El idilio Bachelet-Morales, durante las primeras gestiones de ambos, tuvo como resultados objetivos abrazos, intercambios de regalos protocolares y sonrisas ante los medios de comunicación; sin embargo, nada de eso sirvió para que Bolivia se acerque siquiera un paso al mar.
La Razón / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz
Otros tiempos: La presidenta chilena, Michelle Bachelet, saluda a su homólogo boliviano, Evo Morales, durante la reunión bilateral en la Cumbre extraordinaria de Unasur, el 28 de agosto de 2009, en Bariloche. Foto archivo: infosurhoy
El idilio político de los presidentes Evo Morales y Michelle Bachelet empezó bajo el signo del desprendimiento. Un día antes de la posesión de la chilena, el 11 de marzo de 2006, hubo un acto en el que organizaciones sociales y políticas de izquierda del país vecino pretendían homenajear a Morales en el Estadio Nacional de Santiago.
Los rumores comenzaron a circular. Se creía que el Mandatario boliviano, en su discurso, hablaría en contra de su futura colega o lo que sería aún peor, que aprovecharía el escenario otorgado por los mismos chilenos para lanzar un libelo contra ese país en referencia de la usurpación de las costas en el océano Pacífico boliviano en 1879 nada menos que en la capital del poder de Chile… Nada menos que en la víspera de la posesión de Bachelet.
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Ninguna de las habladurías terminó por ser cierta. Incluso el cónsul de entonces Roberto Finot dijo que Morales estaba dispuesto a no asistir al evento si había la susceptibilidad de que él ensombrezca el día de investidura de la chilena y que de ningún modo se referiría al tema marítimo durante su discurso.
Al final, nada de lo que temían sucedió y el acto se realizó con normalidad, pero queda el gesto de Morales que daba la posibilidad de no asistir a su propio homenaje, si eso iba a generar algún tipo de incomodidad.
Ése sería el inicio de una suerte de romance entre ambos presidentes. Ambos se prodigarían sin reserva abrazos, sonrisas y regalos por aquí y por allá, cosa por demás inusual entre los dos países que no tienen relaciones diplomáticas desde 1978 hasta la fecha. El “flirteo bilateral” llegó incluso a la comedia cuando la hermana del Presidente, Esther Morales, dijo a la prensa que Bachelet sería una buena novia para el Presidente boliviano…
En fin… El galanteo continuó los siguientes meses de manera auspiciosa hasta que el 18 de julio de 2006 Bolivia y Chile, por una decisión de los presidentes de ambas naciones, anunciaron el inicio de un diálogo bilateral prácticamente irrestricto: la Agenda de 13 puntos.
El primer punto estableció el desarrollo de una “confianza mutua” entre las dos naciones. También se incluía la integración fronteriza, el libre tránsito, la integración física, la complementación económica, lucha contra la pobreza, seguridad y defensa, lucha contra el narcotráfico, educación cultura, además del punto “otros” que dejaba abierto el diálogo.
Estos 13 puntos parecieron muy buenos a todos, sin embargo, lo importante de la agenda es que no dejaba de lado el conflicto por el desvío de los acuíferos del Silala y sobre todo al tema marítimo, que al final de cuentas es lo que interesa más a Bolivia.
Se presentó la agenda como si fuera el descubrimiento de la pólvora, no obstante, el expresidente Carlos Mesa recuerda que en realidad el primer antecedente es el de Algarve (Portugal), en 2000, cuando los presidentes Lagos y Banzer acuerdan realizar un diálogo “sin restricciones”, que es lo mismo que decir que se incluiría el tema marítimo. En ese sentido Mesa dice: “La agenda abierta no es algo que se ‘inventó’ con Bachelet. Se planteó y concretó por primera vez en 2000 entre los gobiernos de Banzer y Lagos”.
El 21 de julio de 2006, Morales y Bachelet se encontraron en Córdoba, (Argentina) y se reunieron por media hora. El Jefe del Estado boliviano afirmó aquella vez: “Estamos en la obligación de complementarnos con Chile en función de las necesidades de nuestros pueblos y por eso tengo mucha esperanza en esta nueva etapa de relaciones del país, buscando soluciones a nuestros problemas”.
