TIPNIS. Hoy deberán caminar 19 kilómetros entre el ripio y el barro para llegar al puente sobre el río Tijamuchí. Necesitan carpas para pasar la noche. El diálogo sigue sin aparecer.
Líder. Adolfo Chávez, cabeza visible de la marcha, muestra el río Tijamuchí hasta donde piensan llegar hoy. Insiste en la anulación de la ley de consulta previa
Marcha, con problemas logísticos
Pablo Ortiz. Enviado | El Deber
Hoy hubo descanso forzado en la marcha en defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (Tipnis). Los 350 marchistas se quedaron en la escuela de Puerto Varador porque no había condiciones para continuar la caminata. El clima se ha ensañado con la IX marcha indígena y la lluvia, en plena época de inicio de la sequía, va y viene en Trinidad, remojando el camino a San Ignacio de Moxos y templando tanto los ríos, que la columna tendrá pocos lugares donde acampar.
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Ayer EL DEBER acompañó a Adolfo Chávez, presidente de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob), a realizar una inspección a la ruta para encontrar las dos próximas pascanas de la movilización. A partir de las 6:00 de hoy, la marcha retornará a la carretera, primero para cruzar un brazo del Mamoré en pontones. A partir de allí, les espera una caminata de cinco kilómetros por una isla hasta la parte más ancha del río más grande de Beni, que está con turbión. Nuevamente los marchistas volverán a subir a los pontones, que los depositarán en Los Puentes, un campamento de pontoneros que se convertirá en el último asentamiento humano que verán en al menos dos días.
Allí comienza lo más duro. Será una caminata de 14 kilómetros, la mitad entre el ripio que corta los zapatos y chinelas, y el resto entre el barro de los curichis formados por el desborde del Tijamuchí.
Es precisamente en el puente sobre ese río en el que harán la pascana. El tributario del Mamoré está templado y ha inundado las llanuras donde la marcha acampó el año pasado, por lo que la columna de marchistas se apoderará de la mitad del puente para descansar. Eso sí, allí los espera una familia de bufeos que ha colonizado este tramo del río para alimentarse de los blanquillos.
Chávez luce preocupado, ya que no cuentan con carpas para pasar la noche y teme por las lluvias y los mosquitos, que abundan en esta zona. Los cámpin del año pasado ya no están. La mitad se perdió en la represión de Chaparina y el resto se lo llevaron los movilizados.
Esta movilización tropieza en la parte logística. La marcha necesita al menos diez carpas grandes para alojar a la columna y la Cidob no tiene recursos para comprarlas. Las ONG que ayudaron el año pasado no se han hecho presentes aún. A eso se suma la ausencia de los ganaderos benianos que donaron alimentos. Esto se ha traducido en una dieta rica en carbohidratos (arroz y fideo), matizada con algunos plátanos, pero aún pobre en proteínas (carnes).
“Hemos venido a marchar, no a comer”, dice una vecina del Tipnis, pero Chávez sabe que si la comida escasea, también fallarán las fuerzas y el ánimo se caerá.
Otro problema logístico que enfrentan es la falta de transporte. Las camionetas de la Cidob se encuentran en ‘terapia intensiva’ y necesitan un camión para que lleve los equipajes y ollas de una pascana a otra. El costo de la reparación de sus movilidades es imposible de cubrir para la Cidob, lo mismo que el alquiler de un camión mediano. Eso sí, la ayuda llegó de donde menos se lo imaginaban: del Gobierno. Chávez informó que las bases de la Central Indígena de Pueblos Étnicos de Beni le quitó la camioneta que el Gobierno le dio a Pedro Bare, presidente de la central y la puso al servicio de la marcha.
Pese al día de descanso forzado, no hay ni miras de que una línea de diálogo entre el Gobierno y la marcha esté tendida. La movilización aún no ha hecho pública su plataforma de demandas, ya que aún debe ser consensuada con el Conamaq, pero el núcleo será invariable: anulación de la ley 222 (consulta previa) y respeto a la ley 180 (intangibilidad del territorio indígena).
Se le consultó al ministro de Gobierno, Carlos Romero, sobre la posibilidad de abrir un espacio de diálogo y él informó que siempre las puertas están abiertas. Sin embargo, el Gobierno no contempla aún la posibilidad de eliminar la ley 222, porque solo conseguirá abrirse un frente de conflicto con los vecinos del Conisur, la parte colonizada del Tipnis, y las comunidades que abandonaron el Cabildo Indigenal para transformarse en cocaleras.
Sin esa posibilidad, difícilmente habrá diálogo. Chávez señala que la consulta no es previa, sino de reparación de impactos al Tipnis por una carretera que ya se decidió construir (Villa Tunari-San Ignacio de Moxos por el corazón del parque). Lo afirma porque en el proyecto de reglamentación de la ley 222 está asentado que el objetivo de la consulta es construir con el menor impacto la primera carretera ecológica del país.
