Lo plurinacional no llena la barriga de los indígenas bolivianos


Aniversario. A dos años de la llamada refundación de Bolivia, los indígenas de tierras bajas dicen que sus vidas no han mejorado sustancialmente. Faltan proyectos productivos.

image Pobreza. Los niños son el alma de Degüi. Los pequeños ayoréode revolotean por toda la comunidad. Las casas han mejorado mucho, pero siguen siendo muy pocas.



Pablo Ortiz, El Deber

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Desde aquí nada parece haber cambiado, pero algo cambió. A dos años del nacimiento del Estado plurinacional, Degüi sigue siendo ese canchón de 48 metros de ancho por 140 de largo donde 100 familias ayoréode se apeñuscan en casas destartaladas. Desde aquí se puede ver cómo el barro se junta en el patio en cada lluvia, cómo los viejos se reúnen en un pedacito de sombra para compartir un tereré y una pierna de urina asada a leña, mientras los niños, las decenas de niños, revolotean libres como pajaritos bulliciosos y las mujeres tejen las bolsas de lana y garabatá que venderán en el centro por unos diez pesos.

Parece que nada ha cambiado, pero algo cambió. Hace dos años no había ningún ayoreo elegido por su comunidad en algún puesto de poder. Hoy, Teresa Nonimé es diputada suplente y Subi Picanerai es asambleísta departamental. También llegaron a la Asamblea Plurinacional un guarayo, un moxeño, una guaraní, un tacana, un yuracaré, un uro-chipaya y un afroboliviano. En dos años de Estado plurinacional el rostro de la política ha cambiado con siete curules indígenas; pero ahora, una parte de esos incluidos por mandato constitucional reclama ser escuchada.

“Hemos ganado espacio político, pero perdimos independencia”, dice Pedro Nuni, diputado moxeño. Él fue una de las cabezas de la oposición al proyecto de construir una carretera por el corazón del Tipnis y ahora es el vocero de una minúscula bancada indígena en la Asamblea. Cuenta que las comunidades están divididas por la que considera una “intervención mentirosa” del presidente Evo Morales y que el nuevo Estado no ha dejado viejas prácticas coloniales: tratar de dividir el movimiento indígena o volverlo funcional a un partido, en este caso al MAS.

También hay cosas que nunca cambian. La emergencia de la brigada indígena, que llegó a la Asamblea bajo la bandera del MAS, puede hacer que los nativos pierdan su banca. “La defensa de nuestro territorio había sido algo malísimo. Nos miran como chicas y chicos malos a los que estamos con nuestras bases”, lamenta Nominé.

José Bailaba es uno de los dirigentes indígenas con más experiencia. Él ya luchó y perdió contra un Gobierno que dividió el bosque seco chiquitano para construir un gasoducto que saca el gas desde Tarija hacia San Pablo. Él ya fue diputado y constituyente elegido bajo la sigla del MAS, pero habla con decepción. Dice que en el texto final de la Constitución le quitaron la coma a “indígena, originario y campesino”, convirtiéndola en una categoría que ahora amenaza sus territorios. Bailaba ve en esta categoría sociológica inexistente (nadie es indígena, originario y campesino a la vez) la excusa perfecta para que los colonizadores entren a los territorios indígenas. “Ahora dicen que somos los nuevos latifundistas. Ya no son los agroindustriales ni los empresarios, ahora somos nosotros”, complementa Nuni.

Para él, el principal problema es que los siguen valorando por cuántos son (aproximadamente el 3% de la población) y no por quiénes son (34 de los 36 pueblos indígenas de Bolivia). “Y aunque seamos poquitos y los campesinos sean mayoría, nosotros también votamos por el presidente y aumentamos esa mayoría”, aclara Nominé.

Pero hay otros indígenas para los que todo ya cambió. Eleuterio Guzmán es un diputado yuracaré que asegura que el Estado plurinacional ha llevado colegio, hospital y coliseo a su comunidad. Dice que fundó siete pueblos, pero se quedó en el último, Betania. Hasta allí ha llegado un proyecto de cacao silvestre que en este año espera recibir ayuda de unos Bs 20 millones para su desarrollo.

Guzmán es uno de los líderes de la contramarcha del Tipnis, la que pide la construcción de la carretera y su comunidad se encuentra en la TCO yuracaré, un espacio de tierra donde los cocaleros chapareños encerraron a los yuracarés que sobrevivieron a la colonización.

A la comunidad de Benigno Quispe, diputado indígena uru chipaya, también ha llegado el progreso en forma de colegio y coliseo, pero admite que aún no hay noticias de un proyecto productivo. La infraestructura de estos lugares se construyó gracias al programa Bolivia Cambia, Evo Cumple, algo que ha beneficiado menos a los indígenas de tierras bajas, según los dirigentes.

Bailaba recuerda que en el primer Gobierno de Morales se abrió un programa para los campesinos pobres denominado ALBA-TCP, al que los indígenas chiquitanos no pudieron ingresar por falta de papeles. Tampoco se han beneficiado de viviendas por los líos legales que atraviesa el programa estatal. Sobre el Fondo Indígena dice que otorga montos muy pequeños, difíciles de recuperar y que para cantidades mayores las exigencias son tantas que es complicado cumplirlas.

Nuni habla de reformar el Fondo Indígena (una bolsa de recursos creada por el gobierno de Rodríguez Veltzé, en 2005), porque los campesinos, los colonizadores y las mujeres ‘bartolinas’ tienen mayoría de voto, por lo tanto también la mayoría de proyectos. Esto provoca que la vida en las comunidades no  mejore demasiado. “Nosotros cumplimos con el Gobierno, pero el Gobierno no cumplió con nosostros. Necesitamos proyectos productivos, necesitamos llenar las barrigas de nuestras bases”, dice Nominé.