Declaraciones de este tipo develan que Morales realmente creyó que se abría un nuevo ciclo, distinto al distraccionismo de otras administraciones chilenas sobre el tema marítimo. Al menos, esas señales parecían mandar el discurso de moda que se iba esparciendo en Latinoamérica desde Bolivia bajo el nombre de “diplomacia de los pueblos”, todo mientras continúan los saludos y sonrisas protocolares cada vez que el Mandatario y Bachelet coinciden en alguna cumbre o encuentro.
El día del mar de 2007, Morales todavía creía en que el diálogo y la Agenda de 13 puntos darían resultados: “Estamos en otros tiempos, de buscar soluciones a los problemas sociales y económicos mediante el diálogo”, señaló.
Los años pasaron reiterándose declaraciones de esta naturaleza por ambos lados hasta que llegó 2010: Morales, en su segunda asunción de mandato, instó a Sebastián Piñera (ese momento presidente electo) a respetar la agenda.
De ahí a adelante, las relaciones pasaron de las aparentes buenas intenciones de Bachelet a portazos diplomáticos de Piñera. Los dimes y diretes fueron y volvieron hasta que el 23 de marzo de 2011 el Presidente boliviano anunció la decisión de iniciar una demanda contra Chile (en la Corte Internacional de Justicia de La Haya) en respuesta a la falta de voluntad chilena de resolver el tema pendiente del mar.
“No se puede presumir que el idilio será lo que fue en el primer gobierno Morales-Bachelet. Recordemos también que la agenda de los 13 puntos no significó nada en la realidad”, juzga Mesa.
El excanciller Javier Murillo cuestiona ese “tipo de acercamiento entre presidentes”. El “único acercamiento que nos interesa con Chile es aquél que nos aproxime al mar. No nos importa que los presidentes se abracen y se lleven bien”, si es que no va a ser para encontrar soluciones concretas que lleven a que Bolivia tenga una salida soberana al océano.
Es por eso que una de la últimas declaraciones de Morales sobre Bachelet fue: “Creemos que ha habido una trampa durante la gestión de Bachelet, en los 13 puntos, en el tema del mar. A mí me invitaba a algunas reuniones de manera reservada, (yo decía) ¿qué propuesta habrá? No hay ninguna propuesta, (luego) desayuno reservado. ¿A ver? ¿Qué propuesta habrá? Para nada, igualmente con Piñera”.
Como conclusión habrá que recordar lo que decía Bachelet el 11 de marzo de 2006 en su discurso de posesión en La Moneda refiriéndose a una generalidad y no precisamente a Bolivia: “Ha llegado el momento en que nos miremos unos a otros, cara a cara, sin resquemores ni suspicacias. El pasado es lo que es: pasado”.
Si el lector se toma la licencia de transferir la generalidad de la anterior afirmación a las relaciones bilaterales en referencia al mar, se espera que Bachelet no piense lo mismo de la deuda histórica que Chile tiene con Bolivia. En casos así, un lugar común como “lo pasado, pisado” no puede tener cabida, tal ha sido la posición del Gobierno al momento de asumir la decisión de ir a La Haya.
Eventual diálogo con Bachelet no implica abandonar La Haya
Piñera condujo una relación inamistosa con nuestro país, ¿cambiará esto con Bachelet? En todo caso, para Bolivia la demanda en La Haya sigue y al ser una acción pacífica no tendría que desechar la bilateralidad.
La Razón / La Paz
La demanda contra Chile que presentó Bolivia en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya fue el pretexto que el gobierno de Sebastián Piñera utilizó para dar por cerrado el diálogo pendiente no solo acerca del tema, sino sobre cualquier otro asunto bilateral. Con Michelle Bachelet como presidenta, unos esperan que vaya a existir una mejor relación y otros desconfían de que vaya a haber modificaciones; en lo que sí coinciden es en que el proceso en la CIJ no tiene por qué dar por el piso la posibilidad de reentablar el diálogo bilateral.
