Cayo Salinas Es innegable que el resultado a registrarse en Venezuela este próximo domingo tendrá repercusiones más allá del “score”. Me explico. La oposición venezolana pasó por un proceso de reciclaje interno para recalar –luego de varios traspiés– en la conformación de una sola candidatura capaz de hacer frente a la maquinaria estatal dirigida por Hugo Chávez. Ya las primarias fueron un referente ante la necesidad de aglutinar una sola candidatura que no disperse el voto y haga fuerza común ante los indisimulados intentos de los socialistas de perdurar en el ejercicio del poder. En todo caso, el hecho de haber madurado una idea y un proceso de aglutinamiento a la luz de ideales democráticos, no son más que reflejo de la consolidación de convicciones liberales que encuentran basamento en los pilares que la sustentan: estado de Derecho, ejercicio pleno de garantías constitucionales, preeminencia del debido proceso, separación de poderes, alternabilidad en su ejercicio, entre otros. Todos sabemos que con Chávez los esfuerzos por aniquilar a las instituciones democráticas y a todo atisbo de libertad, fueron y es siempre serán una constante. En todo caso, esa la característica principal de gobiernos de corte fascista –de izquierda o derecha– que no encuentran mejor camino que la conculcación de preceptos de orden constitucional para asirse del poder y permanecer en él a costa de cualquier precio. Dadas así las cosas, la situación hoy por hoy es diferente. Más allá de los rumores –no comprobados– de que Chávez y su gente dentro el Consejo Nacional Electoral ya han diseñado una estrategia para permanecer en el poder, su triunfo –de darse– no tendrá la contundencia que espera el Teniente Coronel. Si así acontece, y sin posibilidad de seguir dictando leyes por decreto, Venezuela recuperará lo que perdió bajo la égida chavista: el respeto a la ley, a la democracia y sus instituciones. Con un triunfo paupérrimo del chavismo, la posibilidad de seguir influenciando en el Continente y regalando dinero venezolano por diestra y siniestra, se verá mermada. El peso político de Hugo Chávez caerá interna como externamente y seguramente se comenzará a hablar más de sus reales posibilidades para conducir Venezuela los siguientes seis años. Por otro lado, las posibilidades de triunfo de Capriles existen. Las encuestas no son claras porque pareciera han asumido posición por uno y otro lado. Indudablemente que con menor posibilidad que el teniente coronel, el líder opositor ha llevado a cabo una campaña perfecta, y ha logrado aglutinar en torno al movimiento que preside, un común denominador que a mi juicio fue y es vital: ¡Sí se puede derrotar al chavismo! Obviamente que si Capriles gana, las reacciones internas dependerán de cómo Chavez acepte la derrota y externamente los más perjudicados serán aquellos países del bloque del socialismo del siglo XXI que perderán dinero y a su principal mentor. Todo puede suceder, porque en política como está dicho y escrito, nada es eterno.La Prensa – La Paz