La ONU ha lanzado un informe alarmante que no ha merecido mayores comentarios ni amplia cobertura de los medios de prensa: la producción de cocaína alcanzó niveles récords en Bolivia, Colombia y Perú. Además, da datos del cultivo de coca excedentaria, la cual es dirigida al narcotráfico.
Claro que si en Bolivia hay producción y fabricación de la cocaína en sus diferentes formas: pasta base, clorhidrato, también hay un alto consumo de la droga entre la población juvenil, principalmente. Pero esta realidad no es admitida ni por el Estado ni por la sociedad, a ambos les cubren una máscara de hipocresía y complicidad.
De forma permanente, el Ministerio de Gobierno y la Policía muestran sus operativos, con transmisión en vivo y directo por la Tv, jactándose de una lucha frontal contra el narcotráfico. Y el periodismo da amplia cobertura a los mismos, pero sin cuestionar otros elementos que son centrales en la cadena de producción-fabricación-transporte-comercialización y consumo de la cocaína, además de los mercados a los que van dirigidas las toneladas de cocaína incautada.
Bolivia es un país que cumple con todas las etapas de este millonario negocio: fabrica, comercializa, transporta y consume el producto del narcotráfico: la cocaína, así lo dicen los informes internacionales especializados y algunas ONGs que se animan a hablar de este espinoso y peligroso problema irresuelto que existe en el país.
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El narcotráfico es un negocio cruel y millonario, que hace ricos a unos cuantos, algunos ligados al poder; pero destruye, enferma, mata a cientos de miles de personas, que hacen de todo para conseguir un gramo de cocaína. En la década de los años 80 en Santa Cruz los narcos se paseaban libremente por las calles, asistían a fiestas sociales, eran padrinos de promoción, eran homenajeados. ¿Estaremos ahora igual, o mejor o peor que esa década?
Lamentablemente, poca importancia se está dando en los tres niveles de gobierno a esta otra pandemia: el consumo de cocaína en los diferentes estratos sociales, a cuyos sujetos se los trata como delincuentes, desechos humanos. Ahí están los operativos mediáticos que realizan, en los que muestran a seres desgarrados por la cocaína para internarlos en un centro, donde no reciben un tratamiento especializado.
Roberto Ríos, viceministro de Seguridad Ciudadana, informó que en el último operativo (20-03-2023) se arrestaron a 73 personas, las cuales fueron trasladadas a diferentes albergues, “en caso de que accedan de forma voluntaria”. Al día siguiente todos ellos regresaron al lugar donde fueron detenidos. Es el círculo que se repite, por lo que las autoridades están fallando en el enfoque y en la lucha contra la drogadicción. No existe un compromiso honesto con el ser humano para darle una mano y fortalecerlo para que salga de ese infierno, solo es tratado como un adicto o delincuente que se merece palo y abandono.
El problema de la drogadicción en Santa Cruz, en El Alto, Cochabamba, Sucre, La Paz y otras ciudades es más complicado y sensible que los simples operativos de 300 policías que son acompañados por un ejército de periodistas. Pero casi nunca se realizan operativos para los grandes comercializadores o los dueños de las mega fábricas que dicen descubrir. Claro, vale el show como para justificar que están haciendo algo.
Las noticias de todos los días son señales claras: Intervienen fiesta de jóvenes en El Alto, donde circulaba la droga; Decomisan 50 paquetes de cocaína en un camión; Detienen a autora del microtráfico en Santa Cruz; Realizan operativos en los colegios, etc.
El consumo de la cocaína y otras drogas no solo está en el cordón ecológico del río Piray, en canales de drenaje, en lotes abandonados. Usted puede encontrar la droga en su barrio, en las plazuelas, en los juntes de amigos, en los colegios, en alguna fiesta que asista, por delibery, pero es una realidad que no quieren aceptar ni las autoridades ni la sociedad. “Yo encuentro la pasta base donde quiera, me da unos pesos y se lo traigo”, relata un protagonista del libro testimonial “Desgarrados por la cocaína”.
No son con operativos policiales mediáticos cómo se va a resolver este asunto que lleva años y años agravándose, arrastrando a miles de adolescentes, jóvenes y adultos a la locura, enfermedad, a la cárcel o a la muerte.
Hay una especie de complicidad y miedo frente a los tentáculos del narcotráfico, que es un negocio que más dinero genera en el mundo, produciendo nuevos ricos, pero enloqueciendo y asesinando a cientos de miles de personas que son mulas, transportadores y consumidores de la cocaína, a quienes casi siempre les llega la justicia primero, pero no así a los peces gordos de este enorme y millonario negocio ilícito.
“Desgarrados por la cocaína: vidas y sueños de adictos”, editado por el Centro de Estudios y Apoyo al Desarrollo Local, a través de testimonios, ya advirtió de esta vergonzosa realidad. Si hay consumo, es que hay una enorme producción de pasta base de cocaína y clorhidrato de cocaína.
El Estado Plurinacional tiene un grave, complejo, sensible problemón que resolver: la pandemia de la drogadicción.
Hernán Cabrera M.
Periodista y Lic. en Filosofía
