El regalo de Chávez a Obama


Por Juan Boliviano

image Voy a cometer, para los zurdos, un pecado capital. No me impresionan ni estoy conmovido con sus historias, comentarios, citas y hasta panegíricos de Eduardo Germán Hughes Galeano, nacido en Montevideo el 3 de septiembre de 1940. Escribo este comentario porque Hugo Chávez Frías, en la Cumbre de las Américas que se reúne en Puerto España le regaló al presidente Barack Obama, un ejemplar del “breviario” de los rojos latinoamericanos: “Las venas abiertas de América Latina”, de este Hughes Galeano.

Varias veces he procurado leer este libro –hay que leer lo que escriben hasta los rufianes- intentando comprender su mensaje político. Me fue difícil. En su inicio nomás me encontré con una historia contada sin honestidad. Abundan los lugares comunes, las frases hechas y las falsedades. Este artículo, por su obligada brevedad, sólo se refiere a dos o tres pasajes de la obra.



Desde el comienzo nomás, se percibe al escapista que se esfuerza en atribuir a otros los defectos o carencias propias y usa un titulo típico de la demagogia de los zurdos: “Ciento veinte millones de niños en el centro de la tormenta”. Lo hace con la grosería de quien está convencido de que es honroso agradar a sus correligionarios del odio. Comete una demasía –quizás la venial del libro- al intentar que sus malhadados relatos sobre el pasado sean juzgados con ojos del presente. Quizás, la siguiente parrafada, que seguramente es leída con apuro, muestra a un extraviado de la verdad:

“Desde el descubrimiento hasta nuestros días, todo se ha trasmutado (vaya palabreja por “cambiar o convertir una cosa en otra”) siempre en capital europeo o, más tarde, norteamericano, y como tal se ha acumulado y se acumula en los lejanos centros de poder. Todo: la tierra, sus frutos y sus profundidades ricas en minerales, los hombres y su capacidad de trabajo y de consumo, los recursos naturales y los recursos humanos. El modo de producción y la estructura de clases de cada lugar han sido sucesivamente determinados, desde fuera, por su incorporación al engranaje universal del capitalismo. A cada cual se le ha asignado una función, siempre en beneficio del desarrollo de la metrópoli extranjera de turno, y se ha hecho infinita la cadena de las dependencias sucesivas, que tiene mucho más de dos eslabones, y que por cierto también comprende, dentro de América Latina, la opresión de los países pequeños por sus vecinos mayores y, fronteras adentro de cada país, la explotación que las grandes ciudades y los puertos ejercen sobre sus fuentes internas de víveres y mano de obra.

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

Este mensaje, tan de balcón de plazuela, es lo suficientemente expresivo de una subyacente propaganda. Cuando llega a Bolivia, usa la leyenda como hecho histórico: “Dicen que hasta las herraduras de los caballos eran de plata en la época del auge de la ciudad de Potosí”. Y sigue con relatos de fantasía, seguramente para rellenar sus páginas de odio.

En su sectario relato, abundan citas de escritos de Karl Marx relacionados con la historia, pero nada de esclarecidos historiadores, como  Arnold J. Toynbee. Claro que no lo hizo por sectario, porque es de los que ocultan la otra versión, o la diferente aproximación a un tema siempre controvertido: la interpretación del pasado. Habría algo de honesto si este Galeano, en sus relatos también tuviera en cuenta que, “según Toynbee, las civilizaciones no son sino el resultado de la respuesta de un grupo humano a los desafíos que sufre, ya sean naturales o sociales… una civilización crece y prospera cuando su respuesta a un desafío no sólo tiene éxito, sino que estimula una nueva serie de desafíos; una civilización decae como resultado de su impotencia para enfrentarse a los desafíos que se le presentan.” Pero esto es mucho pedir para un traficante del odio. 

Galeano vino a Bolivia a ponerse al servicio de la autocracia indigenista en ciernes. Vino con armadura artificial de guerrero de la justicia; y  habló y habló: "Me parece fundamental el proceso que encabeza Evo Morales”. Y no se quedó en chiquitas, usó hipérboles groseras: aseguró que el proceso liderado por Evo Morales "es vital para Bolivia y… el mundo (!)".

Vaya, se me agotó -no el tiempo- el espacio. Seguiré en otra sobre este Eduardo Hughes Galeano…