La resolución de los indígenas de concurrir a las elecciones del 2014 con su propio instrumento político viene a sumarse a otras similares, de la Central Obrera Boliviana y de los cooperativistas mineros.
Es un síntoma claro de que la alianza social que llevó al MAS al poder se ha fracturado profundamente, demostrando que este partido ya no representa a buena parte de los movimientos antes coaligados.
Nacido como instrumento de los cocaleros del Chapare, en su momento el Movimiento Al Socialismo supo construir una red de alianzas a nivel nacional y crecer hasta la toma del Estado, pero ahora parece haberse replegado a su núcleo duro del Trópico de Cochabamba.
Un efecto de la pérdida de bases populares es el intento del partido de gobierno de crecer en otros electorados, como el de la clase media cruceña, a través de una nueva política de seducción que sustituye al sistemático enfrentamiento con la región.
En el caso de los indígenas, es probable que una fuerza política propia pueda granjearles varias diputaciones uninominales, que se sumarían a las elegidas por circunscripciones étnicas, lo que les permitiría ampliar su bancada en la Cámara Baja…
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