
El 1 de abril de 2002, Países Bajos fue el primer país de mundo en autorizar la eutanasia, siempre que haya un “sufrimiento o un dolor insuperable e insoportable”. El debate se ha centrado en los últimos años en cómo avanzar en la legislación para dar acceso a más personas al “buen morir”.
Eutanasia. Del latín “el buen morir” y de la realidad “poner fin a una vida con ayuda de un médico”. Una práctica que Países Bajos ejerce legalmente desde hace dos décadas. En 2002 entró en vigor una ley que resultó de un largo debate político y social para que la eutanasia deje de ser punible, siempre y cuando se cumplan unas condiciones muy claras.
“¿Por qué llamarlo un acto criminal?”
“Si no le hace daño a la sociedad, ni a ningún otro derecho, excepto quizás la parte religiosa, ¿por qué llamarlo un acto criminal? Si es mi convicción que esto debería estar permitido, ¿por qué dejarlo en el código penal como algo cercano al asesinato?”, dice Jacob Kohnstamm, director de los comités que vigilan el cumplimiento de la ley de la eutanasia en Holanda.
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Kohnstamm explica que el paciente es quien tiene que solicitarla claramente y por escrito, en pleno uso de sus facultades. Se aprobará la solicitud siempre que haya un “sufrimiento o un dolor insuperable e insoportable”, al que no se puede poner fin con cuidados paliativos, y contando con una segunda opinión especializada.
“Entonces el médico siempre le dirá: se entiende que tu sufrimiento es insoportable o casi insoportable, pero también podemos hacer algo para aliviar ese sufrimiento, más que la eutanasia. Todo depende del paciente, del médico, y de la situación médica, que, si se predice que se va a deteriorar muy rápido, entonces los cuidados paliativos no son de ayuda”, precisa Kohnstamm.
Papel de los médicos
Pero la eutanasia sólo es legal si la practica un médico autorizado. El suicidio asistido por familiares y sin el seguimiento de un profesional está penado. Ese fue el caso de Albert Heringa, un holandés de 80 años que ayudó a su madre a morir en 2008 mezclando una cantidad letal de pastillas en su yogur.
Recibió una pena de seis meses de cárcel y todavía hoy lucha en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos contra esa sentencia. Rodeado de una pila de papeles en el salón de su casa, con dificultades para hablar, explica que “la ley en Holanda sobre la eutanasia depende demasiado en el deseo y la indicación personal de los médicos”.
El debate se ha centrado en los últimos años en cómo avanzar en la legislación para dar acceso, por ejemplo, a ancianos que consideren que han completado su vida, aunque sólo tengan achaques relacionados con la edad.
En una encuesta encargada por el gobierno, 10.000 de 21.000 holandeses mayores de 55 años quieren esta opción. Los opositores piden luchar contra la soledad y no excluir de la sociedad a los más mayores, para que no tengan que recurrir al suicidio asistido.