Hermano de Fernando dice que lo prepararon para ser dirigente
Don Antonio Vargas Musúa está sentado en el corredor de la escuela de Puerto Varador almorzando a las cinco de la tarde. Como si estuviera en un trance, lleva la cuchara de madera de la tutuma a la boca una y otra vez, saboreando como un manjar el locro de gallina descolorido que prepararon para los marchistas.
Antonio tiene 66 años y es uno de los marchistas de mayor edad, pero no luce cansado ni agobiado ante los 600 kilómetros que le esperan antes de llegar a La Paz. En realidad, se lo ve feliz, orgulloso de defender esa “fortuna natural”, que para él es el Tipnis.
Don Antonio sabe mejor que nadie lo que vale ese millón de hectáreas defendido por los indígenas. Él vive, literalmente, en el paraíso, en Paraíso del Sécure, una pequeña comunidad que dio al movimiento indígena uno de sus principales dirigentes, Fernando Vargas, hermano menor de don Antonio.
“Fernando es el único de mis hermanos que estudió. No es que nosotros no hayamos tenido formación, pero no fue gran cosa. Apenas tres o cuatro años. En cambio, a Fernando lo capacitamos, lo formamos para ser dirigente, queríamos que conociera las leyes por los problemas que se pudieran presentar. Ahora Fernando es el padre del Tipnis y del Sécure. Él es el que nos está defendiendo a todos, por eso todos lo tenemos que defender a él”, dice, mientras en su tutuma aparece la pechuga de un pollo que, por su tamaño, bien podría haber sido una chaicita.
Don Antonio visitó a Fernando en su lecho de enfermo antes de que saliera la marcha. Lo dejó recuperándose y lo esperará más allá, en medio camino. Sabe que queda harto trecho para recorrer juntos.
Para Antonio, esta marcha defiende su forma de vida, por eso se siente comprometido. Allá, en Paraíso, Antonio cultiva árboles de cacao y gracias a sus semillas mantiene a su familia. “El chocolate es nuestra coca. Mucha gente piensa que nosotros somos cocaleros y no lo somos. Usted debería ir a mirar lo que producimos: puro chocolate y plantas de naranja y toronja”, informa.
En el rostro de don Antonio se ve una admiración sincera por Fernando. “La subcentral del Tipnis estaba por perderse y Fernando la resucitó”, cuenta. Asegura que lo que puso en riesgo a la organización indígena del Tipnis fue la mala gestión de dirigentes, que permitieron que esa fortuna natural fuera depredada por madereros.
El dengue comienza a hacer mella
Un mosquito es, de momento, el principal enemigo de la marcha en defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis). La doctora Mayra Palacios, que atiende a los marchistas, explicó que cuatro personas del campamento de Puerto Varador presentaron síntomas de dengue sin señales de alarma. A ellos se suman dos más con diarrea y muchos con niños y adultos con picaduras de insectos.
Los más afectados son los indígenas que llegaron del Sécure, ya que tuvieron que navegar cuatro días y tres noches antes de llegar a Trinidad.
Hasta el momento, la persona más delicada de las 500 registradas para la marcha es Fernando Vargas, presidente de la Subcentral Tipnis y uno de los máximos dirigentes de la movilización.
Según explicó Palacios, Vargas se encuentra en etapa de recuperación y en las próximas horas se le harán análisis para ver el estado en el que se encuentra su hígado. Si los exámenes son satisfactorios y las plaquetas suben, significará que Vargas está superando el dengue severo que lo afectó y podrá ser dado de alta.
Eso sí, no podrá sumarse de inmediato a la movilización, ya que se le impondrá un descanso de seis a diez días. Para ese entonces, si no hay conflictos, la marcha ya se encontrará más allá de San Ignacio de Moxos.
Desde el hospital, Vargas agradece el apoyo de los bolivianos y la preocupación por su salud. Envía fuerzas a la marcha y dice a los indígenas "que están confundidos por las dádivas del Gobierno", que aún pueden sumarse a la movilización.
Indígenas reanudan la marcha por el TIPNIS tras un temporal
Tras permanecer un día en Puerto Varador, la marcha indígena que rechaza la apertura de una vía por el núcleo del TIPNIS decidió reanudar hoy su caminata y llegar a Los Puentes, a unos 30 km. La falta de carpas y el mal tiempo frenaron la movilización ayer.
Movilización. El dirigente Adolfo Chávez durante una inspección que hizo al sector donde avanzará hoy la marcha.
