Barça destrozó a Milan 4-0


CampnouFue una primera parte del Barça espléndida, soberbia, a la altura de lo que esperan quienes desde un primer momento confiaban en la remontada. Un guión de noche mágica, con mucho realismo, poca comedia y algún que otro proyecto de drama que se quedó en ello. El Milan aceptó el rol de muro, pero con resquicios. Roura ya lo avisó en la rueda de prensa previa. “No hay que perder la cabeza”, proclamó a los cuatro vientos el de Llagostera. Como se esperaba, apostó por una defensa de tres para fijar a Alves en esa zona de ataque que pisa hasta cuando no debe hacerlo.

Esta vez, estaba programado. Con él, Pedro y Villa, mientras que Messi era la punta más adelantada de un rombo que guardaba Sergio Busquets, con Xavi e Iniesta moviendo la máquina. Enfrente, un Milan agazapado, a verlas venir y a achicar como fuera. Massimiliano Allegri no quería ni imaginarse que su planteamiento se viniera abajo al menos en los primeros minutos. Pero fue así. El Camp Nou empujaba y empujaba a un Barça que contestó de la mejor manera. Pared entre Messi y Xavi y disparo del rosarino a la escuadra de un Abbiati que emuló al portero brasileño Valdir Peres en el Mundial de España¿82 haciendo la estatua.

Primer cañonazo a la línea de flotación de un Milan que tardó siete minutos en cruzar el centro del campo con el balón controlado. El Barça no podía confiarse porque los lombardos iban a apostar por las contras para buscar un gol que complicase la vida a los de Roura, pero la primera llegada de El Shaarawy, a los ocho minutos, fue fácil para Valdés. La cosa pudo ir mejor para los barcelonistas si el árbitro húngaro Viktor Kassai hubiera apreciado un empujón de Abate a Pedro en el área milanista. O si Abbiati, esta vez acertado, no hubiera rechazado una volea de Iniesta o Messi, en el rechazo, hubiera cabeceado a la portería y no al exterior de la red. Agobio total del Barça, enloqueciendo a los fieles.



El balón prácticamente no salía de campo milanista, con un Barça percutiendo, bombeando, penetrando, taladrando lo que podía. Otro chut de Xavi desviado por Abbiati precedió a la primera amarilla del partido, ganada a pulso por Boateng. Mientras, Flaimini, con un corte en la cabeza, era vendado aparatosamente en la banda. Pero el Milan sabía que podía hacer daño a la contra. El italo-egipcio El Shaarawy tuvo un par de oportunidades, poco antes de que el miedo hiciera la ola por la grada. Fue un error de Mascherano que Niang aprovechó para plantarse solo ante Valdés y superarle con su disparo. Sin embargo, la suerte también salió a jugar y el balón se fue a la base del poste. Fue un susto.

Un susto que tuvo final feliz ya que solo un minuto después, Iniesta recuperó un balón ante Ambrosini, envió a Messi y el argentino, tras prepararse el balón, puso boca abajo el Camp Nou fusilando otra vez a Abbiati. Era el guión soñado, el escenario perfecto. Antes del descanso, la eliminatoria estaba igualada. Y lo mejor era la sensación que estaba dando este Barça. Era la imagen de las mejores noches.

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