«Hoy la democracia es más bien ‘1 euro, 1 voto’, que ‘1 ciudadano, 1 voto’”: Julia Cagé


Julia Cagé 16

Julia Cagé 16 © Fayard

El alto costo de organizar una elección favorece a los ricos, pues son ellos quienes sufragan buena parte de los gastos a través de donaciones, explica Julia Cagé en entrevista exclusiva con RFI. La reconocida investigadora francesa, quien acaba de publicar ‘El precio de la democracia’, explicó a Orlando Torricelli sus propuestas para evitar que la democracia quede en manos de unos pocos.

Cuando resta una semana para la primera vuelta de las presidenciales en Francia, la pregunta por la financiación de las campañas electorales en los sistemas democráticos occidentales cobra gran actualidad.



Sobre todo, porque en la recta final de la campaña presidencial francesa, la polémica sobre el recurso excesivo de Macron y su gobierno a las consultoras, ha reactivado su imagen de presidente de los ricos, frenando la dinámica que llevaba en las encuestas.

Organizar una elección tiene un alto costo que el candidato, una vez alcanza el poder, deberá compensar a sus principales donantes, explica Julia Cagé.

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RFI: Su libro se titula «El precio de la democracia». ¿Por qué? ¿Se refiere a un valor simbólico o a un valor material y concreto?

Julia Cagé: La democracia, recordemos, tiene un costo, lo cual no es un problema en sí mismo. Organizar elecciones cuesta dinero, pues hay que montar mítines e imprimir carteles para informa a los ciudadanos. Ese costo no puede ser, sin embargo, ilimitado, como sí es el caso en Estados Unidos. Si bien es normal pagar para que los electores conozcan el programa de los candidatos, hay que regular, limitar los gastos y la publicidad.

También hay que incluir los gastos de los partidos políticos, el arriendo de las sedes y los locales de las permanencias, el hecho de producir ideas, programas. Todo eso cuesta dinero. La democracia no es gratuita. La pregunta es ¿quién paga por todo eso? ¿Quién paga por la democracia ?

Yo hago un paralelo con los medios de comunicación: a todos nos gusta consumir información, pero cuando se le pide dinero a la gente, por lo general rehúsan suscribirse a los medios o pagar el impuesto audiovisual. También se oponen a las ayudas públicas y no se interrogan sobre quién paga para que ellos puedan consumir «gratuitamente» la información.

Por eso hay millonarios dispuestos a gastar su propio dinero para producir la información que la gente consume gratuitamente y de cierta manera «capturar» el sistema mediático.

El precio de la democracia

RFI: Los partidos encarnan el sistema político. ¿Cómo se financian esos partidos? ¿Hay un modelo común? ¿Que problemas conlleva esto?

Julia Cagé: Para los partidos políticos las dos grandes fuentes de financiación son el público y el privado. Hay países donde no existe el financiamiento público, pero en todos hay una parte de financiamiento privado, más o menos regulado.

En el financiamiento privado hay diferentes elementos como la cotización de los adherentes y las donaciones. Las donaciones pueden provenir de individuos o de empresas, y ahí vemos muchas diferencias entre los países, en función —no de rasgos culturales o preferencias nacionales— sino de la regulación.

Por ejemplo, en Alemania y el Reino Unido las empresas tienen derecho de financiar los partidos políticos, lo que se practica masivamente. Hay una gran diferencia con Francia y en Bélgica, donde las empresas no tienen derecho de financiar un partido político.

Otra diferencia entre los países es la existencia de un límite a las donaciones individuales. Nos damos cuenta de que donde existen menos límites a las donaciones autorizadas, la tendencia es un sistema democrático y un financiamiento de los partidos que está «capturado» preferentemente por los más ricos.

Julia Cagé Autor De «El Precio De La Democracia»


Julia Cagé sobre la financiación de los partidos políticos

RFI: ¿Cómo opera eso que usted llama «captura»  del sistema político? ¿Tienen algo que ver las donaciones privadas en la medida en que los políticos adquieren una especie de deuda hacia los donantes?

