Hay crisis en los científicos: asumen que la culpa es de la cultura de investigación tóxica


Ronald Palacios Castrillo, M.D.,PhD.

Resumen ChatGPT (artículo de Shanon Hall publicado en Nature. Ver texto completo abajo).

La comunidad científica mundial se encuentra en medio de una crisis de salud mental. Los estudiantes de postgrado son víctimas de acoso, discriminación y agresiones sexuales, mientras que los investigadores jóvenes y senior enfrentan una enorme presión para conseguir empleo, obtener subvenciones y publicar en revistas de renombre.



Estudios recientes revelan que los científicos tienen una mayor propensión a sufrir depresión y ansiedad en comparación con la población general, y esto se atribuye a una cultura tóxica en el ámbito de la investigación. Además, los miembros de grupos subrepresentados enfrentan desafíos aún mayores.

La pandemia de COVID-19 ha agravado estos problemas, aumentando el estrés y el aislamiento social en la comunidad científica.

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

Es necesario un cambio significativo para mejorar la salud mental de los científicos y asegurar un futuro sólido para la investigación. Se requieren medidas como la implementación de políticas de apoyo y prevención, la promoción de un entorno de trabajo inclusivo y seguro, y la creación de espacios de diálogo y apoyo psicológico.

Además, se necesita una mayor conciencia y educación sobre la salud mental en el ámbito científico, para que los investigadores puedan recibir el apoyo necesario y florecer en sus carreras sin comprometer su bienestar emocional.

Mi opinión

Basado en mi experiencia haciendo investigación básica científica durante 21 años en instituciones académicas de primer nivel como The Karolinska Institutet en Estocolmo, The Basel Institute for immunology, Basel,Suiza , conocida como la catedral mundial de la inmunología durante sus 23 años de existencia y de donde salieron 5 premios Nobel de medicina; y The University of Texas MD Anderson cancer Center en Houston, el mejor hospital para el cáncer en el mundo.

Partiendo desde un chico en Camiri hasta ser Full Professor Tenured y Jefe del Departamento de Inmunología del MD Anderson Cancer Center.

En primer lugar, el científico es una persona curiosa por naturaleza, cuyo móvil primario es descubrir algo primordial, esencial, de importancia en la ciencia.

Esto hace que desde etapas tempranas en la universidad, y en algunos casos desde el colegio, son personas con mucha confianza en que si trabajan, estudian y piensan fuertemente y duramente, van a alcanzar sus metas.

Aprenden que hay que tener mucha, perseverancia, esfuerzo y sacrificio ( sobretodo en el tiempo dedicado  a la diversión o si la tiene, para su familia ).

La ancestral  estructura académica va seleccionando a aquellos con coeficientes intelectuales, imaginación, persistencia y poder de sacrificio privilegiados.

Dada las condiciones  habituales en la progresión en su formación científica ( como ser la enorme competencia perenme y cotidiana, el inicio con fuentes económicas habitualmente limitadas, necesidad de dedicar al estudio y al laboratorio horarios y tiempos increibles (de lunes a lunes hasta 20 horas diarias durante muchos meses en la progresión de la carrera).

Todo esto no cuenta para el que será un científico de primera línea, cuenta que las hipótesis se puedan verificar con los experimentos; ah el placer sin límite cuando un trabajo científico producto de mucho esfuerzo sale publicado y no se diga si se publica en una de las 3-5 mejores revistas científicas; el presentar sus resultados de sus experimentos en los congresos y claro el ver que se le empieza a conocer y reconocer , no por su sexo, nacionalidad, origen, género, conducta sexual, color de piel; sinó por lo original, interesante e importante de su trabajo científico.

Muchos que inician la carrera para  científicos van quedándose en el camino por varias razones, poco dinero, mucho trabajo, limitación de tiempo de diversión o con la familia y también, frecuentemente porque la realidad es que se dan cuenta que no tienen la capacidad e imaginación para hacer experimentos exitosos, novedosos, importantes y obviamente, reproducibles por otros.

