Los tsimanes se sienten avasallados; los guaraníes ven afectadas sus tierras por el petróleo; los movimas y campesinos de las tierras altas piden respeto a sus territorios.
TIPNIS. El frío y la lluvia obligan a la marcha a moverse. La columna se encuentra en Pongo, a menos de 40 Km de la sede de Gobierno. Un grupo de 300 indígenas de la Cepilab se incorpora. Necesitan camping y otros abrigos.
Demandas indígenas cubren el país
Convivencia. Los tsimanes se sienten avasallados; los guaraníes ven afectadas sus tierras por el petróleo; los movimas y campesinos de las tierras altas piden respeto a sus territorios
A 37 km de La Paz. La IX marcha indígena sube y serpentea los últimos kilómetros antes de su arribo a la sede de Gobierno.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
Pablo Ortíz. La Paz, El Deber
La marcha se encuentra en las puertas de La Paz, pero aún lejos de conseguir sus logros. Con una ciudad atenta al conflicto policial y a los festejos de San Juan, pocos se han percatado de que la columna se está a solo 37 kilómetros y que su éxito o su fracaso dependerá en gran medida del recibimiento que la sede de Gobierno le haga.
En eso está de acuerdo Pedro Nuni, el único diputado indígena que ha visitado la columna en 55 días de caminata. Nuni, confía en que el recibimiento de los paceños sea parecido al del año pasado y que eso obligue al Gobierno a atender sus demandas de forma rápida. Caso contrario, ya lo dijo el presidente de la Cidob, Adolfo Chávez, la columna está lista para quedarse durante semanas en La Paz.
De manera superficial, se puede decir que la marcha es para que una carretera no pase a través del corazón del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis). Fernando Vargas, presidente de la subcentral Tipnis, lo ha explicado muchas veces. Para ellos la carretera no es progreso sino muerte, que consideran que servirá para que los cocaleros de Chapare invadan su territorio y que, al cabo de pocos años, ellos terminarán de peones de cocaleros.
Sin embargo, de cerca, la marcha es un ‘archipiélago’ de demandas que cubre casi todo el territorio nacional. Están los movimas que reclaman que los ganaderos y las concesiones forestales achican su territorio y los relegan a las tierras más bajas de Beni. Eso provoca que, en época de lluvia, no tengan dónde llevar a sus animales y el único lugar donde resguardarse que les queda es Santa Ana de Yacuma.
Están los pueblos del norte de La Paz, a los que acechan varios peligros. A Edwin Miro, presidente de esta central, le preocupan que los proyectos de extracción de petróleo en dicho territorio no han pasado por la aprobación y la consulta con información suficiente para las nueve subcentrales paceñas. También se está construyendo un camino a través de este territorio, que ha provocado, por ejemplo, que los colonizadores cercanos a Yucumo arrinconen a los indígenas tsimanes. Pero tal vez la principal amenaza que deben enfrentar es el proyecto hidroeléctrico de El Bala, que puede inundar gran parte de su territorio, justo donde se encuentran las comunidades indígenas.
Hay otros que han llegado a la marcha con una mano delante y la otra atrás. Ese es el caso del pueblo Ese Ejja, que ni siquiera tiene un pedazo de tierra para defender. El único espacio fijo que tienen no está a su nombre, es decir, no les pertenece, por más que ellos la llamen comunidad Eyiyokibo. Son seis hectáreas que se va comiendo el río Beni. Allí viven unas 60 familias que sobreviven de la pesca. “No es que no queramos sembrar o hacer chaco, es que no tenemos dónde”, dice Gualberto Rojas, uno de los líderes de la delegación.
En realidad, además de buscar que se les dé un territorio, los esse ejjas han venido a la marcha a aprender a organizarse. “Nosotros nos amansamos recién en 1999, así que todavía nos cuesta organizarnos”, añade.
Hubo otros que tuvieron que contradecir a sus regionales a riesgo de ser expulsados de su comunidad y que volvieron a casa en un cajón de madera. Otilia Cunay y Alejandro Cayuba eran hermanos y pertenecía al Gran Consejo Tsiname, que prohibió a sus integrantes asistir a la marcha para honrar un compromiso con el Gobierno. Cunay era dirigente nacional de Educación de las mujeres indígenas y Alejandro, uno de los líderes históricos de los tsimanes. Fue el segundo presidente del Gran Consejo y participó de las nueve marchas antes de morir el martes en un accidente de tránsito. En ambos había compromiso, pero también una necesidad grande: los colonos han invadido y chaqueado al menos 100 hectáreas de la comunidad de San Miguel del Martirio, a 30 kilómetros de San Borja. El monte donde los tsimanes cazan y recolectan puede transformarse en potrero, por eso hasta 60 miembros de esa comunidad se unieron a la marcha para defender su territorio. Ya lo intentaron con el Gran Consejo Tsimane, pero ellos no han hecho nada para detener el avance de campesinos locales y colonos de Yucumo.