Julia Cagé : El problema no es que existan donaciones privadas. Si todos contribuyen con el mismo monto, sería como tener para una elección muchos pequeños donantes en un pie de igualdad. El problema es que cuando hay un financiamiento privado, por ejemplo, en un país como Francia, donde el límite es relativamente bajo, 7.500 euros, vemos que la mayoría de las donaciones privadas a ciertos partidos son aportes de un pequeño número de individuos.

Eso significa que la clase política pasa mucho tiempo intentando conseguir recursos, dedican demasiado tiempo a los eventuales donantes. Esto es algo muy bien documentado en el caso de los Estados Unidos con Barack Obama.

La gente con la cual los políticos discuten diariamente no son el ciudadano de la calle, sino la que hace parte de las categorías más favorecidas.

La gente con la cual los políticos discuten diariamente no son el ciudadano de la calle, sino el que forma parte de las categorías más favorecidas. Son ciudadanos que tienen los medios para contribuir financieramente a sus campañas, eso también ha sido demostrado. Por lo tanto, los hombres y mujeres políticos, tienen tendencia a responder a las preferencias expresadas por los ciudadanos que contribuyen a sus campañas en lugar de hacerlo con la mayoría de la población.

RFI: Además las donaciones, como usted explica en el libro, dan derecho a interesantes deducciones fiscales…

Julia Cagé : Así es. Y eso es escandaloso. Cuando yo cuento esto en mis conferencias me doy cuenta de que la gente no está enterada.

La gente no sabe que cuando una persona dona 6.000 euros a un partido político, el Estado le reembolsa 4.000 euros.

El sistema consiste no solo en la existencia de reducciones fiscales asociadas a las donaciones. En la práctica, son reducciones de impuestos que solamente benefician a los ciudadanos que pagan impuestos sobre los ingresos, es decir, el 43% de los más ricos.

Alguien que forma parte de la mitad de los franceses más modestos, que no tiene por supuesto los medios para donar 6.000 euros, dona 100 euros, le costará, en cambio, 100 euros. No tiene ninguna deducción fiscal.

En cambio, si forma parte de los más ricos, cuando haga una donación de 6.000 euros a un partido político, el Estado —es decir el conjunto de los ciudadanos— va a pagar 4.000 euros en su lugar. Es decir, solo 2.000 euros saldrán realmente de su bolsillo. Es, en realidad, un sistema antiredistributivo, regresivo desde un punto de vista fiscal. Es un sistema en el que se gasta más dinero para satisfacer las preferencias políticas de los más ricos.

RFI: Lo que voy a decirle puede sonar brutal, pero podríamos afirmar que son los pobres que pagan por los ricos.

Julia Cagé : Exactamente, son los más pobres que pagan para satisfacer las preferencias políticas de los más ricos.

RFI: Su libro aborda la financiación legal de los partidos políticos, pero también cabe suponer que existe un financiamiento ilegal, como lo demuestran regularmente los escándalos revelados por la prensa.

Julia Cagé : Sí, es evidente, pero yo trabajo sobre los datos existentes. Para el libro recopilé datos sobre Francia, Estados Unidos, Reino Unido, Italia, España y Alemania. El investigador universitario, a diferencia del periodista, está limitado por los datos disponibles y su trabajo termina donde comienza la investigación periodística.

Por ejemplo Fabrice Arfi de Mediapart hizo una excelente investigación sobre el financiamiento libio de la campaña de Nicolas Sarkozy. Está claro que todo de dinero no está hoy sobre la mesa y el financiamiento oculto existe.

Incluso si examinamos solamente las actividades legales, asistimos a un fenómeno de captura de la democracia por parte de los más ricos. Si además contabilizáramos los financiamientos ilegales, sin duda el fenónemo sería bastante peor.

RFI:  En algunas ocasiones vemos a grandes empresas hacer donaciones a los dos candidatos más opcionados para ganar una elección. ¿Por qué? 

