Interpretaciones equívocas


Maggy TalaveraCreer que en Bolivia hay más democracia porque en los últimos seis años hemos ido a votar más veces que en la última década; o que hay menos injusticia y más inclusión de sectores históricamente marginados, porque vemos más indígenas en cargos públicos; o que las mujeres son tomadas en cuenta y valoradas en mayor dimensión que antes, porque un par de ellas presiden las dos cámaras de la Asamblea; o que el país alcanzó un mayor desarrollo económico, porque las cifras macroeconómicas son alentadoras y alimentan balances positivos, son equívocos que ya están cobrando réditos.Lo digo ahora a propósito no sólo de la elección de dos mujeres para que presidan cada una de las cámaras que conforman la Asamblea Plurinacional, sino también de los violentos sucesos registrados en Yapacaní y que, lamentablemente, “alimentaron” la lista de ciudadanos muertos por la violencia política en los seis años del Gobierno que preside Evo Morales. Percibo en ambos casos malos augurios, contracorriente de no pocas voces que encuentran en el primero motivos para aplaudir, aunque casi todos coincidan en lamentar y condenar el segundo. En el caso de la elección de las dos asambleístas oficialistas veo más una estrategia que visa a usar lo femenino como factor de neutralización de la acción contestataria de los opositores (los tradicionales y los ‘neo’ representados por los ex aliados del MAS), antes que un reconocimiento a la capacidad y a los derechos de la mujer. ¿O alguien cree que ambas asambleístas actuarán más apegadas a lo que manda la Constitución que a lo que ordenen sus dos principales jefes? Una de ellas ya demostró lo contrario en el caso TIPNIS, repitiendo el libreto presidencial sostenido en “la razón de Estado”.Ya lo advierte en un artículo de opinión Jenny Ibarnegaray: “Por tendencia general, las mujeres que acceden a esos cargos suelen sufrir una metamorfosis casi inmediata: les salen bigotes, se les engruesa la voz, comienzan a mandar obedeciendo ‘la línea’ de la organización política a la que se adscriben, y se olvidan de que alguna vez pensaron, sintieron y desearon vivir en una sociedad más justa y equitativa desde su lugar y su experiencia personal como mujeres”. Y por lo visto hasta hoy, la presidenta del Senado sí es un claro ejemplo de las que mandan obedeciendo la línea de sus “jefazos”.En el caso de Yapacaní, lo que todos vimos fue la repetición de la estrategia recurrente impuesta por la cúpula gubernamental: instrumentalización de la Justicia y de la Policía para favorecer a sus aliados incondicionales, sin reparar siquiera en las formas. Todo lo contrario: la orden parece ser actuar con premeditación y alevosía, hacer gala del uso y abuso de poder y de la violencia física, para escarmentar a quienes osen contrariar la voluntad de la cúpula gubernamental. Por eso el envío de centenares de policías, por eso las masivas detenciones arbitrarias: para provocar reacciones que justifiquen el uso de la fuerza y la imposición de esa voluntad. Ya lo vimos en Yucumo.Lo sucedido en Yapacaní es más grave que lo expuesto aquí, aunque basta para confirmar la verdadera vocación de quienes gobiernan Bolivia: autoritaria, con una tendencia a la radicalidad que no se expresa en la economía, sino en la política. Una apuesta de poder peligrosa, porque es compleja y difícil de detectar y combatir. De ahí las interpretaciones equívocas, como la de que hoy Bolivia es más democrática: ¿de qué le valió a Yapacaní votar por sus autoridades municipales, ejercer control y su derecho a revocar mandato, si por encima de leyes y urnas está la voluntad del MAS?Ya lo vimos también en otros municipios, en las gobernaciones. Lo vemos en el curso que está tomando la demanda del TIPNIS; en el contraste que muestran las actuaciones del Gobierno frente a Chapare o Yungas en materia de cultivos de coca; en el caso de los autos chutos y su legalización; en el de la ficticia nacionalización de hidrocarburos; o en el de empresarios que se adhieren al llamado “proceso de cambio” y hacen buenos negocios, a condición de olvidar su condición de sujetos políticos’Que no se engañe nadie. Estamos en manos de gobernantes que no están dispuestos a dejar el Poder, así sea por un revés en las urnas o por una convulsión social (como la de octubre de 2003). Están trabajando para ello. Por eso su giro hacia los sectores más económicamente activos, en detrimento de su inicial alianza con indígenas y clases empobrecidas. Hay quienes valoran este giro como favorable, porque creen que refleja la inclinación del Gobierno hacia una “revolución moderada”. Otro equívoco. Ya verán.Página Siete – La Paz