El domingo, Bachelet ganó las elecciones con una amplia mayoría, que le dará la posibilidad de tener un gobierno fuerte, cosa que carecía Piñera, con quien el mandatario Evo Morales tuvo una relación que puede ser adjetivada de inamistosa. ¿Cambiará la relación Bolivia-Chile con la presidenta electa de la Concertación?
Que la demanda no excluye el diálogo bilateral fue sugerido por Morales en rueda de prensa; también por el vicepresidente Álvaro García Linera a EFE; el ministro de Defensa, Rubén Saavedra, y el vicecanciller Juan Carlos Alurralde, estos últimos a medios estatales.
El Jefe del Estado de Bolivia señaló que “el diálogo (con Chile) siempre estará abierto, pero sin suspender la demanda ante los tribunales de La Haya”. Mientras que García Linera dijo desde España: “Los mejores resultados para nuestros países van a venir si nos fusionamos en un gran horizonte compartido”.
Por su parte, sobre la postura de Bachelet en sentido de que la demanda de Bolivia “entorpeció” el diálogo bilateral, Saavedra señaló el riesgo de que sus declaraciones hayan estado orientadas a su campaña electoral (más) que a una posición con Bolivia”. Indicó también que hay que “tener paciencia, que sea posesionada” y ahí ya se tendrá “una relación Gobierno a Gobierno”.
En esto, el exgobernante del país Carlos Mesa coincide en señalar que el proceso electoral “obliga” a los candidatos a tomar “posiciones fuertes” en temas “sensibles” (como el marítimo). “Mi impresión es que una vez sea posesionada como presidenta, Bachelet tendrá una mejor disposición con Bolivia”, apunta.
Por último, Alurralde afirmó: “Lo que compete con el nuevo Gobierno es retomar toda la agenda de trabajo que tenemos, la agenda de diálogo, la que se tiene pendiente”.
Que altas autoridades del Ejecutivo den estas señales no puede ser una casualidad, sino una insistencia en que al final de cuentas dice que más allá del recurso de la demanda en la CIJ, puede retomarse el diálogo bilateral con Chile. La demanda no es un acto inamistoso, sino pacífico (como varias veces sostuvo Morales). Paradójicamente, Chile, un país que se hizo de 400 kilómetros de costa boliviana por medio de las armas, que desvió los caudales del río Lauca y del manantial del Silala, que secuestró a tres conscriptos como si fueran una amenaza flagrante, etc., percibe el inicio de la demanda boliviana como un acto inamistoso.
“He dicho que el hecho de que haya decidido Bolivia ir a La Haya era un gesto que de alguna manera entorpecía la forma en que nosotros queríamos llevar adelante nuestra relación con Bolivia, que era a través del diálogo, en una agenda plural, que nos permitiera avanzar realmente en temas”, dijo Bachelet en un debate radial días antes de los comicios que ganó ampliamente.
Las declaraciones de las autoridades bolivianas parecen querer recordar que la demanda no es un acto inamistoso y que no tendría por qué vulnerar la relación bilateral:Bolivia debe recordar a Chile que es posible un diálogo, que la bilateralidad no está desechada y que es posible desarrollar una agenda amplia que eventualmente puede o no incluir el mar. Aunque, en ningún caso, la relación de Morales con Bachelet será tan mala como lo es con Piñera, si bien no se puede presumir que el “idilio” será lo que fue en el primer gobierno Morales-Bachelet, contrasta.
Los bolivianos —señala el diplomático e historiador Ramiro Prudencio— “no consideramos” que la demanda sea un “acto hostil”; lo que debemos hacer con la nueva administración es “entrar en relaciones amistosas” y volver a la agenda de los 13 puntos, entre los cuales está el tema marítimo.
“¿Por qué esperar una nota de Chile? Tenemos que negociar, pues somos nosotros los interesados; a Chile no le interesa resolver el tema porque no le afecta. Todo esto independientemente de la demanda en La Haya. El juicio en La Haya seguirá y no tiene por qué cortar la bilateralidad”, sugiere.