Julia Cagé : Sí, juegan a ganar con cualquier resultado, es prácticamente como comprar una poliza de seguro. En el caso de Alemania, es particularmente evidente porque tenemos todos los datos y podemos ver quién dona a qué candidato. Los mayores donantes son empresas del sector automotriz, de la industria farmacéutica y tabacaleras como Philippe Morris. Cuando los vemos hacer las donaciones, además de los montos y los destinatarios, también figuran las fechas y hay un día preciso del año en que envían cheques a los diferentes partidos, cubriendo todo el espectro político.

RFI : A propósito, Alemania es uno de los pocos países que no dispone de una ley antitabaco, tal vez sea una casualidad, pero es legítimo hacerse la pregunta después de lo que usted ha dicho.

Julia Cagé : Exactamente, recordemos también el caso Dieselgate, etc. Vemos claramente que lo que hacen las grandes empresas no es para favorecer a un candidato respecto a otro, sino más bien  comprar un seguro, poco importa quién gane la elección. La cuestión es no sufrir una excesiva regulación en su sector de actividad económica.

RFI : ¿Cree  que esta captura del sistema democrático por parte de los más ricos haya contribuido a la crisis de la representatividad, ese «extrañamiento» ciudadano respecto de  las instituciones y líderes  políticos del cual se habla mucho últimamente?

Julia Cagé : Si, me parece bastante evidente. En parte es la cuestión del financiamiento que hace que hoy, en la práctica, la democracia se asemeja más a «un euro un voto» que a «una persona un voto».

Es evidente que ese financiamiento del sistema democrático por los más ricos hace que los políticos, una vez elegidos, tengan tendencia a responder sobre todo a las preferencias de ese sector.

De modo que con toda razón los más modestos no se sientan representados, y como no se sienten representados por las élites políticas, deciden dejar de votar, porque existe una especie de sentimiento de impotencia respecto al juego democrático.

RFI : ¿Observa usted que las cosas mejoran, que hay cambios sustanciales en las últimas décadas? Porque antes el sufragio no era, realmente, tan universal, votaban sobre todo las capas más favorecidas.

Julia Cagé : Escribí un pequeño libro que se llama «Libres e iguales en derecho» (no traducido en español) que recuerda precisamente eso: cuando se inventó, el sufragio universal no tenía nada de universal, era un sufragio censitario —sin hablar de las mujeres porque era masculino— siempre fue organizado gracias un censo, sea en Francia, Reino Unido y muchas otras democracias.

Es decir que había que tener suficientes ingresos o riqueza, o ambos, para presentarse y/o poder votar, solo poco a poco fue haciéndose verdaderamente universal. Pero sin instaurar reglas que impidieran a los ricos seguir teniendo la ventaja financiera sobre el sistema democrático.

Ahora funciona sin duda mejor que en el siglo XVIII, pero ha mejorado mucho más lentamente de lo que hubiera sido necesario.

Tampoco ha sido un progreso lineal. Por ejemplo,

en Estados Unidos todas las grandes regulaciones sobre la financiación de la vida política datan de entre 1971 y 1974, luego se fueron desmantelando.

En el libro describo las decisiones de la Corte Suprema en este sentido, especialmente la última, la Citizen United en 2010, que cambió completamente las reglas del juego.

En Italia ocurre un poco lo mismo, en 1974 se introduce la financiación pública de los partidos políticos que luego terminó por desaparecer completamente en 2014, luego la situación se ha degradado.

En el caso de Francia o Bélgica, la regulación interviene bastante tarde, entre 1988 y 1990 respectivamente, en España la regulación de la financiación de la vida política es más estricta y la prohibición de donaciones de empresas data de 2014.

En Brasil también es relativamente reciente, a causa de los escándalos. No es una historia lineal donde todo mejora o se degrada, hay idas y vueltas, choques históricos. Se trata de comprender lo que funciona y lo que no ha funcionado para mejorarlo.

RFI: En Europa se piensa a menudo que en los Estados Unidos hay mayor transparencia en la materia. ¿Es así ?

