El presidente Evo Morales acaba de amenazar con una purga política en el Servicio Exterior, al hablar de una “conspiración” en su contra impulsada por funcionarios de la Cancillería a los que no identificó.
Es por lo menos la enésima vez que el mandatario denuncia supuestas conspiraciones, algo que ha hecho desde su llegada al poder en enero de 2006.
Por supuesto, todas estas denuncias han carecido de respaldo probatorio alguno, lo que nos lleva a deducir que se trata de: a) una técnica propagandística para adquirir protagonismo y victimizarse, o b) un resultado de la mentalidad totalitaria, que ve enemigos agazapados fruto de su visión maniquea del mundo.
Morales dijo que quienes no estén de acuerdo con la nueva línea de su administración pueden retirarse y “no estar boicoteando desde adentro”, ya que en su opinión “la política externa es una extensión de la política interna”.
Concepción que desnuda su intención de alinear partidaria e ideológicamente a los integrantes del Servicio Exterior, en detrimento de la carrera diplomática y de las políticas de Estado que deben mantenerse más allá de los gobiernos de turno.
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Adicionalmente, confesó que tiene una suerte de “lista negra” conformada por funcionarios que apostaban por su derrota en el referéndum revocatorio.
Como “prueba del boicot”, el mandatario cocalero señaló que una vez un diplomático se rehusó a servirle café durante una reunión…