha ocupado el segundo cargo público en importancia. Por lo que se escucha ahora parecería que ese ha sido su principal pecado. ¿Es tan malo que un indígena se alíe a un mestizo o blanco, considerando que eso es exactamente lo que ocurre en la actualidad con el binomio Morales-García?

El MAS y sus líderes, Evo Morales y García Linera, han construido una visión en la que los únicos indígenas buenos son los que pertenecen a ese partido y todo indígena de otro partido, otro pensamiento, otra visión, es malo.

En mi caso concreto no me perdonan haber tenido un pensamiento diferente al de ellos, haber construido el catarismo –que viene desde la década del 70– que consiste en una propuesta ideológica abierta en la que pueden caber indígenas y no indígenas, si es que estamos unidos bajo una propuesta anticolonial, democrática, intercultural, que puede construir una sociedad con capacidad de desarrollo por sí misma, es decir una sociedad que no sea dependiente y que tenga un potencial para cimentar un proyecto cultural que sea la síntesis creativa de diversas realidades culturales.

Esa agenda es la que intenta usurpar el MAS con una propuesta planteada desde el campo marxista. Ellos son sólo una variación radical, izquierdista de este proyecto.

En la visión del MAS, sólo deberían haber indígenas masistas y el acercamiento con el mundo mestizo o un pacto con una propuesta política mestiza, criolla es traición. En la visión catarista no, podemos aliarnos con cualquier persona, indígena o no, y con cualquier partido, indígena o no, que vaya hacia la construcción de una propuesta democrática intercultural, una lucha anticolonial y una lucha para disminuir los privilegios de clase que aún existen, es decir buscar una sociedad con menos desigualdad, menor injusticia y menor discriminación y, obviamente, menor corrupción.

Dentro del largo proceso de construcción de una Bolivia intercultural creo importante reivindicar la propuesta de CONDEPA, partido que introdujo a la mujer de pollera en el Parlamento. UCS, a su manera, incorporó diversos sectores sociales excluidos a la vida política y, el propio MAS, que ha abierto las puertas a la participación social y étnica. Lo que no comparto es la actitud fundacionalista, radical e ingenua de creer que todo comienza con ellos.

– Da la impresión que en Bolivia las posibilidades de un relativo equilibrio social son muy remotas. ¿Qué camino se debe seguir para, hacia el futuro, alcanzar finalmente condiciones de estabilidad y paz social?

El MAS y Evo Morales llegaron al poder y al Gobierno gracias a la anterior CPE no a la vigente. La anterior Carta Magna está construida bajo una visión que podríamos denominar como de un liberalismo social, combinada con un nacionalismo y socialismo de los años 30, 40 y 50.

De alguna forma la antigua CPE sintetiza las visiones, propuestas y proyectos expresados en la Revolución del 52. La Constitución del 67, modificada en 1994 y 2004 sintetiza el proyecto político de transformación del 52, que transfigura el país.

En todos estos procesos la lógica ha sido: primero la transformación y después el papel, con el MAS ha ocurrido el proceso inverso, primero elaboran el papel y ahora intentan transformar el país y acomodar toda la estructura a la nueva CPE. Creo que esa es una actitud autoritaria típica del proyecto bolchevique en la ex Unión Soviética.

Con esto se quiere inventar sociedad desde el Estado. El proyecto del MAS es un intento anacrónico, antihistórico de construir el llamado Estado plurinacional, que está definido en el papel, pero que difícilmente se va a poder ratificar en la realidad. No se puede construir en el siglo XXI una sociedad como la que ellos quieren; es una visión antihistórica.

El desconocimiento de la fragmentación, el enfrentamiento, típico de la Bolivia de hoy, no ha sido iniciado por el MAS, pero sí agravado y empeorado por ese discurso de confrontación, de desconocimiento de la diversidad nacional y de ausencia de una visión que incorpore a todos los sectores, indígenas y no indígenas, en un proyecto nacional.

Parecería atrevido pero, para mí, el proyecto del MAS, con lenguaje izquierdista y revolucionario, es racista, discriminador, anacrónico y antihistórico, pues desconoce los avances de la democracia en estos 26 años. Además concreta una exclusión al revés. Si en 1826 el pacto fundacional criollo excluía a los indígenas, en la actual CPE supuestamente los indígenas excluyen al resto del país; y no sólo excluye a criollos y mestizos, sino también a los indígenas, ya que el mundo indígena, identificado como sujeto social por el MAS, se queda en el campo y viene a representar lo que denominan como naciones indígena-originario-campesinas. Según el Censo de 2001 la mayoría de los indígenas vivimos en las ciudades.