Julia Cagé : Efectivamente, en Estados Unidos durante un largo período, hubo una gran transparencia en materia de donaciones, porque desde los años 70 existía la idea de que había que poner a disponibilidad de la Federal Election Commission (FEC) todas las donaciones superiores a 100 dólares. Trabajé mucho sobre esos datos que están disponibles y cubren decenas de años.

Después, sin embargo, la transparencia se ha ido degradando como consecuencia de la Citizen United. Ahora hay un sistema llamado «Super Pac’s» (Political Action Committee) que recibe donaciones sin fijar límites. En la práctica son organizaciones que funcionan como una especie de velo entre los donantes y el partido receptor. Por eso es cada vez más difícil saber quién financia qué en Estados Unidos. Ahora las empresas pueden esconderse para realizar donaciones, antes no podían hacerlo. Sin duda el sistema anterior era más avanzado que en Francia.

RFI : En los Estados Unidos la prensa publica la lista de donantes a la elección presidencial mientras que en Francia no es así. ¿Qué implicaciones tiene esto ?

Julia Cagé : Si, hoy existe un problema en Frania. Antes hubo cierta transparencia, al menos entre 1988 y 1995, cuando las donaciones de empresas estaban autorizadas. En ese momento bastaba publicar la identidad del donante. Resulta curioso examinar los datos históricos porque vemos quiénes eran los donantes: el sector de la construcción como Bouygues o la Lyonnaise des Eaux hacían donaciones a todos los partidos. Cabe interrogarse sobre sus motivaciones y eventuales atribuciones de obras públicas.

Cuando se prohibieron las donaciones de empresas en 1995 —lo que es bueno— no se introdujo la transparencia sobre la identidad de los donantes. Esa transparencia es uno de los puntos que yo preconizo.

En Estados Unidos conocemos la identidad de los donantes. En el Reino Unido conocemos la identidad de los donantes. En Brasil y en India, también. En Italia y en Alemania tenemos los nombres. Pero en Francia, en cambio, no tenemos los datos. Esto me parece aberrante. Ante la ley, son consideradas como donaciones de carácter privado. Me parece que hay que modificar la ley.

RFI : Además, son un pequeño número de donantes, pero que contribuyen de manera decisiva en una elección.

Julia Cagé : En Francia se decide una elección por un margen estrecho. Si un candidato llega a la segunda vuelta de la presidencial, no puede gastar más de 20 millones de euros, de los cuales 10 millones son reembolsados por el Estado.

La diferencia con su contrincante se plantea sobre los 10 millones de euros restantes, sabiendo que los más ricos pueden dar hasta 7.500 euros al partido, un matrimonio el doble, es decir 15.000. Además, cada uno puede dar 4.600 a la campaña, 9.000 entre los dos, así llegamos casi a 25.000 euros.

En consecuencia, unos pocos centenares de parejas van a donar entre 25 y 30 mil euros que suman los 10 millones para hacer la campaña. Incluso si los límites son relativamente bajos —en Estados Unidos son miles de millones— bastan solamente algunos centenares de personas que aporten 25 o 30 mil euros para que esas personas tengan un peso determinante en la victoria electoral.

Cada cinco años los franceses eligen un presidente República.
Cada cinco años los franceses eligen un presidente República. AFP – LUDOVIC MARIN

RFI: ¿Significa eso que el candidato elegido podría sentirse en deuda hacia esos generosos donantes?

Julia Cagé : De cierta manera sí, porque gracias a ellos ha sido elegido, pero no se trata de corrupción. No es un fenómeno de corrupción porque no está regulado.

En Estados Unidos no se regulan las donaciones porque para que las donaciones sean reguladas, tendría que haber un «quid pro quo corrupción», es decir una contrapartida clara de un bien por un servicio. La prueba de que si dono 5.000 dólares a un candidato, éste va a aplicar tal o cual política, pero no ocurre de esta manera.