Así pues, hay una selección darwiniana natural durante la progresión de la carrera científica en las ciencias básicas. Puede que haya discriminación, abusos y acosos sexuales , favoritismo de los profesores tenured consolidados ; pero yo estoy convencido que la persona que tiene la pasta, intelecto, imaginación, persistencia y perseverancia requeridas para ser un investigador de primera, al final va a reunir la mayoría de estas características y no pondrá esas excusas, que son convenientes cuando se fracasa ( lo dejé porqué me discriminaban, acosaban, abusaban con bullying , cuando en realidad se dan cuenta que no tienen las capacidades y características necesarias para ser un científico de primera).

Ahora bien, tenemos que ver las características de los jóvenes en la actualidad, generaciones millennials, Z, los llamados “snowflakes”, etc; la realidad es que en su mayoría ya no tienen las características esenciales que se requiere para ser un investigador de ciencias básicas donde además de las características anotadas arriba, deben mencionarse la frecuente soledad, frustración habitual con los resultados negativos de los experimentos que a veces van por meses y al mismo tiempo la enorme presión competitiva aún de sus mismos compañeros o colegas dentro del mismo instituto.

Por lo que he podido informarme, las nuevas generaciones, necesitan resultados y premios inmediatos porque sinó la frustración y depresión son terribles, son muy sensible a la críticas, piensan que saben más y mejor que sus tutores y maestros,  ni sueñan con  lo difícil de aceptar que hay que dedicarse 100% al estudio y trabajo en el laboratorio, a tener pasión en la ciencia a tal grado que come, duerme y vive pensando en la ciencia, en sus experimentos , en sus ideas y cómo ponerlas a prueba.

Entonces, no es que los jóvenes sean más reacios a la carrera de científico como menciona en su artículo  Shanon Hall (ver abajo) , es que hay muy pocos con la madera para ser científicos y hay muchas otras opciones que les permiten tener buenos ingresos, abundante tiempo de diversión y una vida más llevadera y diversa.

Máxime que  ahora ese gozo, satisfacción inmensa de idear, planear, ejecutar y publicar sus experimentos por si mismo es cosa del pasado; dada la naturaleza de los experimentos en la actualidad, es común ver trabajos publicados con 10,20 y hasta 2000 autores; poco puede uno obtener de satisfacción si se es la décima torunda de un trabajo de 100 autores; la misma ambición y deseo grande de ser exitoso en el científico en desarrollo que logra hacer que la persona surja y enfrente un sinnúmero de adversidades y obstáculos, son las características que hacen que el científico de primera quiera ser el primero (ser segundo no es suficiente) en descubrir o resolver un conundrum o fenómeno y lo que hace que desarrolle ciertos aspectos en su personalidad como ser reclusos, poco sociables, muy escépticos y con variables grados de conductas que se tildan como arrogancia.

Los infectados con el Woke Mind Virus que ejercen, predican e imponen la llamada woke culture, excluye a los que  con las características ancestrales descritas arriba,  logran ser científicos de primera. Con todo, yo estoy convencido que siempre habrán nuevos científicos de primera todo el tiempo, estos nunca han sido numerosos y no hay razón por la que esto vaya a cambiar.

Texto completo

Shanon Hall. Nature. 617, 666-668 (2023).doi: https://doi.org/10.1038/d41586-023-01708-4

Dado que los investigadores informan altas tasas de ansiedad y depresión, aumentan las llamadas para cambiar fundamentalmente la investigación en la ciencia antes de que sea demasiado tarde.

Hay una crisis de salud mental en la ciencia, en todas las etapas de la carrera y en todo el mundo. Los estudiantes de postgrado están siendo acosados ​​y discriminados, se les paga salarios exiguos, se les intimida, se les hace trabajar demasiado y, en ocasiones, se les agrede sexualmente.

