Según los científicos autores de un nuevo proyecto de geoingeniería, dispersar un ingrediente de protectores solares en la estratosfera contrarrestaría los efectos del calentamiento global.
El proyecto prevé el uso de globos para pulverizar millones de toneladas de dióxido de titanio, una sustancia química no tóxica que se encuentra en protectores solares y pinturas, tinta o incluso alimento.
Una vez en la atmósfera, las partículas se dispersarían por el planeta y devolverían los rayos del sol al espacio.
Según el director del proyecto e ingeniero químico Peter Davidson, bastarían tres millones de toneladas de dióxido de titanio para compensar los efectos del calentamiento provocado por la duplicación de los niveles actuales de dióxido de carbono de la atmósfera.
El equipo tuvo la idea tras la erupción en 1991 del Monte Pinatubo, un volcán de Filipinas, como confirma Davidson, presidente de Davidson Technology en Reino Unido.
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La erupción arrojó 20 millones de toneladas de dióxido de azufre en la estratosfera, que provocaron una neblina de ácido sulfúrico que redujo la temperatura medio grado durante dos años.
Sin embargo, el ácido sulfúrico degrada la capa de ozono y podría provocar sequías, puesto que absorbe y dispersa la luz, bajando la temperatura y posiblemente interrumpiendo la circulación en la estratosfera.
En cambio, el dióxido de titanio es siete veces más eficaz dispersando la luz, lo que significa que se necesitaría mucho menos para conseguir el efecto deseado y «tendría menos impacto negativo en la atmósfera», como indica Davidson.
Funcionamiento del sistema
Según el proyecto, el dióxido de titanio sería bombeado hacia el cielo a través de tubos flexibles lanzados por globos que alcanzarían los 20 kilómetros de altura.
Entonces, una «boquilla hipersónica» pulverizaría el contenido.
Los globos se lanzarían desde islas o barcos situados en regiones ecuatoriales donde las tormentas no son frecuentes, para reducir el riesgo de rayos y fuertes vientos que dañarían los globos.
Sin embargo, el equipo no ha sido el primero en proponer la pulverización de partículas en la atmósfera.
La novedad del proyecto de Davidson consiste en el uso de dióxido de titanio y el sistema de dispersión a través de los globos, lo que, según Rob Jackson, experto medioambiental de la Universidad de Duke (Carolina del Norte, Estados Unidos) podría abaratar los costes al no recurrir a aviones o cohetes.
En cualquier sistema de dispersión de partículas, «el mayor coste consiste en llevar las sustancias a la estratosfera», afirma Jackson, que no participó en el estudio.
De llevarse a cabo el proyecto, tendría que funcionar mientras las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, fueran altas.
«Tendríamos que mantenerlo hasta conseguir tasas negativas», añade Jackson y si tenemos en cuenta el ritmo al que se están reduciendo las emisiones, «podríamos estar con ello durante siglos».
Davidson calcula que su sistema de dispersión costaría entre 800 y 950 millones de dólares al año, más entre 2 y 3 mil millones anuales por el dióxido de titanio.
Posibles riesgos
Davidson añade que el impacto ambiental de pulverizar dióxido de titanio sería mínimo. Además, «ya se han hecho pruebas de exposición a la sustancia, y no tengo constancia de posibles peligros».
En cualquier caso, la historia nos ha enseñado que «cuando hemos inyectado sustancias químicas en la atmósfera, los resultados han sido sorprendentes», señala Jackson.
Los clorofluorocarburos (CFC) son un claro ejemplo: se usaron como refrigerantes y propelentes durante el siglo XX y se extendieron por la atmósfera; luego tuvieron que ser retirados debido a los efectos dañinos, no previstos, sobre la capa de ozono.
Un seguro para la humanidad
Tanto Davidson como Jackson afirman que se necesitarían varias décadas antes de aprobar el uso de dióxido de titanio. «En mi opinión, no deberíamos aplicar el sistema a gran escala hasta que sepamos más», añade Jackson. «Y quizá ni siquiera».
A algunos científicos, por otra parte, les preocupa que estos sistemas distraigan la atención del problema fundamental: las emisiones de gases de efecto invernadero.
«Si los reguladores encuentran una solución fácil, podrían estar menos dispuestos a hacer el trabajo duro», comenta Jackson. «No quiero ocultar el problema, y creo que este proyecto lo haría».
Davidson, en cambio, cree que la humanidad necesita un seguro ante los posibles efectos del calentamiento global. «Sería irresponsable por nuestra parte dejar de lado una investigación como ésta».
Fuente: www.nationalgeographic.es