La Razón / Jorge Quispe / Trinidad
La decisión de reanudar la marcha fue tomada cerca de las 17.30 por el comité de la marcha, según informó Alaida Humadai, dirigente de la subcentral del TIPNIS. Hay preocupación por la falta de carpas porque sólo hay cinco para más de tres centenares de personas y se prevé que se dormirá a la intemperie en los demás lugares donde se acampará.
Al referirse al temporal que hay en la zona, el ejecutivo de la Central de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob), Adolfo Chávez, manifestó que el río Tijamuchi creció, por lo que es complicado salir. Chávez hizo una inspección a la zona anegada.
Reunión. Chávez se reunió con Marcial Fabricano, exdirigente indígena de la Marcha por el Territorio y la Dignidad de 1990, para delinear los futuros pasos. Fabricano marchó además en 1996 y 2002. “Antes pusimos los puntales de la casa, ahora hay que consolidar este movimiento”, dijo el exdirigente. Los marchistas, que el viernes iniciaron la movilización en busca de la anulación de la Ley 222 que impulsa la Consulta Previa para la apertura de la vía por el TIPNIS, pernoctaron en Puerto Varador.
Mientras los marchistas se reunían ayer por la tarde para definir la hoja de ruta de las próximas jornadas, una avanzada de dirigentes salió para realizar los contactos con autoridades de las comunidades para cuando lleguen los indígenas.
“Tenemos que ver dónde vamos a acampar la siguiente semana. El problema es que muchas áreas son propiedades privadas. Ahora no tenemos problemas, porque estamos en una escuela, pero debemos ver luego”, manifestó el asambleísta Pedro Nuni.
La presidenta del Comité de Marcha, Bertha Bejarano, dijo que la única manera de poder frenar la marcha, para un eventual diálogo con el Gobierno, se hará únicamente si se anula la Ley 222. Los marchistas descansaban ayer en cuatro aulas de la unidad educativa de Varador, otros cocinaban, mientras que algunos paseaban. Adolfo Chávez obsequió tutumas o platos hechos con el cascarón de coco, además de cucharas de palo para el almuerzo.
A unos metros de él, la Comisión de Salud tomaba sus previsiones. “Tenemos como unas cinco cajas de medicamentos”, dijo una enfermera. Un médico y dos enfermeras están atentos a cualquier dificultad de salud. Debido a las recientes lluvias en Trinidad proliferaron los mosquitos. La intención de la IX Marcha Indígena es pasar los dos ríos que le separan del camino a San Ignacio para el lunes o martes reanudar la caminata rumbo a esa localidad.
Mientras tanto, un grupo de ocho indígenas de San Ignacio de Velasco, de Santa Cruz, se sumó ayer a marchar por el TIPNIS. Los originarios salieron el jueves de su localidad y ayer llegaron a Trinidad. “Estamos aquí para acompañar a nuestros hermanos”, dijo el dirigente Miguel Noe. Los organizadores de la marcha esperaban ayer la llegada de 200 indígenas que estaban, cerca del mediodía, en Los Puentes, en una barcaza de dos pisos.
Monitoreo de marcha
Protección
El ministro de Gobierno, Carlos Romero, afirmó ayer que su despacho hace un monitoreo constante de la IX Marcha Indígena para evitar hostigamientos e interferencias a esa movilización durante su recorrido de 600 kilómetros hasta la ciudad de La Paz. La movilización comenzó el 27 de abril en la ciudad de Trinidad, Beni. “Estamos haciendo un monitoreo de la marcha y donde veamos que hay acciones de hostigamiento e interferencia a la marcha ahí vamos a coadyuvar para que no tengan ningún problema en su recorrido”, dijo la autoridad.
Unos 100 guaraníes se sumarán a la movilización
Una delegación de al menos 100 indígenas guaraníes procedentes de Yacuiba y Caraparí se sumará en las próximas horas a la IX Marcha Indígena, que el 27 de abril partió desde Trinidad hacia La Paz en defensa del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS).
La información la dio a conocer a La Razón, vía teléfono desde Yacuiba, el exvicepresidente del comité de movilización de la VIII Marcha Indígena, Jorge Mendoza. Al menos 300 indígenas salieron de Trinidad y protestan contra la construcción de una carretera en el TIPNIS y la Ley 222 de Consulta. Los indígenas recorrerán 600 kilómetros para llegar a su destino. La VIII marcha alcanzó La Paz después de 60 días.
“Estamos partiendo el sábado y seguro que el domingo o lunes estaremos ahí (Trinidad)”, agregó Mendoza desde Yacuiba. Entretanto, el jiliri Apu Mallku del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq), Félix Becerra, anunció que en el trayecto de Trinidad a San Ignacio de Moxos se sumarán a la IX marcha más indígenas de tierras altas. “Al menos 100 indígenas del Conamaq participan de la IX marcha.