No hay nada mejor para los investigadores al principio de su carrera que luchan por conseguir un empleo a largo plazo. Y los investigadores senior establecidos se enfrentan a una inmensa presión para ganar subvenciones, publicar en revistas de alto perfil y mantener su reputación en campos altamente competitivos.

Los científicos han expresado su preocupación durante años sobre los impactos de todas estas presiones en la salud mental. Pero una serie de estudios en los últimos años ahora están proporcionando datos concretos. Y los hallazgos muestran que la situación es grave.

Los investigadores son mucho más propensos que la población general a experimentar depresión y ansiedad. Y aunque la pandemia de COVID-19 provocó un aumento en los problemas de salud mental, muchos argumentan que solo exacerbó problemas que ya estaban presentes. Los estudios recientes, que han encuestado colectivamente a decenas de miles de investigadores en todo el mundo, sugieren que los problemas de salud mental de los científicos son el resultado directo de una cultura de investigación tóxica.

Carreras científicas y salud mental

Eso es particularmente cierto para los miembros de grupos subrepresentados, incluidas mujeres, personas de color, personas de minorías sexuales y de género (LGBTQ+) y estudiantes de bajos ingresos. Pero también afectan a investigadores y científicos de alto nivel en diferentes países.

“El bienestar y cómo establecer límites saludables en tu vida y en tu trabajo es una habilidad fundamental”, dice Sharon Milgram, directora de la Oficina de Capacitación y Educación Interna de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de EE. UU. Siento que había un punto ciego en mí y en muchos de nosotros, ya que se necesitaron estos datos para despertarnos.

Con números concretos en la mano, algunos argumentan que la ciencia está al comienzo de un movimiento, uno que fomentará cambios sistémicos para mejorar la salud mental de los investigadores en las generaciones venideras. Otros argumentan que el cambio se está produciendo con demasiada lentitud para los jóvenes científicos que ya están huyendo de la ciencia, un efecto que podría tener graves consecuencias para el futuro de la investigación y la sociedad misma.

Un problema mundial

En 2015, Teresa Evans, quien dirigió el desarrollo de la carrera biomédica de postgrado en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas en San Antonio, se enteró de que sus estudiantes tenían dificultades. Pero cuando acudieron a ella en busca de consejo, se sintió mal equipada para ayudar.

Entonces Evans comenzó su propia investigación, solo para descubrir una escasez de literatura sobre el tema. No solo había pocos recursos sobre cómo ayudar a los estudiantes, sino que no estaba claro cuán extensos eran los problemas de salud mental, lo que obligó a Evans a hacer circular su propia encuesta para cuantificar el asunto. Recibió 2279 respuestas, en su mayoría de doctorandos, en 234 instituciones de 26 países.

Los resultados, publicados en marzo de 2018, representaron la encuesta más grande de su tipo en ese momento. Reveló un problema global: el 41 % de los encuestados reportaron ansiedad de moderada a severa y el 39 % tenía depresión de moderada a severa. Esos niveles son seis veces mayores que en la población general (ver ‘Luchas en la ciencia’).

Los datos también sugirieron posibles fuentes de estos problemas de salud mental: la ansiedad y la depresión a menudo se correlacionaron con un equilibrio deficiente entre el trabajo y la vida personal y relaciones deficientes con los mentores.

Las tasas variaron significativamente según el género: los encuestados femeninos, transgénero y no conformes con el género tenían más probabilidades de tener problemas de salud mental que sus homólogos masculinos.

La prevalencia de ansiedad y depresión fue del 55 % y 57 % para estudiantes de posgrado transgénero y no conformes con el género, 43 % y 41 % para mujeres y 34 % y 35 % para hombres. Eso no sorprendió a Evans, porque las mujeres son más propensas a la ansiedad y la depresión que los hombres.

Pero había otro factor más importante en el trabajo: el acoso sexual en la ciencia que afecta de manera desproporcionada a las mujeres.

En 2014, Kathryn Clancy, antropóloga de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, documentó altas tasas de acoso sexual en el campo científico. Luego, en 2017, ella y sus colegas encuestaron a 474 astrónomos y científicos planetarios y descubrieron que el 30 % de las mujeres se sentían inseguras debido a su género (en comparación con el 2 % de los hombres).

