Aunque una formación adecuada ofrece herramientas suficientes para prevenir errores clásicos, el funcionamiento de las startups está sometido también a las reglas de lo humano. Más allá de los estudios de mercado, las previsiones de negocio y los conceptos puramente técnicos, el lanzamiento de una nueva empresa es un cóctel molotov donde vibran elementos abstractos, relacionados con la psicología y la sociología.
Sólo la experiencia puede corregir fallos derivados de algún rasgo de la personalidad de un empresario, por ejemplo cuando éste renuncia a su ego en favor una opinión ajena más razonable. En otros casos, y aunque existen miles de modelos de éxito que estudiar e imitar, emprender no es una ciencia exacta; por eso muchos emprendedores primerizos sufren una especie de síndrome Pirelli, derrochando potencia sin control.
Además de los errores técnicos, fácilmente identificables, existen otros de orden ininteligible, aunque igual de dañinos, relacionados por ejemplo con mantras personales que permanecen enganchados en el subconsciente del emprendedor como una hoja de ruta inescrutable. Sobredimensionar las ideas propias y subestimar las dificultades de emprender son el origen de la mayoría de errores. Pero mantener la cabeza fría en el infierno que supone lanzar unstartup no es fácil, por eso hemos identificado diez fallos clásicos, fruto de la inexperiencia o la obsesión, que suelen conducir a las empresas nacientes a oscuros callejones sin salida.
1. Salir en prensa a toda costa
El cementerio de las startups está plagado de empresas que un día llenaron páginas de periódicos y ocuparon espacios televisivos en prime time. En España, tenemos el ejemplo reciente de Pau García Milá, convertido en los últimos años en gurú del emprendimiento. Aunque tiene otros proyectos, eyeOS -su niña mimada, por ser la primera compañía que fundó- no ha cuajado.
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Los medios de comunicación buscan carne fresca, siendo sus preferidos los emprendedores precoces, extravagantes o carismáticos. Del otro lado, los nuevos empresarios, muchas veces contratando servicios de comunicación -que después deben rendir cuentas por los impactos mediáticos logrados-, se esfuerzan por enganchar a los medios con triples de toda clase, obsesionados por tener presencia.
Aunque las menciones periodísticas generan prestigio, y pueden ser un motor relevante para crear confianza en inversores o clientes, la mayoría de startups pecan de un carácter excesivamente comunicativo en sus inicios, no sólo anunciando lanzamientos prematuros sino cada uno de sus pasos sin tener todavía claro el modelo de negocio o el producto. Antes de lanzar una nota de prensa, es mejor trabajar hacia dentro para no hacer mediáticas determinadas fisuras. Como decía Ivy Lee, iniciador de las relaciones públicas, se trata de "hacerlo bien y hacerlo saber".
2. Tirar la casa por ventana
En cuanto a la inversión inicial, existen dos formas de emprender: con recursos propios o a través de inversiones externas. En el primer caso, los emprendedores suelen ser más prudentes a la hora de tirar la casa por la ventana, invirtiendo lo mínimo al principio -ni siquiera en el alquiler de un local- y escalonando los gastos en función de las certidumbres, aunque éstas nunca lo son por completo.
Cuando la financiación proviene de capital externo el escenario cambia. Muchos emprendedores primerizos cometen el pecado dilapidar el capital inicial sin un control exhaustivo del gasto, en una especie de lujo emprendedor aún por encima de las posibilidades de la startup. En España, existen business angels que cuando visitan una las oficinas de una startup y se encuentran con una secretaria en la puerta, desconfían de sus gestores: quieren austeridad. Soitu es el ejemplo perfecto de una empresa que nació por encima de sus necesidades.
3. Lobos solitarios
Aunque el emprendimiento está rodeado de vacío, el arte de lanzar una startupno está hecho para los lobos solitarios. Algunos empresarios tardan mucho tiempo en aprender que es improbable que puedan tener éxito echándose todo el peso a su espalda. Además de compartir el estrés y los recursos, contar con apoyos es básico, no sólo por una cuestión de eficiencia, también por el intercambio de puntos de vista. Jobs y Wozniak no eran nada el uno sin el otro.
En el mundo de las apps, que por sus características admite un individualismo mayor, existen casos de programadores que han triunfado colocando el producto en el mercado desde su casa, sin más apoyo que el marketing. Pero en el caso de proyectos mayor calado, como un embrión de empresa, actuar en solitario no funciona. Mientras uno trabaja en el garaje, alguien tendrá que ponerse la corbata para las reuniones importantes.
4. Demasiados socios
Un número excesivo de cofundadores puede ser también contraproducente. Las empresas, además de formas de ganarse la vida, suelen ser también proyectos vitales, y en sus inicios están ligados a conceptos como la amistad. El mundo está plagado de socios que también son viejos amigos, aunque también existen ejemplos sin final feliz.
Una de las primeras preguntas que hacen los funcionarios veteranos de organismos como las cámaras de comercio a los emprendedores jóvenes es ésta: "¿Cuántos socios sois?". Si la respuesta es superior o igual a cuatro, dirán: "dentro de un año, seréis menos". Los emprendedores aún no lo saben, pero con el tiempo se darán cuenta de que un número excesivo de socios influirá negativamente en la toma de decisiones, que puede llegar a convertirse en el debate sobre el estado de la nación. Los expertos coinciden en que dos o tres cofundadores es un número idóneo.
