En las distancias cortas es aún un chaval tímido, de pocas palabras, que te mira con una mirada risueña y transparente, que pregunta con un tono casi inaudible pero que no se corta ante duda que se le pone por delante, que atiende en silencio los consejos que le dan las personas de su entorno y que intenta pasar en un segundo plano en la medida de las posibilidades, aunque esto último difícilmente lo consigue. Ahora, cuando se viste de corto, ese chaval tímido y taimado se transforma en un caníbal del área, un tipo que arrastra una voracidad ilimitada y una ambición insoslayable. En el campo quiere –las malas lenguas dicen que exige– el protagonismo absoluto, monopolizar el juego ofensivo y arrebatar el orgullo de los defensas y los porteros. Es Leo Messi, simplemente, el mejor jugador del planeta y el hombre llamado a pulverizar todos los récords habidos y por haber.
Es cierto que viene de unos meses un tanto irregulares por culpa de las lesiones y sobre todo del dichoso bíceps femoral de la pierna derecha que lleva desde marzo dándole más de un quebradero de cabeza. Pero ahora, tras su última lesión durante un ‘sprint’ ante el Almería, parece que las aguas han vuelto a su rumbo. Ha podido recuperarse durante tres semanas con tranquilidad, regresó ante Osasuna y jugó los 90 minutos frente al Milan, marcando además el gol que dio el empate en el marcador. Rodaje más que suficiente para llegar a tope ante el Real Madrid, en un partido que él mejor que nadie sabe que son más que tres puntos.
Y es que además del orgullo de superar al máximo rival también está en juego el liderato, que hace más de un año y medio que monopoliza de forma tiránica el FC Barcelona. No sería el Real Madrid quien pudiera arrebatarlo porque en caso de victoria blanca seguiría siendo el Barcelona líder por mejor ‘goal average’ global, pero sí que tendría una oportunidad de oro el Atlético de Simeone para tener el honor de arrebatar el liderato al equipo blaugrana. Por eso el equipo necesita el sábado la mejor versión de Messi, ese jugador capaz de cualquier cosa en un campo, demoledor en el uno contra uno, mortal dentro del área y letal de cara a puerta. Un jugador que ha sido capaz de reventar el balón al fondo de la red en 18 ocasiones en la historia de los clásicos es siempre una garantía. “Estamos con muchas ganas”, comentó ayer a sus más íntimos en el vestuario de cara al partido contra el Real Madrid.
No en vano, Messi tendrá el sábado dos nuevos récords al alcance aprovechando la disputa del clásico. Su víctima en ambos casos será la misma persona, el mítico jugador del Real Madrid, Di Stéfano. Está a un gol de convertirse en el jugador en la historia de los Barça- Real Madrid con más goles marcados, ya que a estas alturas está igualado con Di Stéfano a 18. Y de paso también está cerca de alcanzar al mítico jugador blanco en goles en Liga, ya que Di Stéfano suma 227 por 223 del blaugrana. Así pues, Messi tendrá muchos alicientes añadidos para convertirse en el protagonista del clásico y no solo por los dos récords que podría batir sino porque también está en juego el ‘Balón de Oro’. Un gran partido el sábado podría hacer decantar la balanza entre los votantes que ahora mismo se dirimen entre él y el francés Franck Ribéry.
Fuente: Sport
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