«Wǒ de nánrén …»


 

Eran como las nueve de la noche cuando mi asiática me daba besos al coto, aprovechando que el pequeño Chang Pú leía el Príncipe Feo.



Era un momento especial donde la linda yellow se mostraba más cariñosa que Eva Copa con don Choquehuanca, el hombre a quien juró defender de los racistas, o sea, los mismos racistas que la recibieron con educación y afecto en Expocruz.

Los cientos de racistas que se tomaban fotos con ella y con sus modelos disfrazadas de cholas, los racistas que la aplaudían cuando ingresaba al junte capitalista más importante del país.

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

Yo lo vi…

Eran simpáticas y amables las modelos disfrazadas de cholas alteñas; las vi entre la bullanga que hacían, porque mi mini stand de libros  estaba frente al Pabellón de El Alto y ahí, junto a las cholas vi a Chiquiño Oyola, Gabriel Peralta, Roger Romay, Tuffi Aré y Roger Cuéllar, sintiéndose choleros por primera vez en sus exitosas vidas.

Solo faltó Hugo Salvatierra, Gato con botas y Jorge Robles pa completar el grupo de galanes cruceños.

Pero bueno…

La cosa es que mi asiática me besaba el pescuezo, mientras me decía entre amorosos gemidos:

– «Wǒ de nánrén», «Wǒ de nánrén»…

No puej, mucha cosa.

Cuando de repente, elay.

Alguien golpeó la reja.

Era un patichi vecino, parecidingo a Carlos Langa, pero este es aopau.

Ni modo.

– Don Escribidor,  préstame doscientos pesos hasta mañana, me cortaron la luz.

-dijo afligido.

No puej…

Me rasqué el pescuezo que un ratingo antes besuqueaba mi asiática diciendo, «Wǒ de nánrén», «Wǒ de nánrén»

– ¿Sabe qué pasa?, tenían que pagarnos hoy pero se atrasaron. Usted sabe, estoy esperando un ítem en la Alcaldía pero hasta ahora nada…

– ¿Y de qué le van a pagar si aún no trabaja?

-pregunté intrigado.

– Ahhh, es que…

– Nos llevaron a poner la wiphala en la Gobernación y mientras yo recogía las escalera pagaron a los otros y el que pagaba se fue. Pero me dijeron que me pagan mañana.

Lo miré y extrañamente no sentí rabia.

El hombre me inspiró pena.

Pena por tanta gente pobre, inculta y sin esperanza como él, gente utilizada para tan nefastos fines políticos mientras los jefes se dan la buena vida.

Pero…

– No tengo para prestarle, la verdad.

– También espero que me paguen, es fin de mes y los gastos se juntan. Iría y colgaría una bandera del Patujú en El Alto, pero nadie paga por eso…

-le dije al wiphalero.

– ¿Y unos veinte?, es que mañana iré a cobrar, es pa mi pasaje.

-dijo ya en tono de súplica.

Ni modo.

El patichi se fue y yo volví donde me esperaba la asiática.

– ¿Que quería tu amigo?

– Nada importante,  unos datos para la tarea de su sobrina.

-respondí.

– ¿No te parece raro, que siendo ya mayor no tenga hijos?

-se me ocurrió preguntar.

– No te olvidés que es rengo.

-dijo mi hermosa con cara e pícara.

– ¿Y eso qué tiene que ver?

– Tiene que ver, acordate que «quien mal anda, mal acaba»

-me respondió guiñándome un ojo.

Iba yo a decir algo, pero fue tarde.

Ya la tenía prendida, besándome el pescuezo y repitiendo una y otra vez…

– «Wǒ de nánrén», «Wǒ de nánrén»…

…Mientras tanto, la tele difundía las imágenes del pelau que quiso poner la bandera del Patujú en Plaza Murillo y nica lo dejaron.

Life is life…