Estos estudios alentaron a las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de EE. UU. a nombrar un comité especial para examinar el tema en entornos académicos. En junio de 2018, publicó un informe que revelaba un acoso sexual generalizado y dañino en la ciencia (ver ‘Acoso sexual de estudiantes’).

No es sólo un problema en los Estados Unidos. En 2020, Wellcome, un importante financiador de investigaciones biomédicas en Londres, encuestó a más de 4200 científicos de 87 países de todos los géneros, etapas profesionales y disciplinas, y descubrió que el 43 % de los participantes había sufrido intimidación o acoso y el 61 % lo había presenciado (ver ‘ Epidemia de bullying’).

Muchos sintieron que era «culturalmente sistémico», y el 33% pensó que los líderes hicieron la vista gorda ante el comportamiento.

En una encuesta de Nature de 2021 de más de 3200 científicos en activo, casi un tercio dijo que había observado discriminación o acoso de colegas en su trabajo actual. Al año siguiente, otra encuesta de Nature a más de 3200 estudiantes de doctorado y maestría encontró que el 35 % de los científicos que se identifican como miembros de grupos étnicos o raciales minoritarios dijeron que habían sufrido acoso o discriminación durante sus estudios de posgrado.

No es de extrañar que haya un grave problema de salud mental en la ciencia, dicen los investigadores. Un estudio incluso encontró que las tasas de agotamiento, depresión y ansiedad eran comparables con las reportadas en ocupaciones de «alto riesgo», como la atención médica.

El estudio de Wellcome encontró que el 70 % de los encuestados se sentía estresado en un día laboral promedio y el 34 % había buscado ayuda profesional por problemas de salud mental.

Más allá del acoso, muchos participantes culparon a los financiadores e institutos que enfatizan la cantidad sobre la calidad en términos de publicación y obtención de subvenciones, todo lo cual contribuye a un equilibrio deficiente entre el trabajo y la vida.

Otra explicación sugerida en el estudio es que muchos científicos ven su trabajo como una vocación, no solo como un trabajo. Aunque eso significa que los investigadores son apasionados, también presenta un desafío único, argumenta Eric Pellegrini, un astrónomo que dejó el campo el año pasado para convertirse en un científico de datos independiente. Hacen que te tortures a ti mismo haciendo que este trabajo sea parte de tu identidad: no es un trabajo, ni siquiera es una carrera, es una elección de vida, dice. Y lo aceptas durante años hasta que descubres qué es. Quita muchas de las partes, hazlo más genérico, y es solo una relación abusiva.

Presiones pandémicas

Ese era el panorama antes de 2020. Luego llegó la pandemia de COVID-19 y, con ella, una avalancha de nuevos desafíos.

En una encuesta de 2020 de 5247 estudiantes de postgrado en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas de 9 instituciones en los Estados Unidos, el 38 % informó síntomas relacionados con la ansiedad y el 35 % tenía depresión. Estas proporciones representaron grandes saltos con respecto a lo que el mismo equipo encontró en 2019. La cantidad de estudiantes con depresión se duplicó y la prevalencia de ansiedad aumentó en un 50 %.

Nuestros hallazgos indicaron que realmente fue un desastre, dice Igor Chirikov, investigador principal del Centro de Estudios de Educación Superior de la Universidad de California, Berkeley, quien dirigió el estudio.

El equipo de Chirikov descubrió que los desafíos en la salud mental a menudo se asociaban con el estrés financiero, que es agudo para los investigadores en etapa inicial. En los Estados Unidos, por ejemplo, los estudiantes de doctorado en ciencias biológicas ganan salarios muy por debajo del costo de vida.

Los investigadores postdoctorales ganan un promedio de $47,500 al año, un poco más de la mitad del salario promedio anual de los graduados universitarios. Además, los postdoctorados se enfrentan a cambios constantes, ya que normalmente tienen que pasar a un nuevo puesto cada pocos años. Algunos investigadores pasan una década o más saltando de un contrato a corto plazo al siguiente.

