El estudio cambia la vida a indígenas ayoreos


Bolivia. Este año se graduaron 10 personas en el CEMA que hay en la comunidad Degüi, ubicada en la Villa Primero de Mayo. Piden más información.

El bachillerato cambia la vida a los ayoreos adultos

Estudio va ganando terreno en este pueblo.



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EL DEBER, Santa Cruz

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Andrés Chiqueno (40), Juan Chiqueno (65), y Adela Moreno (58) muestran orgullosos el certificado de egreso de bachiller que les entregaron. Foto: Hernán Virgo.

Juan Chiqueno Picaneray, un ayoreo que a sus 65 años consiguió su título de bachiller, comenta orgulloso que gracias a esto dejó de firmar con la huella dactilar y ahora puede escribir su nombre.

Para él no fue sencillo estudiar, porque asegura que a su edad es más difícil entender, más aún porque nunca había intentado aprender a leer y a escribir, pues las clases se impartían en español, idioma que poco conoce.

Adela Moreno Dosapei (58)  está más orgullosa de ser bachiller y asegura que ella tuvo más facilidad en el aprendizaje. Eso se puede percibir cuando se entabla una conversación con ella, porque habla con más fluidez el español, además comenta que en varias oportunidades los estudiantes universitarios la han buscado para que les ayude a comprender la cultura ayorea en sus diferentes aspectos, como la alimentación.

Ejemplo familiar

Los dos hijos de Adela también se interesaron por el estudio. Su hija mayor, de 21 años, salió bachiller el año pasado y ahora ayuda en la guardería de la comunidad. De igual forma su hijo de 15 años está en secundaria y quiere terminar de estudiar antes de entrar al cuartel.

Adela es una de las más preocupadas en recibir orientación para ver las posibilidades que tienen, como pueblo indígena, de continuar estudios, porque asegura que para ellos la situación económica es muy difícil.

Andrés Chiqueno (40) es otro ayoreo que ha comprendido que con el estudio se puede conseguir mejores oportunidades. Ahora que es bachiller intenta buscar un lugar o una ayuda para estudiar una carrera técnica. Está interesado en aprender electricidad, para tener un trabajo más estable.

Andrés trabaja en la Central Ayorea Nativa del Oriente Boliviano (Canob) y también percibe dinero extra por hacer traducciones en su lengua.

Ellos son parte de los 10 ayoreos graduados en la cuarta promoción del  Centro de Educación Media para Adultos (CEMA), que funciona en la comunidad Degüi, en el barrio Bolívar de la Villal Primeo de Mayo. Con ellos también egresaron otras 19 personas que no son de la comunidad. El asambleísta ayoreo Suby Picaneray y su esposa también fueron parte de este grupo de graduados.

Del mismo modo, el presidente de la Canob, Arturo Chiqueno (45), fue compañero de este grupo. Él comenta que de niño, cuando tenía seis años de edad, en Rincón del Tigre entró a la escuela para cursar la primaria. Asegura que no fue nada sencillo, porque tuvo que trabajar para costear sus útiles escolares. Luego abandonó la escuela por muchos años hasta que ahora ha decidido alcanzar el bachillerato.

Para los ayoreos dar este paso en el campo educativo ha sido complicado, además en su cultura la educación no es una prioridad. Eso se percibe en el CEMA que funciona en Poza Verde, que es una comunidad ayorea, donde la mayoría de los que estudian allí no son del pueblo indígena, informó Chiqueno.

Asegura que con los años los que viven en la ciudad o sus proximidades han tenido más interés en los estudios.

Convenios firmados

Chiqueno, en calidad de dirigente de la Canob, informó de que han logrado firmar un convenio con la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, y espera que para el próximo año puedan haber ayoreos cursando carreras universitarias, porque hay interesados.

La Canob también firmó convenio con un instituto para que sus afiliados puedan estudiar enfermería, pero hasta ahora ningún ayoreo se ha postulado.

Julia Chiqueno ha sido una de las primeras bachilleres ayoreas. Ella tuvo que estudiar en una escuela regular. Luego, con el apoyo de la Confederación Indígena del Oriente Boliviano (Cidob), comenzó a estudiar Trabajo Social en la Universidad Evangélica Boliviana (UEB), pero solo estuvo un año y medio, porque  le daban media beca y tenía dificultades para pagar sus estudios.

