En Colombia muchos se preguntan qué llevó al presidente a tomar una decisión que le devolvió la iniciativa a una guerrilla que estaba derrotada y sin margen de negociación
El presidente Juan Manuel Santos
En su afán por cerrar el diálogo de paz con las FARC antes de las elecciones del año próximo, en las que espera presentar el acuerdo como un triunfo de su gobierno y así conseguir su reelección, Juan Manuel Santos terminó comprometiendo las negociaciones.
Originalmente el Gobierno había establecido que noviembre sería la fecha límite para la definición de los seis puntos de la agenda discutida con la guerrilla. Pero considerando que, a menos de tres meses, sólo se alcanzó el acuerdo sobre el primer punto (la reforma agraria), todo indica que ese plazo difícilmente llegará a cumplirse.
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Por eso la convocatoria a un referendo para que los ciudadanos ratifiquen o rechacen el fruto del diálogo de paz fue interpretado por muchos analistas como un intento de apurar los tiempos de la negociación.
Al mostrar tan claramente el ansia con la que busca una rápida resolución, le dio a las FARC la oportunidad de afirmarse, cuando en realidad están al borde del colapso. Y la guerrilla aprovechó ese momento convocando a una "pausa" en el diálogo, con el argumento de que necesitaban evaluar las posibles consecuencias del referendo.
De esta manera pusieron en evidencia que las negociaciones están lejos de resolverse y que, en cualquier caso, no es el gobierno el único que pone las reglas del juego.
La determinación de las FARC desconcertó a Santos. Tras un mensaje inicial en el que decía que entendía que la organización necesitara analizar el nuevo contexto, le tomó sólo algunas horas desdecirse y hacer un intento de contrarrestar el impacto con una decisión aún más fuerte: retirar de La Habana a los representantes del gobierno en la mesa de discusión.
"En este proceso el que decreta las pausas y pone las condiciones no son las FARC", dijo el mandatario al anunciar el regreso de la comitiva a Colombia.
"Las conversaciones se reanudarán cuando el Gobierno lo considere apropiado", agregó, queriendo ocultar que fue la guerrilla la que decidió suspenderlas, no su administración.
A este nuevo panorama hay que sumar lo cuestionable de un referendo que se convoca cuando todavía no se sabe qué es lo que se va a refrendar, ya que eso sólo se conocerá una vez que concluya la negociación y se firmen los acuerdos.
"No se puede estar a favor o en contra de algo incierto, estamos con una venda en los ojos. El Gobierno debería decir a los colombianos, si está proponiendo un referendo, a qué acuerdos se ha llegado, porque sería muy peligroso decir que se acuda a un referendo sin saber qué ha pasado en la mesa", afirmó Alejandro Ordóñez, procurador general, según informa El Tiempo.
En este contexto, lo que prima es la incertidumbre. A esta altura no sólo está en duda la llegada a un acuerdo de paz con las FARC, sino la reanudación del diálogo.
Y si el diálogo no prospera, nadie sabe qué pasará después.
Fuente: Infobae
