Venezuela. Capriles no reconoce la victoria de Maduro. El tribunal electoral da la victoria al heredero del líder bolivariano por solo el 1,5% de los votos. El chavismo pierde más de 600.000 votos desde la última elección, en octubre pasado
El ilegal «voto asistido» y otras irregularidades de las elecciones venezolanas
abc.es, Madrid
Capriles no reconoce la victoria de Maduro hasta que no se haga un recuento de cada voto. El observador internacional en las elecciones, Agustín Díaz de Mera, asegura que los comicios no se ajustaron a los «estándares internacionales democráticos»
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Las elecciones venezolanas otorgan la victoria por 1,59 puntos porcentuales a Nicolás Maduro, que consiguió el 50,66% de los votos frente al 49,07% de Capriles, lo que representa un estrechísimo margen de poco más de 200.000 votos de diferencia. Pero desde varios frentes se están denunciando irregularidades en los comicios celebrados hasta el punto de que el propio candidato opositor, Henrique Capriles, no reconoce la victoria del candidato chavista y exige un recuento de «cada voto».
Al menos nueve colegios electorales habrían cerrado antes del horario fijado por el Consejo Nacional Electoral, según publica «El Nacional» venezolano, de acuerdo con un informe de cinco organizaciones no gubernamentales de defensa del voto. En dos colegios electorales, según este medio, incluso sólo dejaron entrar a militanes del Psuv.
El candidato de la oposición, Henrique Capriles, ha anunciado que no reconocerá el resultado «hasta que se cuente cada voto». El opositor ha denunciado 3.200 irregularidades durante el proceso electoraral y por eso pide la revisión de cada voto. «Si sumas las irregularidades y el voto extranjero, además de todas las formas de coacción, hablamos de un proceso distinto. Si usted era ilegítimo, ahora lo es más. Esta lucha no ha terminado», afirmaba Capriles.
El diario «El Comercio» ha publicado un vídeo que circula en la red en el que se observa como militantes del partido chavista ingresan en las cabinas de votación junto a los electores. Según denunció el director general del Comando Simón Bolívar, Carlos Ocaríz, esta situación «va contra la ley, moral y dignidad de los venezolanos. El voto asistido es sólo para personas enfermas».
El rector del Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela, Vicente Díaz, ligado a la oposición, ha solicitado a su vez, como Capriles, una auditoría del 100% de las papeletas. Díaz apela a que siempre se ha hecho con el 53% de los votos, y que en este caso la diferencia es menor. En todo caso, también indicó que no pone en duda los resultados, pero obedece a la situación de un país «altamente polarizado».
Por su parte, el eurodiputado miembro del PP, Agustín Díaz de Mera, que ha ejercido de observador internacional en las elecciones, ha asegurado en declaraciones a la COPE que los comicios no se ajustaron a los «estándares internacionales democráticos» y que las irregularidades «más denunciadas e identificadas" han estado relacionadas con el "uso y abuso" de los medios públicos y "la inequididad en el acceso a medios de comunicación».
El eurodiputado popular ha apuntado esas 3200 incidencias mencionadas por Capriles y que el candidato tiene la posibilidad de presentar resultados diferentes «absolutamente exactos y fiables», aunque se ha mostrado escéptico respecto a que finalmente se revisen los resultados a pesar del compromiso del presidente electo, Nicolás Maduro, de llevar a cabo una auditoria del 100% de los votos.
Según el observador del PP, el Consejo Nacional Electoral funciona como un «quinto poder» al mismo nivel que los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial (aparte del llamado ‘Poder Ciudadano’) y, por tanto, «tiene mucho peso» en la adopción «de una decisión que le concierne».