5. ‘Networkings’ a lo loco
Los eventos de todo tipo, en especial los networkings empresariales donde abrir nuevos caminos a partir de conversaciones espontáneas, son realidades cada vez más extendidas en el ecosistema emprendedor. Ocurre, sin embargo, que muchos empresarios se obsesionan por estar presentes en cada uno de ellos, por sistema, sin ninguna estrategia concreta, descuidando otras parcelas de la empresa a costa de ofrecer una imagen irreal.
Es vital iniciar nuevas relaciones y contactos, pero también mantener un equilibrio entre el trabajo privado y la presencia pública, de tal forma que las salidas del entorno empresarial formen parte de una estrategia integral de marketing y relaciones públicas. En ocasiones, una ronda de emails bien preparada es más efectiva que acudir de forma improvisada a diez eventos, donde en ocasiones sólo se pescan unas cuantas tarjetas al azar, además de unas copas de más. O el contacto de tu vida.
6. Enamorarse de una idea
Si el amor rompe corazones, el amor a una idea puede ser mucho más destructivo, porque además de sus sentimientos puede liquidar también las cuentas bancarias de una persona.
En general, los emprendedores consideran que su idea es única y brillante. Sin embargo, el camino se encarga de matizar los juicios pretenciosos. Puede que la idea sea genial, pero ese factor aislado no es suficiente para triunfar. Puede que el mercado no este aún maduro, o que las previsiones de negocio estuviesen alejadas de la realidad. En lugar de seguir tocando hasta el final como los músicos del Titanic, saber virar a tiempo es una virtud al alcance de muy pocos, pero esa capacidad de cambio en plazos cortos es importante en los primeros pasos de una startup, porque toda idea, igual que en literatura ocurre con los lectores, no se completa hasta que llega a los clientes.
7. A palabras críticas, oídos sordos
En relación con el punto anterior, uno de los errores más típicos de los emprendedores confiados en las bondades de su producto es no escuchar ni valorar las críticas en su justa medida, tanto las que provienen de otros profesionales o clientes como de los empleados.
La comunicación es un movimiento de ida y vuelta, y para el buen funcionamiento de una empresa es imprescindible que los directivos sean permeables a las críticas constructivas. No es síntoma de debilidad, sino de humildad y grandeza. Siguiendo con Jobs, era famosos por abroncar a sus chicos para después hacer suyas sus ideas. Aunque más peligrosas que las críticas son las palmaditas vacías en la espalda, cuando no hay nada más valioso que una crítica que permita un cambio a tiempo para mejorar el proyecto.
8. Mentiras piadosas
La verdad siempre sale a la luz, por eso cuando la necesidad aprieta y una startup busca desesperadamente financiación para seguir adelante, corre el riesgo de, como mínimo, exagerar las cifras de facturación o crecimiento. No sólo con los inversores, en las relaciones con los medios el humo abunda, y cada lanzamiento de un nuevo producto viene acompañado de palabras como "único", "revolucionario", "pionero" o "reinvención".
En esencia, el marketing cuenta con ciertos componentes de exageración, pero la honestidad debe ser un pilar fundamental de las relaciones empresariales. Existen muchas startups, hoy ya consolidadas, que han vivido su éxito en silencio, sin ningún tipo de exageración, cuando podrían hacerlo: han ganado un Oscar. Es el caso de la española NextLimit, que después de quince años se ha convertido en uno de los principales proveedores de software para efectos especiales en la industria cinematográfica global.
9. La impaciencia rompe el saco
Una vieja parábola de los negocios, comparando los inicios de una empresa con la travesía de un barco, dice lo siguiente. Algunos clientes confiados, muy pocos al inicio, se subirán en el nuevo barco. Sin embargo, otros se quedaran esperando en la orilla durante mucho tiempo, observando si la empresa resiste o se hunde. Si no lo hace, entonces también se decidirán a subir.
Una empresa puede no acertar con el modelo de negocio desde el principio; tiene que esperar a encontrarse a sí misma en el mercado. Por eso la paciencia es una de las virtudes más preciadas en el ecosistema emprendedor, una paciencia estoica basada en la confianza en el proyecto y la consecución de objetivos. En la actualidad, muchos negocios apuestan sólo por el crecimiento, ansiosos por acumular rondas de financiación y usuarios. Pero cada vez estos valen menos, y deben acumularse muchos más para generar valor. Es otro tipo de impaciencia: la búsqueda del crecimiento puro. Así comienzan las burbujas.
10. Pan comido
Ganarse la vida emprendiendo no es tan sencillo como teclear un pin en un cajero automático y esperar a que empiece a salir el dinero, aunque de forma irresponsable, desde algunos actores públicos y privados, se está trasladando a las nuevas generaciones un mensaje de este tipo: el emprendimiento como modelo de éxito seguro.
Concienciarse desde el principio de que se trata de un camino duro, lleno de problemas y situaciones estresantes es clave para mantenerse en forma. Los emprendedores son, a su manera, una nueva clase de guerreros, y deben estar preparados de antemano para la batalla, eliminando de su mente cualquier pensamiento débil. Si al final a alguien le resulta sencillo triunfar, al menos estaba preparado para lo contrario.
Fuente: http://www.elconfidencial.comç