Luego, a pesar de los años que los científicos dedican a la capacitación, muchos luchan por encontrar un trabajo a largo plazo en una universidad, y esto puede alejar a los jóvenes investigadores de la ciencia por completo.

La encuesta Wellcome de 2020 encontró que casi la mitad de los encuestados que habían dejado la investigación informaron que la dificultad para encontrar trabajo era una de las razones. Las otras dos razones comunes incluían un impacto negativo en la salud mental y el deseo de un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida.

Incluso si los científicos obtienen puestos permanentes, la competencia nunca termina. En 2020, una encuesta diseñada por Cactus Communications, una empresa de tecnología y comunicación científica con sede en Mumbai, India, analizó las opiniones de 13.000 investigadores en más de 160 países.

Encontró, por ejemplo, que el 65% de los encuestados estaban bajo una tremenda presión para publicar artículos, obtener subvenciones y completar proyectos para mantener su reputación en la comunidad de investigación. Esa respuesta proviene en gran medida de investigadores más experimentados, porque deben seguir siendo vistos tan brillantes como antes, dice Abhishek Goel, cofundador y director ejecutivo de Cactus Communications.

Más allá de la presión por el desempeño, el estudio identificó varios otros factores que contribuyen a la mala salud mental entre los investigadores, incluidos los largos horarios de trabajo y una cultura en la que el estrés y la ansiedad se normalizan.

Otro factor mencionado por una gran proporción de científicos fue el acoso y la discriminación en su entorno laboral. Esto fue especialmente común para las mujeres, los investigadores que se identificaron como homosexuales y las personas de raza mixta. Alrededor del 60% del último grupo, por ejemplo, informó que había experimentado discriminación, acoso o intimidación en el trabajo.

Aunque el estudio se realizó en 2020, la mayoría de estos problemas estaban presentes mucho antes de la pandemia de COVID-19.

Un estudio, por ejemplo, encuestó a más de 3000 físicos y biólogos en el Reino Unido, Estados Unidos, Italia e India, y realizó entrevistas en profundidad con más de 200 científicos. Descubrió que la pandemia solo exacerbó problemas que ya estaban presentes.

En nuestras entrevistas, los científicos dijeron que la pandemia fue realmente solo el punto de inflexión, dice el coautor del estudio Brandon Vaidyanathan, sociólogo de la Universidad Católica de América en Washington DC. Cosas como el agotamiento y el agotamiento emocional habían estado sucediendo de antemano y la pandemia los dejó al descubierto. Amplificó estos efectos.

Oportunidad de cambiar

A medida que aumenta la evidencia de todos estos problemas, los científicos buscan soluciones. Pero exactamente lo que debe cambiar está lejos de estar claro.

Cuando miramos los resultados del estudio, en realidad estábamos bastante molestos y un poco enojados, incluso impotentes, dice Goel. Simplemente sentimos que sería extremadamente difícil efectuar un cambio.

Aún así, muchos científicos están de acuerdo en que el primer paso es que la salud mental se convierta en un tema de conversación principal, un cambio que podría estar ya en marcha.

Desde que Evans y sus colegas publicaron su estudio en 2018, ellos y otros científicos han sido invitados a numerosas instituciones y conferencias para hablar sobre el tema. Y la encuesta decenal más reciente de astronomía y astrofísica de EE.UU., en 2021, realizada por las Academias Nacionales para establecer prioridades de financiación cada década, discutió la necesidad de abordar el acoso y la discriminación en la comunidad.

Eso es un gran progreso, argumentó Jennifer Wiseman, astrónoma del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, en una reunión de la Sociedad Astronómica Estadounidense (AAS) en Seattle, Washington, en enero.

