Francisco lloró de emoción; habló con 3 millones de jóvenes y se despidió de Brasil


Papa Francisco, el pontífice que enjugó sus lágrimas estrechando entre sus brazos a un niño de de 9 años, que también lloraba, provocó el momento más conmovedor de su visita a Brasil.

Francisco lloró de emoción y se despidió de Brasil

Conversó con 3 millones de jóvenes y pidió crear “un nuevo mundo”.

imageEL DIARIO, La Paz



 El Sumo pontífice lloró también con un niño brasileño.

En su frase final, sentenció: “O se apuesta por la cultura del encuentro o todos pierden”, aseveró. “Entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo”. Cumplió siete días de intensa actividad en la “Jornada Mundial de la Juventud”.

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Papa Francisco, el pontífice que enjugó sus lágrimas estrechando entre sus brazos a un niño de corta edad que también lloraba, provocó el momento más conmovedor de la visita de ocho días que culminó ayer, ante 3 millones de personas que llegaron hasta Río de Janeiro, para escuchar la palabra de Dios y compartir las ideas del papado que marcó una tendencia hacia la creación de un mundo nuevo, con la iglesia en las calles.

Francisco se despidió del Continente Americano, luego de ocho días de intensa actividad y con la nostalgia de millones de personas que estuvieron muy cerca de él y participando de la Jornada Mundial de la Juventud que logró reivindicar los valores cristianos y profundizar su objetivo central llevar a la Iglesia Católica a las calles.

Nathan de Brito, de 9 años, el niño que hizo llorar al prelado católico, con una expresión de profunda fe: “Santidad, quiero ser sacerdote de Cristo, un representante de Cristo”, graficó el multitudinario escenario que se expandió a todo el mundo. El niño mientras lloraba de emoción, escuchaba al Papa Francisco: “Voy a rezar por ti, pero te pido que reces por mí. A partir de hoy, tu vocación se concretó”.

image El papa Francisco pidió a los tres millones de jóvenes, reunidos en Río de Janeiro en la Jornada Mundial, que lleven el Evangelio para arrancar el mal y la violencia, demoler las barreras del egoísmo, la intolerancia y el odio, en busca de edificar un mundo nuevo.

Para dar por concluido el primer viaje internacional de su pontificado, Francisco hizo un llamado a la Iglesia para que se convierta en un agente que logre la creación de “un mundo nuevo”, tras admitir “las fallas de la propia Iglesia” y pidió que los obispos reconozcan por qué pierden a sus fieles.

En actitud crítica se preguntó si la Iglesia no se ha convertido en “una reliquia del pasado”, “demasiado fría” y “prisionera de su propio lenguaje rígido”, advirtiéndose en sus palabras, un mensaje de renovación.

Desde su arribo, hace siete días, Francisco rompió repetidamente toda la estructura planificada para otorgarle la más estricta seguridad y muchas veces sin protección en los laterales; bebió del mate que le dieron algunos peregrinos; besó innumerables niños y usó un utilitario en lugar de un automóvil de lujo.

En su mensaje insistió a los obispos, que deben ser pastores cercanos a la gente, sencillos y austeros, “hombres que no tengan psicología de príncipes, no sean ambiciosos”. Le escuchaban 45 prelados de América Latina.

“O se apuesta por la cultura del encuentro, o todos pierden”, aseveró al sentenciar que “entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo”. (Redacción central – agencias)