La mayoría indígena no pudo expresarse el día que pasó la marcha por San Ignacio. La Cidob considera que se violaron sus derechos y solicita sanciones.
Instituciones acallan voces de los moxeños
Pablo Ortiz. San Ignacio, El Deber
Optimismo. Pese a las dificultades para seguir con la marcha y a la falta de medicamentos y alimentos los indígenas encuentran la manera de continuar en calma.
Lorenza Yaca ya había visto el ojo amoratado de su hijo Gregorio cuando la mañana del 8 de mayo se enteró de que su hija, Olga, también estaba siendo golpeada en la circunvalación de San Ignacio de Moxos. Menuda, anciana, Lorenza no supo qué hacer y se quedó encerrada en su casa. Tampoco lo supo Severiano Matere, que se quedó encerrado en la subcentral indígena, viendo cómo una vez más su gente era humillada. Flaco, descalzo y pobre, ¿qué pudo haber hecho contra gente que se había organizado durante días, que disponía de recursos y respaldo institucional, para evitar que la novena marcha indígena entre a San Ignacio? Creyó que nada.
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En la capital de Moxos se confabularon instituciones públicas (Alcaldía y Subgobernación), gremiales (Central Obrera Regional y transportistas) con las cívicas (Comité de Defensa de Moxos), para robarse la voz del resto del pueblo, del 80% de los indígenas.
La premisa, ‘carretera sí o sí’, fue lo que unió a grupos que antes ni se miraban. Así, por ejemplo, las mismas personas que bloquearon la pista de San Ignacio de Moxos para evitar que Evo Morales aterrice, ahora coordinaban con los activistas políticos del Movimiento Al Socialismo (MAS).
Días antes de que la marcha se acerque a San Ignacio, la movilización estaba bajo la batuta de Wálter Colque, un gremialista, vendedor de libros, que preside la Central Obrera Regional y cuenta con el respaldo de los comerciantes y transportistas andinos. También lo apoyaban y coordinaban con él el alcalde, Basilio Nolvani, y el subgobernador, Sixto Bejarano, a tal punto que Nolvani recurrió a ellos para permitir que algunos medios lleguen hasta San Ignacio cuando estaba bloqueado, previo al paso de la marcha. Algunos medios de comunicación llegaron por su propia cuenta. Otros fueron llevados con avionetas pagadas por la Asamblea Departamental de Beni, que también tuvo incidencia en el conflicto.
Cuando la marcha se acercó hasta Algodonal, el 7 de mayo, Colque, Nolvani y Bejarano empezaron a perder el control. Es más, ni siquiera aparecieron en los cercos de alambre que ya habían instalado en las calles del pueblo, ayudados por la Federación de Juntas Vecinales.
La nueva cabeza visible de la ‘vigilia’, que impediría el paso de la marcha era Paúl Núñez, un hombre que dice dirigió las campañas de Pedro Nuni y Nolvani por el MAS en la región y que participó en la marcha del Conisur a favor de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos a través del corazón del Tipnis.
La forma de agitar a la población fueron los medios de comunicación de Carlos Salvatierra Rivero, dueño de una radio, dos canales de televisión, un cine y el único surtidor del pueblo, en el cual se le llenaba el tanque gratis a una lista de mototaxistas. Desde sus canales de televisión se alentaba a la población a no dejar ingresar la marcha y se aseguraba que los medios nacionales pedían posada para la movilización en los pueblos.
Fue en esos mismos medios de comunicación en los que, en la noche del 8 de mayo, se juzgó como “muestra de madurez” del pueblo ignaciano el paso de la marcha. No se reparó en insultos como ‘gorilas’, ‘indios de mierda’, ‘sucios’, ‘crucos’ y las amenazas puntuales que recibieron los marchistas. Luego, desde allí también se propuso que esa fecha pase a la historia como el Día de la Dignidad Moxeña.
Pero doña Lorenza está más dolida con el alcalde por haber instruido el cierre de las escuelas el lunes. “Llevaron a los jóvenes a la circunvalación para enseñarles a pelear, para enseñarles cosas malas”, dice. Tampoco entiende cómo las profesoras que dirigen Codemox pueden proferir insultos y después seguir enseñando. Menos aún puede creer que Sixto Bejarano, siendo hermano de Bertha Bejarano, siendo que el pueblo indígena lo llevó a ser el primer alcalde indígena de San Ignacio, haya actuado de forma indolente ante lo que sucedió. Para Sixto, San Ignacio de Moxos demostró su educación y lo dice en el buen sentido de la frase, sin ser sarcástico.
