Las elecciones de hoy


Manfredo Kempff Suárez manfredo-kempff-21Hugo Chávez está muerto desde hace mucho, pero, sin embargo – ante la nulidad política de Nicolás Maduro –, continúa siendo, desde la tumba, el real candidato oficialista a fuerza de ser resucitado de manera insólitamente milagrosa por los chavistas. Como en algunas de las narraciones garciamarquianas, quien postula a la presidencia venezolana, es un fantasma que cometió tropelías en vida y que, sin embargo, un enorme porcentaje de ciudadanos lo adoran más allá de la muerte. La campaña electoral de Maduro se ha basado, casi exclusivamente, en exaltar la figura del difunto. No se ha oído, como en otras elecciones, que Maduro hubiera expuesto seriamente ideas sobre los temas que agobian a Venezuela luego de la desastrosa gestión de Hugo Chávez. Curiosamente, el pueblo es tan cándido, está tan dramáticamente seducido por lo que fue el Comandante, es tan ignorante en asuntos políticos como sucede a menudo en otras democracias, que justamente apoya a los herederos de quién causó los peores daños a la patria del Libertador.Para el joven candidato opositor Henrique Capriles, luchar contra Maduro es una cosa, pero luchar contra el espectro intocable e impalpable de Chávez es otra muy distinta. Ya se sabía que tendría en su contra al difunto celestial; justamente sobre quien resultaría contraproducente e imperdonable expresar una censura abierta porque produciría reacciones negativas a su candidatura. Así que Capriles ha tenido que actuar con tino y disimulo para hacer notar al pueblo chavista que Chávez no era ni un dios, ni que era infalible, ni menos la reencarnación de Bolívar, pero, además, que Maduro es un inepto y que no tiene ninguna condición para gobernar y sacar a Venezuela del profundo marasmo en que la dejó la llamada Revolución Bolivariana. Hoy sabremos si con tantas dificultades en el camino el político opositor ha logrado algo.Nicolás Maduro se define como un producto del pueblo y en realidad lo es. Aunque por ser producto del pueblo no tendría por qué ser precisamente un ignorante. De chofer de metro, pasó a liderar sindicatos del transporte y con Chávez llegó a ejercer como canciller y vicepresidente. Fue de una lealtad perruna y tuvo su premio: convertirse en el delfín. Capriles, inversamente, es un profesional abogado, que ganó su banca en el parlamento, obtuvo una alcaldía a través del voto, y ha vencido las veces que quiso en la Gobernación del importante Estado de Miranda. Al haber tenido, además, actividad empresarial dentro de su familia, se puede definir a Hernique Capriles como un estadista, hombre de Estado que difícilmente se le puede atribuir a Maduro.Mientras que Maduro solo alaba desmedidamente a Chávez declarándose hijo suyo (esta parece ser la única estrategia del oficialismo), sin la menor intención de aceptar un debate con su adversario por temor a ser vapuleado, Capriles ha demostrado ser un abierto partidario del modelo económico brasileño y ha manifestado que llevará a cabo un Gobierno de unidad nacional, sumando a los chavistas que estén dispuestos a enmendar errores. En cuanto a peso específico es indudable que el opositor es mucho más completo que el oficialista, lo que, sabemos por experiencia propia en Bolivia, no significa que vaya a obtener mayor votación. Muchas veces el voto emotivo de las masas se acerca más a los ignorantes, porque, como pueblo llano, se identifican con ellos.En todo caso, si bien el engendro de Chávez es amplio favorito en las elecciones de hoy, habría que aguardar cordura en los electores, no dar por hecho que un fantasma gane unos comicios, y no desestimar un triunfo de Capriles que sería salvador para Venezuela y que causaría un inmenso revuelo en toda América. Queda por ver todavía un escollo más a Capriles, y es cómo se comportará el Concejo Nacional Electoral, de dudosa credibilidad, al que diversos ex mandatarios latinoamericanos le han clamado honradez.El Deber – Santa Cruz