Maduro se atribuye la victoria y Capriles no reconoce los resultados
El tribunal electoral da la victoria al heredero del líder bolivariano por solo el 1,5% de los votos. El chavismo pierde cerca de 600.000 votos desde la última elección, en octubre pasado
ATLAS
La noche electoral venezolana se convirtió en una suerte de thriller político. Después de cinco horas de angustiosa espera, el controvertido Consejo Nacional Electoral (CNE) anunció la victoria del heredero de Hugo Chávez, el presidente encargado, Nicolás Maduro, por el 50,66% de los votos frente al 49,07% logrado por el candidato opositor, Henrique Capriles, con el 99,12% de los sufragios escrutados. La mínima diferencia, que la presidenta del CNE, Tibisay Lucena, subrayó que marcaba una “tendencia irreversible”, fue rechazada por Capriles, quién exigió “que se cuenten uno por uno todos los votos”. “El derrotado hoy es usted y su Gobierno, señor Maduro”, clamó el líder antichavista. “Yo no pacto con la mentira ni con la corrupción”, añadió. Los datos oficiales confirman la división de los venezolanos en dos mitades irreconciliables y siembra de incertidumbre el futuro del país.
La última batalla ganada oficialmente por el líder bolivariano después de muerto se resolvió por tan solo 234.935 votos (7.505.338 para Maduro frente a 7.270.403 de Capriles) después de una crispadísima campaña electoral en la que el abuso de los recursos del Estado por parte del partido del poder alcanzó nuevas cotas de desprecio a la formalidad democrática. Maduro no tuvo empacho en celebrar una conferencia de prensa transmitida en directo por las televisiones públicas en medio de la jornada electoral.
Capriles basó su rechazo al resultado en 3.200 irregularidades acreditadas por la oposición durante la jornada electoral. “No luché contra un candidato sino contra el abuso del poder”, subrayó. “Esta lucha no ha terminado. Le digo a Venezuela que esto es un mientras tanto hasta que se conozca la verdad”, afirmó.
El “candidato de la patria”, como llamaba la propaganda oficial a Maduro, habló ante sus partidarios desde el Palacio de Miraflores, en el centro de Caracas, poco después del anuncio de los resultados. “La burguesía creyó que había llegado el final de la historia de la Revolución de Bolívar del Siglo XXI”, se arrancó, “pero Chávez sigue ganando batallas”. “La lucha continúa”, clamó. Más tranquilo, dijo que estaba dispuesto a hablar con Capriles y que el candidato opositor le había telefoneado para que hiciera un llamamiento a la tranquilidad de los ciudadanos. También aseguró que no temía a una auditoría del proceso electoral y que su victoria era tan legítima como las conseguidas por George W. Bush en su primer mandato en 2000 o el expresidente de México, Felipe Calderón, en 2006, que también obtuvieron resultados muy cortos sobre sus rivales políticos. Homenajes a su mentor aparte, Maduro definió la nueva etapa que ahora comienza como la de la “eficacia y honestidad absolutas”.
Sus palabras no podían disimular la decepción entre sus partidarios. Pese a basar toda su campaña en el recuerdo de Hugo Chávez, Maduro ha dilapidado buena parte del capital de su padre político. En las elecciones del 7 de octubre, el líder bolivariano logró cerca de 600.000 votos más que su sucesor. La campaña de Maduro estuvo plagada de errores como confundir ciudades y Estados de su propio país y no tuvo más argumento que la lealtad al líder fallecido, convertido por la propaganda del Gobierno en un santo de devoción popular. La participación fue del 78,71%, ligeramente inferior a la registrada el pasado 7 de octubre, cuando un Chávez gravemente enfermo se impuso a Capriles (55% contra 44%).
Aunque la jornada discurrió sin graves incidentes, las horas de espera de los resultados hicieron subir la tensión al tiempo que portavoces chavistas y de la oposición aseguraban ser los vencedores y no se descartaba la posibilidad de sucesos violentos en la calles. Para las primeras horas de la noche, las redes sociales ardían. Fuentes de la oposición informaron que durante ese tiempo, tuvo lugar un pulso entre los dos bandos, el CNE y otros poderes del Estado. Añadieron que Capriles mantuvo una reunión privada con el alto mando militar sobre las 10 de la noche.
El buen resultado de Capriles, casi 700.000 votos más que el 7 de octubre, debe mucho a un cambio de estrategia respecto de los comicios anteriores. El líder opositor logró sacar de la depresión a sus partidarios tras aquella derrota y la debacle de diciembre en las elecciones regionales, empleando un tono mucho más agresivo. Esta vez no tuvo miedo a hablar de la posibilidad de un fraude y pidió a sus bases que multiplicaran los esfuerzos para no perder un solo voto y vigilaran la limpieza del proceso en los colegios electorales.