Si tomamos un candidato como Emanuel Macron que hizo lo esencial de su campaña para conseguir fondos en Londres y Estados Unidos —consiguió más fondos en la City de Londres que en el conjunto de las grandes ciudades francesas— eso dice claramente de donde viene el dinero, a quien habla y a quien escucha el candidato y por ende cuales son las preocupaciones expresadas.

Si usted hace campaña en la City escuchará las preocupaciones de la gente de la City, que dirá que el problema en Francia es el impuesto sobre la fortuna (ISF) y en general los impuestos, en consecuencia, una vez elegido buscará suprimir esos impuestos.

Si el candidato pasara más tiempo hablando y escuchando a la gente más modesta, seguramente ellos expresarían otras preocupaciones.Como por ejemplo inquietud por la supresión de las ayudas al alquiler o la sensación de que el sueldo no les alcanza para llegar a fin de mes. Eso explica, por ejemplo, fenómenos como el de los «chalecos amarillos».

RFI: Usted también ha investigado sobre el caso de Brasil, ¿qué le ha llamado la atención sobre el financiamiento de la democracia en ese país ?

Julia Cagé : He investigado algo sobre el tema, pero es prematuro hablar en detalle. Lo interesante hoy en América Latina es lo que está ocurriendo en términos de regulación y de introducción de financiación pública como consecuencia de los escándalos de corrupción.

Siempre ha sido así, en Canadá en 1974, lo mismo en Estados Unidos, en Italia, o en Francia en 1988, fue después del escándalo Urba que se introdujo el financiamiento público.

En Brasil este proceso interviene después del escándalo Petrobras que tocó no solamente Brasil, sino también a otros países de América Latina. De modo que podemos esperar que de un mal surjan mejoras y se logre introducir el financiamiento público.

Lo interesante en el caso de Brasil es que todo eso va acompañado de políticas incitativas para una mayor representatividad de las mujeres y de las minorías. Hay incentivos en materia de financiamiento público para los partidos que presentan mayor número de mujeres o de candidatos procedentes de las minorías, veremos qué impacto van a tener. Es el primer país que hace algo así y seguramente se podrán sacar lecciones para el futuro

RFI : En su libro hace un diagnostico muy incisivo, con cifras detallas, pero también incluye algunas proposiciones.

Julia Cagé : Sí, porque no sirve de nada limitarse a las constataciones. Una amiga que leyó el libro me dijo: «Es realmente deprimente, pero finalmente se ve una luz». Es así que intenté escribirlo, presentar los hechos, constatar el problema y también reflexionar sobre posibles soluciones.

El punto de partida es que la democracia tiene un precio

el problema es que ese costo lo pagan los ricos y esto les permite capturar la democracia en función de sus preferencias.

Yo propongo, además, limitar las donaciones a 200 euros anuales por individuo, los Bonos por la Igualdad Democrática (BED en francés).

Es decir, como la democracia tiene un costo, hay que buscar cómo financiarla. Decíamos que las preferencias políticas de los más ricos las financiamos con reducciones fiscales, propongo distribuir ese dinero de manera equitativa, el mismo monto anual a cada ciudadano, que podrá donarlo libremente al partido político que él elija gracias a esos bonos.

Eso tiene varias ventajas. La primera es que se trata de un sistema igualitario, que da el mismo monto a cada ciudadano, poco importan sus ingresos.

La segunda propuesta está relacionada con el actual sistema de financiamiento en la mayor parte de las democracias occidentales, el cual se basa en general en los resultados de las últimas elecciones, lo cual fija la vida política por períodos de cuatro a cinco años.

Esto hace que si una agrupación obtiene una alta votación en 2017 estará muy bien financiada hasta 2022, pero si no existía en 2017 no podrá obtener financiamiento público sino a partir de  2022.

La vida política no pueda verse congelada por largos períodos, porque surgen nuevos movimientos y emergen nuevas fuerzas.

Con el sistema que yo propongo, se anualiza el financiamiento de la democracia y también se permite la emergencia de nuevos actores o movimientos políticos.

Radio Francia Internacional