En Argentina están todas las condiciones dadas para que exista un inminente estallido social de proporciones apocalípticas. En este momento Argentina tiene récord de desempleo, todos los indicadores económicos están para el caño, como dirían ellos. Hay una incertidumbre absoluta, más bien que cierta institucionalidad todavía existe y el sistema judicial a través de sus fiscales pidió 12 años de prisión para Cristina Fernández.
No hay duda de que a corto plazo y a largo plazo las políticas económicas de las dictaduras de la izquierda internacional (Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Perú, Argentina, Chile y Colombia) están dañando a estos países y el comportamiento autoritario de sus líderes al mejor estilo castrista coartan las libertades políticas, pero sobre todo la libertad de expresión.
El daño infligido por el culto a la personalidad, al cual muchos de los presidentes latinoamericanos se han hecho adictos, el abuso de poder, la corrupción encubierta, la burocracia parasitaria, la devastación institucional, el saqueo de los dineros públicos son dolencias de las cuales los países que han caído en las garras del crimen organizado transnacional, tardarán años en recuperarse.
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La Argentina está al borde del colapso absoluto, la inflación está llegando casi al 90%, la degradación económica es imparable, lo que sucedió el 2002 no es nada a lo que se aproxima, los indicadores sociales están por el suelo. La corrupción generalizada, persistente, cruelmente dañina para todos, se convirtió en una obsesión en todas partes, donde el narcotráfico, ha hecho de estos países su paraíso. La cubanización de Argentina es inminente. Nada funciona, solo el gasto público que oculta la verdad.
En Latinoamérica hay impresionantes niveles de frustración que las mayorías han desarrollado contra el viejo liderazgo progresista, ha quedado claro que en muchos países se ha decidido sobre una opción diferente a aquella que la mafia organizada transnacional trata de imponer, con el financiamiento de los grupos criminales que quieren convertir a toda Latinoamérica en un gran Narcoestado. El sueño de “la patria grande”, no es otra cosa que un grande narcoestado al servicio del crimen organizado.
Una vez que estos regímenes criminales caigan, los próximos presidentes recibirán países hipotecados, por la deuda externa e interna, llegará pronto la época de las vacas flacas, las arcas de estos países se van vaciando y la deuda externa especialmente con China, sobrepasará lo imaginado. El default económico es lo que viene para estos países. Los próximos presidentes heredarán unas administraciones de crisis económica perenne, una hiperinflación galopante, correrán los tiempos sombríos en los que estos regímenes dictatoriales se sumarán a la gran recesión global que se aproxima, es decir una década perdida. ¿Cómo vería Bolívar, si viviera la forma como se está conduciendo Venezuela o Bolivia?
Los enemigos de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia y Argentina son la corrupción desmedida, la miseria, el desempleo y sobre todo el narcotráfico.
Estas dictaduras pasarán a la historia como las más corruptas, son administraciones caracterizadas por la impunidad para los delincuentes que defienden el crimen organizado. Los gobiernos representantes de la izquierda internacional, no castigan la corrupción, no castigan a los grupos criminales, la guerra contra las drogas fracasa en estos gobiernos, la impunidad campea en sus administraciones de justicia.
Pronto se desatará el caos en Colombia, Colombia será la próxima Venezuela, la nueva Cuba. La democracia en estos regímenes esta carcomida por la dictadura, estos gobiernos mal llamado progresistas, están conduciendo a sus países a la degradación general, hay hartazgo en estos países ante sus cúpulas, la necesidad de una reacción frente a la escandalosa corrupción reinante, el clima político en Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia es inestable y la institucionalidad frágil.
El socialismo no percibe su propia agonía, la inflación, la deficiencia en los servicios públicos, el desempleo y la inseguridad terminarán por poner fin a este cáncer terminal.
La televisión pública, en estos regímenes, se ha convertido en el instrumento perfecto de manipulación masiva a través de propaganda y publicidad gubernamental, dispuestas a cualquier cosa por defender a la cabeza del Régimen dictatorial. El totalitarismo de izquierda es enemigo de la libertad de expresión, acorrala a los medios de comunicación y silencia a los periodistas comprometidos con la verdad.
Todos esperábamos ver un verdadero cambio en Latinoamérica, una administración pública más eficiente, menos corrupción, menos narcotráfico, más desarrollo económico, más oportunidades y no lo hemos visto. Las expectativas de Latinoamérica, no parecen obtener respuestas concretas, pero espera acciones concretas de quienes no apoyan a estos regímenes.
El autoritarismo, de corte izquierdista, representa una amenaza para la democracia, porque la negación de la democracia es el irrespeto absoluto al pueblo. Este plan de dominación dictatorial, es una conspiración en contra de la democracia. La estrategia para luchar contra el crimen dictatorial en estos países, es armarse de paciencia, crecer y fortalecerse secretamente. Estos regímenes dictatoriales tienen mayores índices de popularidad en sus extremos, en su comienzo y en su final y en la mitad de sus administraciones están decaídos y no poseen capacidad de respuesta. Al final la libertad ganará sobre la opresión.
Argentina y Latinoamérica tendrán su revolución francesa y esta será para el mundo.
Jhonny Vargas es Politólogo