Julia espera otra oportunidad para continuar sus estudios superiores. Actualmente, ella es responsable de la guardería que funciona en la comunidad Degüi, adonde asisten 50 niños

Un proyecto educativo que ahora cosecha sus frutos

En un principio, la escuela de la comunidad funcionaba hasta tercero, ahora es para toda primaria. Julia Chiqueno fue una de las primeras bachilleres ayoreas.

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Este señor ingresa a su comunidad, en la Villa, con un mate para preparar tereré, que comparte en familia. Fotos: Hernán Virgo y Apcob

Santa Cruz, EL DEBER

El Centro  de Educación para Adultos Juana Degüi, dependiente del Centro Integrado San Francisco Javier, data desde 2009 cuando la ONG Apcop (Apoyo Para el Campesino-Indígena del Oriente Boliviano) ayudó a registrar a nueve jóvenes y adultos en este centro, pero que luego desertaron porque no se adaptaron a los procedimientos del sistema educativo formal. Es así que a partir de febrero de 2010 y a requerimiento de la misma comunidad funciona una unidad académica, dependiente de dicha institución, en Degüi.                                                                                                                                                                                                                                            

En la gestión escolar 2010 se graduó el primer bachiller, que fue Hernán Dosapei; en 2011 egresaron ocho; en 2012, nueve; y este año, 10.

Un proyecto anterior fue la escuela Intercultural Bilingüe Juana Degüi, que impulsó Apcob, que en 2005 comenzaron a hacer pruebas piloto y al año siguiente la escuela funcionó formalmente. Antes de hacer la infraestructura decidieron trabajar para despertar el interés, en esto apoyó precisamente Julia Chiqueno, una de las primeras bachilleres, comenta la técnica social Paulina Brucelas.

En principio, la escuela comenzó a funcionar hasta tercero. Luego se amplió a todo el nivel primario. Este año 13 niños salieron a estudiar a otros centros, por iniciativa de los papás

Datos del pueblo ayoreo

Población

El Censo de Poblacion y Vivienda (2012), que recibió críticas, registra a 1.862 ayoreos, 954 hombres y 908 mujeres. Sin embargo, un relevamiento de datos realizado por Apcob da cuenta de 2.562 personas en este pueblo indígena, de las cuales unas 700 viven en la ciudad.

Están en los municipios de:

Santa Cruz de la Sierra, Pailón, Cuatro Cañadas, Concepción, San José, Roboré, Puerto Suárez y Puerto Quijarro.

En la ciudad

Tienen dos comunidades, Degüi, en la Villa Primero de Mayo, y Garay, en el barrio San Silvestre. Llegaron en 1995. Los primeros asentamientos se dieron en la ex estación brasileña, la Casa del Campesino (hoy Cidob), en el barrio Guaracachi y en la Villa Primero de Mayo. En 2002 se dio un proceso migratorio desde Pailón y Cuatro Cañadas. Son 28 comunidades afiliadas a la Canob.

Inserción laboral

Los hombres se dedican a la limpieza de lotes, jardinería, albañilería y por temporadas prestan sus servicios como jornaleros. Una gran mayoría hace artesanías, como bolsos, collares y aros a base de fibras de garabatá.

Análisis

Les ayuda a tener una vida mejor

Jürgen Riester – Antropólogo y director de Apcob

La llegada de los ayoreos a la ciudad no se debe a un capricho de ellos, sino a una situación de no haberlos atendido adecuadamente en el campo y buscaron otros horizontes para poder satisfacer sus necesidades en el área urbana.

Tuvieron que relacionarse con el sistema de salud, porque al salir del monte cambian totalmente su dieta y vienen las enfermedades desconocidas para ellos, como la tuberculosis.

Como no han habido proyectos de desarrollo en sus zonas o son muy pocos, al final ven que no es tan complicado vivir en la ciudad y comienzan a dedicarse a la mendicidad y a otras actividades, como la prostitución.

Los ayoreos marcaron una presencia en los marginados, pero ahora el cambio fundamental que han demostrado es que en algunos casos han visto que si quieren seguir adelante en la ciudad necesitan mejorar su educación formal.

Ellos, como todos los pueblos indígenas, han tenido su propio sistema educacional, pero era relacionado con la vida que los rodeaba, como aprender la caza, pesca y alto conocimiento del monte. Todo lo que era sabiduría propia casi no le sirve en la civilización, por eso los jóvenes que ya nacieron en la ciudad tienen, por un lado, la referencia de su propia cultura y de su lengua, pero también saben que la persona que ha estudiado y que tiene una profesión, puede tener una mejor estilo de vida