Una derrota disimulada sigue siendo una derrota presidente


El sinuoso discurso de Lucho Arce Catacora, buscó disimular lo obvio: Su plan de batalla contra los cruceños y su paro indefinido, se convirtió en su mayor derrota política ante la oposición, ante Evo Morales y ante el país en general. En pocas palabras, luego de un largo y xenofóbico discurso, promulgó la Ley del Censo, tal cual debería haber sido lo correcto desde el principio y no así en un pretendido capricho dictatorial, el cual fue rechazado en masa por la sociedad boliviana y no por ningún político arrimado de la oposición. Fue un liderazgo ciudadano puro y decidido de las rotondas de la ciudad y de las provincias cruceñas, que de frente y sin miedo, se batieron en condiciones desiguales a las hordas policiales y delincuenciales del MAS. En resumen, “Tilín” Arce Catacora aceptó sumergirse en las profundidades de la lógica de una POLÍTICA DE ESTADO, como es el CENSO, para dirimir el conflicto y perdió.

El Gobierno intenta ahora instalar, a través de funcionarios, periodistas cercanos y otros escribanos, un relato voluntarista: “Hemos promulgado la LEY, pero no como ellos querían”. Se trata de una búsqueda desesperada de la dignidad perdida, pero una caída estrepitosa en la percepción de la población referente a su capacidad de gobernación y en sus ansiados anhelos de reelección el 2025.



El epílogo coherente con la patética suspensión del cerco a Santa Cruz, financiada con recursos del gobierno, aunque quieran negarlo, no fue más que un intento para intentar revertir en el último minuto una derrota que se intuía inminente. Maniobra desesperada a la que se subieron varios ministros y diputados masistas serviles e ignorantes, que, de una rabieta infundada en su resentimiento social, pasaron sin escalas ni pudor del cándido espíritu socialista y del “Patria o Muerte”, a con el puñal clavado de la Ley promulgada, al regreso con furia anticruceñista y anti camba.

En rigor a la verdad, da la impresión que estamos frente a un caso de shock cultural masista. Luis Arce, Evo Morales, David Choquehuanca y buena parte de la clase política andina, siguen creyendo que la combinación grosera de clichés endemoniados, (puesto que no saben de principios y valores cristianos) son los prolijos deberes del alumno alfa o del mal alumno “recuperado” que, junto a las amenazas de cataclismos globales socialistas, les permitirían en Bolivia, una vez más, salirse con la suya, y, eso ya para nada es verdad.

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Una precariedad política del gobierno, se vislumbra actualmente. La falta de una respuesta consistente y planificada a los problemas sociales, diplomáticos y financieros, dejan a los bolivianos una incertidumbre muy grande respecto al futuro nefasto que vamos a enfrentar, es mejor distraer a la sociedad boliviana con problemas temporales de alta tensión social, para desviar el tema principal que es la CRISIS que se avecina. En definitiva, este es el escenario más probable.

Del otro lado, la más implacable lógica aimara, que se percibe, en su odio racial hacia la cultura oriental, se enfrenta a su mayor enemigo cultural, que es la traición entre ellos, acaso más contundente que el ninguneo brutal que reciben de parte de las otras 35 naciones que conviven en Bolivia. Claro ejemplo es la lucha interna del MAS, donde un Cholo paceño, renegado y resentido social mestizo, como es Arce Catacora se alía al indígena que se hace llamar el último Inca y a la representante de la clase media emergente de El Alto, Eva Copa. Ellos juntos, pretenden pelearle el liderazgo del partido, al mentor de todos ellos y actual jefe del Cartel del Chapare, Evo Morales.

La nueva retórica del Gobierno incurre además en los mismos errores que llevaron a Morales a una renuncia el 2019 por un fraude electoral inducido por el manejo criminal de un padrón electoral ilegal y una Corte Electoral servil al gobierno, como también un Poder Judicial completamente anexado al Poder Ejecutivo. Esta situación: Se esfuerza en elaborar un cada vez más incomprensible mensaje para la confrontación y no para la paz social.

La nueva realidad del gobierno, reinstala aquel dilema entre la impericia de los gobernantes y una supuesta conspiración de la bancada evista. El presidente del país parece desbordado por la aceleración de la crisis, consciente de la necesidad de acordar con la Asamblea Legislativa su PGE, pero ya sin votos para hacerlo sin costos.

Fue dicho en su momento por varios analistas económicos, la hora de los hechos se acercaba para el conjunto de facciones internas del partido de Gobierno. La sumatoria de espacios de poder no va a suplantar la nueva realidad política que imponen los votos en el Parlamento, ni van a acomodar por arte de magia las variables descabelladas de la economía.

