Alfredo Rada acaba de ser posesionado como “nuevo” Viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales (pomposo eufemismo para la injerencia en la vida interna de las organizaciones sindicales, mediante la prebenda y la división).
Su nombramiento constituye otra muestra de lo que ya es una vieja práctica del MAS: el eterno retorno de “los mismos de siempre” en el gabinete.
En efecto, desde el 2006 hemos visto la rotación de las mismas figuras en los distintos cargos, en una suerte de “enroque” político.
Recordemos, por ejemplo, que Rada se desempeñó ya anteriormente al frente del viceministerio al que ahora vuelve, y que luego fungió como Ministro de Gobierno, precisamente cuando fuerzas a su mando acabaron con la vida de varios estudiantes universitarios durante las protestas de La Calancha, en Sucre.
Y que fue también bajo su gestión que se produjo el sangriento operativo del Hotel Las Américas, seguido de su cantinflesca denuncia sobre supuestos “terroristas” que resultaron ser jugadores de airsoft.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
La rotación de “los mismos de siempre” admite varias interpretaciones:
1.Escasez de cuadros. El MAS no tendría a otros funcionarios posibles que los actuales y se negaría a convocar a profesionales independientes.
2.Rosca o nueva oligarquía. Se trataría de un grupúsculo enquistado en el poder para usufructuarlo en función de sus intereses particulares.
3.Hermetismo. Hay muchos “secretos de Estado” que guardar y no se puede llamar a nadie que no pertenezca al “círculo íntimo”.
4.Gatopardismo. Se reestructura el gabinete para fingir movilidad, en una versión de aquella táctica que Giuseppe de Lampedusa llamó “gatopardismo” y que consiste en “cambiar para que nada cambie”.
Lo cierto es que tenemos un “gobierno calesita”, donde una y otra vez dan vueltas los mismos personajes…