Según Severiano, el pueblo debe entender que los indígenas no están en contra de la carretera, lo que no quieren es que le partan en dos el Tipnis. Cree que ya está bueno que los mototaxistas humillen a los indígenas, pero no sabe cómo detener las humillaciones.
Prefieren el fortalecimiento del transporte fluvial y salud
La segunda comitiva de periodistas visitó el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis). De acuerdo con una serie de testimonios recogidos por la prensa, los habitantes, antes que la carretera prefieren la atención de otras necesidades, entre ellas: el fortalecimiento del transporte fluvial, salud y educación.
La comisión encabezada por el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, visitó las comunidades Gundonovia, San Pablo del Isiboro y Santa Clara en una incursión combinada, por vía terrestre y fluvial, partiendo desde la Fuerza de Tarea Conjunta en la población cochabambina de Chimoré. Gundonovia está al norte de la reserva, en la zona del bajo Sécure y solo se puede llegar por vía fluvial o por vía aérea.
Esta comunidad se encuentra alejada del trazo planteado inicialmente para el tramo II de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos. "Principalmente para nosotros nuestra vía es el río. Como la primera comunidad del Tipnis, vivimos sobre el río y no necesitamos carretera, sino motores y barcazas", afirmó Brígida Alpire, en declaraciones a la red ATB.
Otros pobladores proponen la construcción de un camino comunal entre Santa Rosa y Camiaco para poder vincularse con mayor facilidad con Trinidad. Los pobladores de Gundonovia se dedican a la agricultura con cultivos de plátano, yuca del que hacen chive principalmente. Además de la pesca como una de sus principales actividades. Agustín, de 67 años, que tiene 18 hijos y 40 nietos, relató a la televisora UNO que por "ningún motivo" viviría en la ciudad ya que él necesita del contacto con la naturaleza y la vida familiar. Además, advierte que un indígena que deja el contacto y la vida con la comunidad termina enfermo en las ciudades.
Los testimonios recogidos por los medios de comunicación coinciden en que los habitantes de estas tres comunidades carecen de atención médica permanente, faltan medicamentos y tampoco se cuenta con servicios básicos y educación.
Asimismo, relataron que muchas veces es difícil el acceso a productos como el kerosene y algunos alimentos que deben llegar de otras poblaciones.
En Santa Clara confesaron que la principal dificultad es el acceso al agua potable, ya que en alguna época del año, la laguna, que es su principal proveedor, se seca completamente y el agua del río puede traer enfermedades porque no es apta para el consumo humano. /ANF
Gestión de gobierno
– El ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, inauguró el servicio público de transporte fluvial con tres barcazas en Gundonovia y anunció la construcción de un coliseo.
– En San Pablo del Isiboro se entregó un servicio de comunicación, un motor generador de energía, una posta con un médico y una enfermera. "Es para que puedan comunicarse entre las comunidades e incluso llevar sus equipos de futbol", explicó Quintana.
Otra vez el clima frena la marcha
La lluvia caída ayer en la región de Moxos impidió que la novena marcha indígena abandone Santa Ana del Moseruna para acampar en un puente situado a 20 km. La columna indígena decidió seguir un día más en esa población y ver hoy si es conveniente volver a la carretera. En la mañana llegó también al campamento una resolución del ampliado de la Confederación de Pueblos Étnicos de Beni, Cepib, en la cual se desconoce a Pedro Bare como su dirigente y se anuncia que varios pueblos se sumarán a la marcha.
También llegó la noticia de que Evo Morales estaría ayer en San Pablo del Tipnis. Los dirigentes más viejos del Isiboro Sécure señalaron a Carlos Fabricano como uno de los ‘vende patria’ que se ha prestado para crear una subcentral paralela y dudan de su capacidad moral para ser presidente indígena. Aseguraron que el Gobierno se está valiendo de abigeatistas y desplazados para crear una dirigencia indígena paralela en el Tipnis.
Acciones contra cabecillas
La columna de la marcha indígena decidió iniciar acciones legales contra el Viceministro de Régimen Interior, Jorge Pérez; el alcalde de San Ignacio de Moxos, Basilio Nolvani; el propietario de la radio y televisión San Ignacio, Carlos Salvatierra Rivero; el subgobernador de Moxos, Sixto Bejarano; el comandante de la Policía de Beni, Édgar Téllez, el presidente de la Asamblea Legislativa de Beni, Álex Ferrier, el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, y otras personas por incumplimiento de deberes, instigación a delinquir, tentativa de homicidio, amenazas, agresiones, racismo y otros delitos.
Para los marchistas, con los hechos del lunes se incumplieron varios artículos del convenio 169 de la OIT, de la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos y Naciones Indígenas, de la Constitución Política del Estado y Ley contra el Racismo y toda forma de Discriminación.