Si algo puede decirse a ciencia cierta del neopopulismo, es que es tragicómico. Por una parte, este modelo político es creador de serios problemas, que tienen que ver con la desinstitucionalización, la ruptura de la independencia de poderes, las amenazas a la prensa libre y el prebendalismo.
Por otra parte, es innegable que los caudillos de esta corriente son una fuente inagotable de disparates y, por lo tanto, una fértil cantera para el humorismo.
Recientemente, dos de los presidentes del bloque de la ALBA nos han descoyuntado la mandíbula a los latinoamericanos, con frases que pasarán al anecdotario continental.
Uno de ellos fue el “presidente encargado” de Venezuela, Nicolás Maduro, quien preocupado por la pérdida de ventaja frente a su contendor opositor, Henrique Capriles, apeló a la más burda manipulación supersticiosa tratando de revivir el “efecto condolencia” provocado por la muerte de Hugo Chávez.
Según Maduro, Chávez se le apareció místicamente bajo la especie de un “pajarillo chiquitico” que le cantaba, súbita revelación con la cual el candidato “bolivariano” pretende contener la caída del socialismo mágico del siglo XXI.
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El otro fue el presidente uruguayo, José Mujica, quien supuestamente sin saber que estaba frente a un micrófono abierto, dijo de la presidenta argentina que “esta vieja es peor que el tuerto”, comparándola con su difunto marido y ex mandatario, Néstor Kirchner.
En este segundo caso, la incontinencia verbal está relacionada con un tema de fondo: el incremento del proteccionismo por los regímenes de la ALBA…