Diez años de Febrero Negro, el principio del fin del gonismo


La revuelta empezó con un impuesto al salario y terminó en masacre. Memoria. Un impuesto al salario decretado por Gonzalo Sánchez provocó el enfrentamiento de militares y policías. La población tomó revancha con los partidos.

imagePágina Siete / La Paz

La “Casa de la Democracia”, la vieja sede de ADN nunca se restauró y ahora es del Estado. Archivo Página Siete.



Hace diez años, la población dio su veredicto hacia los partidos políticos con la quema de sus sedes, mientras la Policía se enfrentaba contra unidades del Ejército en plena plaza Murillo. Sucedió entre el 12 y 13 de febrero, fue el principio del fin del gonismo.

Una década después, las fuerzas políticas que se alternaron en el poder entre 1985 y 2003 están muy lejos de sus días de gloria y un nuevo partido se convirtió en el más grande de Bolivia. Aquella revuelta contra la administración de Gonzalo Sánchez de Lozada fue la antesala de la caída de éste en octubre de 2003.

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El entonces jefe indiscutible del Movimiento Nacionalista Revolucionario llevaba apenas seis meses y seis días como Presidente de la República. Su victoria electoral había sido apretada, muy cerca quedó Evo Morales que sorprendió a todos con una votación que ninguna encuestadora había logrado anticipar.

“Recordamos el anuncio de la medida antipopular: el impuesto a nuestros salarios. Los policías no aceptaban cómo ganando tan poco les iban a hacer otro descuento. Comenzaron a agruparse y se pidió al poder político que nos escuche. Como no nos hicieron caso todo derivó en un motín. Quienes estábamos al mando teníamos la jerarquía de mayores y capitanes, y tuvimos que representar a nuestros subalternos”, relata el ex mayor de Policía David Vargas, quien lideró la revuelta de los verde olivo.

“Cuando supimos que los muchachos del (colegio) Ayacucho salieron a protestar y eran gasificados por la guardia de Palacio, los policías decidieron protegerlos. Así comenzó el enfrentamiento. Recibimos como respuesta disparos con armas de grueso calibre y los policías sólo tenemos equipos antimotines y pistolas de reglamento. Vimos caer a nuestros camaradas y a gente civil. Así se desató la masacre”, manifiesta Vargas.

Tres decenas de personas, entre militares, policías y civiles, fallecieron en aquellas fechas.

“No era el impuestazo, era la partidocracia. El decreto supremo de Goni, que fue ideado y elaborado por alguien que ahora está muy arriba en el Gobierno, era sólo el detonante que soltó la furia de la población contra un aparato burocrático corrupto”, relata Martín Rivas, uno de los activistas que fue parte de las protestas hace una década.

Mientras los cuerpos de seguridad del Estado se enfrentaban, las movilizaciones cercaron la plaza Murillo y después apuntaron hacia las sedes de los partidos. Las casas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, Acción Democrática Nacionalista y el MNR fueron quemadas y saqueadas por la noche. La Vicepresidencia también fue ocupada por la gente e incendiada.

Apenas unos meses después, un nuevo levantamiento cercaría al Gobierno y doblegaría a las Fuerzas Armadas. El 17 de octubre de ese año, Gonzalo Sánchez de Lozada escaparía en un helicóptero a Santa Cruz y después a Miami, Estados Unidos.

En la elección siguiente (2005), Evo lograría la mayoría absoluta de los votos y comenzaría su ciclo. Los partidos políticos “tradicionales” no pudieron levantar cabeza desde aquello que empezó hace diez años.