DETALLES
– Agenda. Tiene nueve capítulos. Comienza con la defensa del Tipnis, pero también se incluyen demandan legislativas, políticas, territoriales y económicas
– Legislativas. Existen 13 proyectos de leyes en la columna de la marcha. A través de ellos se plantea una reforma del Estado Plurinacional para aplicar derechos indígenas que aún no han entrado en vigencia.
– Político. Quieren representación directa en los gobiernos y a través de sus propios procedimientos
– Tribunal. Pretenden cambiar el concepto de nacionalidades de tierras altas. Los quechuas y aimaras quieren que se reconozcan sus identidades parciales.
– Territorio. Buscan cambiar la ley de autonomías para acceder de manera directa a la autonomía indígena.
– Económica. Participación directa de las regalías por explotación de recursos.
El frío y la lluvia obligan a la marcha a moverse
CONVIVENCIA. La columna se encuentra en Pongo, a menos de 40 Km de la sede de Gobierno. Un grupo de 300 indígenas de la Cepilab se incorpora. Necesitan camping y otros abrigos.
SERENIDAD. Fernando Vargas, presidente de la subcentral Tipnis encabeza la marcha. Detrás, entre medio de la niebla flamean las banderas blancas y el Patujú
Chuspipata nunca ha tratado bien a las marchas indígenas. El año pasado, en este lugar, Nazaret Flores, actual presidenta de la Central de Pueblos Étnicos de Beni, perdió su embarazo, luego de tratar de conservarlo tras la golpiza que recibió en la represión de Chaparina.
Ayer, Chuspipata expuso a la columna a una llovizna continua, que comenzó a las 16:00 del viernes y que no se detuvo hasta las 9:30, cuando la columna decidió salir a la carretera a buscar un mejor clima en Pongo.
Fue una caminata peligrosa de 17 kilómetros. En todo momento, la columna estuvo acompañada por la neblina, que de a ratos era lluvia y mojaba la poca ropa abrigada que los marchistas llevaban encima. Esto enfrió por completo a Lucas Noza, que comenzó a sentir calambres y ahogo por la altura. En realidad, el indígena del Tipnis venía de pasar una mala noche.
La llovizna constante de Chuspipata se metió en todos los camping de la marcha por debajo, por los agujeros que tiene las lonas y no hubo colcha o cama que haya quedado seca.
Eso hizo que la incomodidad del camping de Lucas, que es para tres pero alberga a su familia de cinco integrantes, por primera vez fuera confortable. Los cuerpos bien apiñados se prestaron calor y así aguantaron el frío que se acentuó por la noche.
La neblina provocaba que la visibilidad sea de no más de 100 metros. Esto, con la columna en plena carretera Cotapata-Santa Bárbara, hacía temer de que algún vehículo la embistiera, no solo por la poca visibilidad, sino también porque la ruta está llena de curvas que obliga a los conductores a reaccionar más rápido ante cualquier eventualidad.
Esta vez la marcha contó con el apoyo de la Policía, que envió a efectivos desde la tranca de Unduavi para alertar a los conductores de su presencia. Luego se le sumaron algunos miembros de la guardia municipal de La Paz.
Cuando la marcha llegó a Pongo, pasadas las 15:00, el panorama no era mucho mejor. La temperatura no pasaba de los cinco grados y la llovizna seguía presente. Los niños, que se habían adelanto a sus padres en un bus, salían de los camping, se movían rapidito, metían los brazos para abrigarse más el pecho y volvían a entrar a su camping, húmedo y frío.
Es por ello que se analiza la posibilidad de evacuar a los niños de la marcha hacia algún refugio en La Paz. Sus padres no quieren exponerlos a más enfermedades.
Entre tanto, la movilización ha decidido quedarse un día en Pongo, para terminar las leyes que han incluido en la propuesta. Eso sí, todo dependerá de cómo los trate la noche. Tal vez mañana la columna se canse de la lluvia y el frío y decida avanzar hacia Urujara. Si lo hace, estará a solo 10 kilómetros de La Paz.
Para lograrlo, deberá caminar 27 kilómetros, de los cuales, 15 son de subida hasta La Cumbre, a casi 5.000 metros sobre el nivel del mar.
Accidentados visitan la marcha y animan llegada
Hay 180 marchistas que no tienen camping. La llegada masiva de los indígenas afiliados a la Central de Pueblos Indígenas de La Paz ha puesto en jaque a la organización de la marcha. Solo 120 de los 300 tienen camping y el resto debe buscar refugio en las carpas que arma la Alcaldía de La Paz.
Ayer, los sobrevivientes del accidente de tránsito del martes visitaron el campamento de Pongo. No estaba prevista la visita, pero al pasar por la localidad, camino a La Paz, los heridos decidieron bajarse y dar ánimos a sus compañeros. Ellos los esperarán en la sede de Gobierno.
Ruth Cunay, una de las heridas, necesitó que le apliquen oxígeno al momento de visitar el campamento. A Nazaret Flores se le subió la presión hasta un pico de 160 y tuvo que ser evacuada.