La lentitud del oficialismo, la morosidad susurrante que exuda su mecanismo tortuoso de toma de decisiones en contra de la oposición del pueblo cruceño, apoyados en un poder judicial timorato de firmar cualquier orden de aprensión contra los supuestos líderes del comité interinstitucional hizo que, tras la derrota, el Gobierno cifrara todas sus expectativas en el debilitamiento de Evo Morales y de esa manera poder contar con su propia bancada congresal, lo que a la postre no se consolidó. La división al interior del MAS es real y siembra dudas sobre una alternativa viable para 2025. Pero justamente porque existe ese horizonte competitivo, es que los próximos meses serán cruciales para el futuro de Luis Arce como presidente y para Evo Morales como futuro candidato.

Varias son las señales, que la realidad le está enviando a este Gobierno atribulado, menos por sus adversarios que por su tendencia a la negación de que existe una desconfianza de la ciudadanía en la legitimidad del proceder presidencial. Son señales para recordarle que perdió perdiendo: el portazo del Parlamento; la persistencia y tenacidad de todo un departamento; un PGE inaceptable e inconsecuente con el déficit fiscal; la pérdida en La Haya nuevamente respecto al tema Silala; etc.

Una de las señales más importante de esta realidad adversa para el gobierno y sus intereses oscuros de poder, y lo más alentador para ese pueblo valiente que está demostrando una madurez respecto a la política del miedo que el Gobierno intenta nuevamente reinstalar en el país, es que a partir de la primera semana de enero del 2023 se inicia la recolección de firmas para la reforma judicial, que conllevara a aniquilar de raíz una de las armas más poderosas de los masistas en su intento de controlar a la oposición.  

De acuerdo a la Ley del Órgano Electoral, se deben recoger el equivalente al 20% del último padrón electoral, es decir, 1.483.000 en un plazo apretado de tiempo. Pero los organizadores, todos ellos juristas independientes, se pusieron como objetivo recoger 1.500.000 firmas, porque luego el Tribunal Supremo Electoral depurará y de lo que se trata es asegurar el porcentaje y no darle oportunidad al gobierno de que siga manejando a su antojo a los demás poderes del Estado. En caso de que el tiempo apremie, seguramente se acudirá a la estrategia más exitosa que tiene la oposición al gobierno a nivel nacional de parte de la ciudadanía, nos referimos a la convocatoria de un CABILDO PÁNICO DEL MAS en Santa Cruz, donde más que seguro se puede recolectar arriba de un millón de firmas en un solo día.  

Lo que le ocurre es simple, para los buenos entendedores, Arce cayó como Evo en las redes de sus “equilibrios” imposibles. Otra vez está frente a ese maldito límite lógico que un país tiene basado en la fortaleza de su ciudadanía: Todo no se puede. Así como no existen los “ajustes judiciarios” o el “chantaje tributario” de manera eterna, lo malo tiene su tiempo y cuando se tiene que pagar por las malas decisiones asumidas, el costo social es muy elevado para un político, peor aún, si este es un mediocre aficionado de las ciencias políticas.   

Las señales de la realidad política y económica de Bolivia están terminando con la negación de la derrota de parte del oficialismo nacional. Hay un dilema que atraviesa al Gobierno nacional desde la batalla perdida por la Ley del Censo y que los principales dirigentes del oficialismo se formulan ahora a modo de pregunta: ¿Luis Arce o Evo Morales forzaron esa derrota parlamentaria por impericia o por conspiración? Como en todo buen dilema, hay en ese razonamiento una alternativa de dos términos que conducen a la misma conclusión, nada buena para el masismo de acá para adelante.

Si Arce Catacora, Choquehuanca y Eva Copa, el proyecto político paceño para el 2025, están queriendo patear el tablero para distanciarse de Evo Morales. Deslegitimar los 14 años de gobierno e involucrarlo en el narcotráfico es una opción muy arriesgada pero valedera en el juego de poderes políticos.

Lo que le queda claro a la ciudadanía, es que el Gobierno viene recibiendo en poco tiempo varias derrotas, y que las batallas futuras serán un desafío más a enfrentar. Lo que es importante, es tomar en cuenta, que este gobierno actúa por una indigencia intelectual nunca vista antes y una incapacidad política que estaba disimulada al pueblo, hasta que dos paros cívicos y dos cabildos consecutivos en Santa Cruz los dejaron al desnudo.

Mientras los bolivianos creamos en nosotros mismos, no habrá nada que este fuera de nuestras posibilidades…

 

 

Alberto De Oliva Maya