Hay algo que los ayoréode quieren cambiar, para que todo cambie: la educación. Quieren que en Degüi haya un buen colegio para poder ir a la universidad. Pero eso no será suficiente. Solo uno de los ocho bachilleres ayoréode graduados en 2011 podrá asistir a la universidad. Los otros deberán solucionar problemas de documentación. En el Estado plurinacional, los notarios escriben mal los apellidos de los indígenas. Eso también debería cambiar.

Cambios de Estado 

Lo bueno

La constitución el Estado plurinacional ha consolidado derechos para los pueblos y naciones indígenas que antes no existían, como el de la reconstitución territorial, al autogobierno, al control de recursos naturales renovables dentro de su territorio y la consulta previa e informada para proyectos que se realicen en su jurisdicción. 

No fue la primera vez que los indígenas llegaron al Poder Legislativo, pero a partir del 22 de enero de 2010 los indígenas tuvieron un cupo de curules (siete), que garantiza que haya un representante de las etnias de Santa Cruz, Cochabamba, La Paz, Oruro, Tarija, Pando y Beni en la Asamblea. Ya no habrá congresos sin indígenas.

La dotación de tierras fiscales ya no es para propietarios individuales, sino para comunidades y pueblos que no tengan tierra o la posean de manera insuficiente. Se limita la posesión individual a 5.000 hectáreas.

Por fin se puso en marcha el Fondo Indígena, una bolsa de recursos derivado del Impuesto Directo a los Hidrocarburos creado en el Gobierno de Eduardo Rodríguez Veltzé, que está destinado a proyectos productivos y de fortalecimiento institucional de los indígenas de tierras bajas y altas, campesinos, colonizadores y mujeres campesinas.

Los indígenas y campesinos han llegado al poder Ejecutivo. Al menos tres indígenas y campesinos están en el gabinete gubernamental.

Lo Malo

Los derechos que reconoce la Constitución no están legislado por lo tanto muchos no se ejercen aún. El autogobierno no ha llegado a los territorios indígenas que deben seguir un trámite de reconversión.

Para llegar a la Asamblea Plurinacional hay que recurrir a un partido político. No se reconocen las normas y procedimientos propios de los pueblos y naciones para elegir a sus representantes.

La categoría indígena originario campesino también fue incluido en la reconversión de las tierra comunitaria de origen en territorio. Los indígenas temen que esto sea utilizado para dar entrada a los colonizadores a sus territorios.

Se está produciendo una nueva colonización del oriente, sobre todo en el norte amazónico. Desde la Cidob se lo ve como una amenaza, ya que la preservación del bosque no solo tiene una figura ecologista, sino también de forma de subsistencia económica y cultural para los pueblos. Además, lo ven como un intento de consolidar espacios políticos, antes que ocupar mejor el territorio.

Los indígenas de tierras bajas no han logrado abrirse un hueco en el gabinete de Evo Morales. Solo alcanzan a ser viceministros.

La lucha es por autogobierno

“El presidente dice que queremos conseguir las cosas por presión, pero usted dígame qué no hemos conseguido por presión. Yo marché en 1996 para conseguir la ley 1715 del INRA y volví a marchar en 2006 para que se aprobara su reforma. Hemos presionado por todo y todo lo que hemos conseguido es en base a lucha”, dice Melva Hurtado, un moré que preside la Central de Mujeres Indígenas del Beni. Y la lucha en este año será por el autogobierno.

José Bailaba dice que movimiento indígena no será rebaño de nadie, que el proceso de cambio ellos lo concibieron como una participación real de los pueblos y Pedro Nuni añade que la Constitución, ese texto que consolida muchos derechos para los indígenas, es solo un papel que necesita ser desarrollado.

Adolfo Chávez, presidente de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob), considera que este año se debe consolidar el autogobierno de los indígenas en su territorio. Cree que el Gobierno tiene muchas deudas con los pueblos de tierras bajas, que no solo se queda en la poca representación política, sino también en la falta de un representante en el Tribunal Constitucional Plurinacional  y otro en el Tribunal Agroambiental. Para Chávez, allí será donde se consolidará la autonomía indígena. También quiere reformas a la forma de elección de los diputados. Plantea que sean designados por usos y costumbres y no por votación.

Para ellos se debe reformar la relación de dependencia con el MAS, pero será difícil que vuelvan a formar parte de Pacto de Unidad, la organización que aglutinaba a campesinos, colonizadores, mujeres campesinas, Conamaq y Cidob. “Sencillamente nosotros no somos orgánicos al MAS. Los trillizos (campesinos, colonizadores y bartolinas) están gobernando. Para ellos somos nómadas, vulnerables, poquingos y problemáticos”, aclara Nuni.

El Gobierno no es dueño del cambio

Helena Argirakis / Politóloga

Hay un recambio en las estructuras de poder y eso no significa que hubo aniquilación de sistemas de partidos tradicionales. Es importante resaltar que no han desaparecido las fuerzas políticas y económicas tradicionales. Eso se demuestra en la nueva relación que tiene el Gobierno con el empresariado cruceño.

Existe un importante papel de asumir la identidad boliviana, de las reformas hacia la autonomía y a la protección del medio ambiente a través de leyes.

Y eso no es patrimonio del Gobierno actual. Es cosa de la ciudadanía.

Sin embargo, hay sectores de la sociedad, sobre todo en Santa Cruz, que no ven los cambios, sospechan que existen pero no los ven. Estos sectores añoran el pasado, se resisten a las transformaciones, sobre todo ciertos sectores empresariales y esto no es posible, los cambios son irreversibles. Y el ‘establishment’ cruceño debe enteder bien esto.