Hay tradiciones con menos solera que el dominio madridista en los derbis. Veinticinco partidos después y casi catorce años más tarde nada cambia. Se impone el Madrid de alguna forma ya vista y pierde el Atlético como juraríamos que ya hizo en otra ocasión. Varían los detalles, el tipo de desgracia y el nombre de los goleadores. Varía el nivel del partido. En este caso, entre subterráneo y abisal. Real Madrid ganó 2-1 a Atlétic de Madrid. El Barça ganará la Liga porque tiene a Messi, porque el Madrid ha hecho el borrico y por inercia.
Ayer, en su despedida de San Mamés, el equipo blaugrana perpetró un partido impropio de un equipo que se está jugando una Liga, pero que le acerca al título y le deja a las puertas del éxito. De hecho, lo más adecuado sería hablar de dos partidos. Uno ocurrió mientras Messi estaba en el banquillo y fue un bodrio. El otro, aconteció cuando salió el argentino al campo. Media hora de Leo valió por todo el encuentro y por San Mamés. Lo que pasa, es que por mucho Messi que haya, la defensa del Barça es la madre de todas las madres y de eso se aprovechó Ander Herrera para marcar el gol que sellaba un más que justo empate a dos en el último minuto.
El Barça, por tanto, deberá de esperar una semana al menos para ser campeón. Hoy evidenció un magnífico resumen de su final de temporada. El equipo vive de Messi. Cuando no está el argentino es una cosa y cuando comparece, cambia el escenario en ambos bandos.
Fuente: As
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