Otros programas buscan abordar los problemas de representación y equidad que tan a menudo coinciden con el acoso, el abuso y las enfermedades mentales. Por ejemplo, la NASA revisó recientemente su Programa de becas Hubble, que ofrece posiciones postdoctorales estimadas, para diversificar su alcance.

Los principales programas de subvenciones, como los del Departamento de Energía de EE. UU., ahora requieren un plan que describa cómo el equipo proponente trabajará contra las barreras para crear y mantener un entorno de trabajo inclusivo.

“Estos ejemplos destacan las acciones que se están tomando en nuestro campo astronómico en respuesta a los valores cambiantes que ahora priorizan la inclusión y el bienestar de nuestras comunidades como elementos centrales del éxito científico”, dijo Wiseman en la reunión.

Milgram ha visto durante mucho tiempo la salud mental como un componente esencial del conjunto de habilidades de un investigador exitoso. Desde 2020, la Oficina de Capacitación y Educación Intramuros de los NIH ha ofrecido un curso llamado Convertirse en un científico resiliente, con temas que van desde el síndrome del impostor hasta el desarrollo de mejores relaciones con los mentores.

Sus 25 000 participantes, incluidos estudiantes universitarios, graduados, postdoctorados y estudiantes de medicina reclutados del NIH y varias instituciones extramuros, han informado disminuciones en la ansiedad, la depresión y el presentismo (es decir, no funcionan completamente en el lugar de trabajo debido al estrés).

En los últimos dos años, el equipo de Milgram ha ofrecido un programa paralelo llamado Raising a Resilient Scientist, que está diseñado para ayudar a los profesores y administradores a desarrollar mejores habilidades de tutoría y trabajar en su salud mental personal.

Las iniciativas de base de estudiantes graduados y postdoctorados han dado lugar a varios eventos y talleres, incluso encuentros de yoga. Las campañas para formar sindicatos de estudiantes de doctorado y postdoctorado en los campus de EE. UU. también han buscado garantías de mejores condiciones de trabajo.

“Es el comienzo de un movimiento que, con suerte, durante generaciones de académicos dará como resultado un cambio a largo plazo”, dice Evans. “Y siento que tenemos todas las piezas para ver que eso suceda. Solo toma tiempo”.

Pero otros argumentan que la ciencia necesita cambios sistémicos más grandes, como la tolerancia cero para el abuso. Si bien las instituciones y conferencias están fortaleciendo las declaraciones de valores, los códigos de conducta y la aplicación, aún queda mucho trabajo por hacer, dijo Wiseman en la reunión de la AAS. Los investigadores deben poder plantear inquietudes sin temor a represalias o prejuicios.

En la encuesta de Goel, por ejemplo, el 49% de los encuestados dijeron que no buscarían apoyo porque les preocuparían las represalias.

Muchos argumentan que es necesario que haya cambios drásticos en las estructuras de financiación. «Estos modelos están realmente anticuados», dice Sheila Kanani, oficial de diversidad y divulgación educativa de la Royal Astronomical Society en Londres, que encuestó a 650 astrónomos y físicos en 2020 y encontró un problema de acoso sistémico.

“Todo el sistema necesita una revisión masiva”. Como parte de eso, ella y otros dicen que la financiación no debe basarse completamente en publicaciones, sino en un ambiente de trabajo saludable, uno que considere la salud mental de los investigadores y el rigor de su trabajo, incluidas las ideas que tal vez nunca lleguen a un acuerdo diario académico.

Sin un cambio dramático, es posible que los jóvenes investigadores continúen huyendo del campo. “Este es realmente un problema que podría afectar potencialmente el futuro de la ciencia si no podemos retener a los jóvenes talentos”, dice Vaidyanathan. “Le debemos a las futuras generaciones de científicos crear lugares de trabajo más hospitalarios que les permitan simplemente hacer ciencia”.

Los investigadores posdoctorales y otros académicos exigen salarios más altos y mejores beneficios durante una huelga contra la Universidad de California en diciembre pasado. Crédito: Sarah Reingewirtz/MediaNews Group/Los Angeles Daily News/Getty