Incluso, el diplomático plantea la posibilidad de que una “relación bilateral amistosa” pueda producir un entendimiento de tal modo que “los dos países” podrían “sugerir” un dictamen “favorable para ambos”, como ya sucedió en la resolución de la Organización de los Estados Americanos en 1983, en la que Chile, Bolivia y Colombia (como mediador) propusieron los términos de la resolución que fue la base del Enfoque Fresco (durante el último gobierno de Víctor Paz Estenssoro).
Bachelet siempre mostró simpatía por Bolivia, expresa Prudencio. Sin embargo, “nos quejamos porque no se llegó a nada concreto, pero Bolivia es la interesada en solucionar el problema y no Chile”. Se debe negociar de manera bilateral “al margen del La Haya”, pues “la demanda igual va a seguir su curso”.
El exministro de Defensa y excónsul de Bolivia en Santiago Walker San Miguel considera que con el gobierno de Bachelet “el trato será distinto”. Mientras que Piñera prefirió “la confrontación, la diplomacia de los portazos y el intento de aleccionar a Bolivia con frases y actitudes fuertes —como la detención de conscriptos bolivianos en la fronteras”— el de Bachelet tendrá mayor “fineza diplomática” para el trato con un gobierno “muy consolidado” como el del mandatario Evo Morales. No es tan optimista el excanciller Javier Murillo, quien no tiene fe en que Bachelet “cambie su actitud con Bolivia porque ya habría podido haberlo hecho en su primer gobierno antes de que el país acuda a La Haya”. “Para mí, el único acercamiento con Chile es aquél que nos aproxime efectivamente al océano Pacífico con soberanía, no nos interesa para nada que los presidentes se acerquen y se den abrazos”, cuestiona.
Bachelet “ha dado pruebas” de tener una “política distractiva” sobre el mar, “dilatando los tiempos”, sin mostrar acciones “positivas” que correspondan a la “actitud muy abierta” del gobierno de Morales desde 2006.
Sin embargo, considera que las relaciones vecinales “rutinarias” continuarán: “el reclamo boliviano al libre tránsito, la lucha contra el narcotráfico, el contrabando, el comercio, etc.”, pero eso soslaya el tema de fondo que es la “recuperación de la cualidad marítima de Bolivia”.
Posturas. Hay, además de lo ya dicho, otros temas que matizan la manera en que puede reencaminarse la relación bilateral. Uno de éstos es mencionado tanto por Mesa como por San Miguel: el juicio entre Perú y Chile sobre su frontera marítima, cuyo fallo debería darse en enero. El expresidente llama la atención sobre el resultado del proceso; mientras que para el excónsul el tema Perú-Chile es una muestra más de que para Chile hay temas que son política de Estado más que de gobierno.
“Uno de esos temas es que Chile no quiere ceder soberanía a nadie”. Donde se puede evidenciar esa política —explica— es en la negativa de los gobiernos de Ricardo Lagos y de la propia Bachelet a la petición peruana de acordar un límite marítimo, “negativa que hizo que Perú acudiera a la Corte Internacional de Justicia para zanjar el diferendo”. El 27 de enero del próximo año se dará lectura al fallo en La Haya respecto a este litigio. Sin embargo, las fechas no son del todo fijas en la CIJ.
“Ése va a ser un importante hito que incidirá en la forma en que el gobierno de Bachelet (que se instalará en marzo de 2014) adopte para su relación con el Perú y con Bolivia. Lo ideal sería que se generen espacios de integración entre los tres países con una visión de siglo XXI y no la estrecha visión de los siglos pasados caracterizada por el nacionalismo y el armamentismo”, afirma San Miguel.
Mesa recuerda que el juicio abierto en La Haya “condiciona” las relaciones de un modo “significativo”, tal como siente Bachelet según su declaración en el debate mediático previo a las elecciones del anterior domingo.
También hace notar que la agenda de los 13 puntos “no significó nada en la realidad y que la “agenda abierta” no es algo que se “inventó” con Bachelet, sino que se planteó y concretó por primera vez en 2000 entre los gobiernos de Hugo Banzer y Lagos (en Algarve, Portugal, donde se estableció una agenda sin restricciones).
Al final de cuentas, sin embargo, el exgobernante considera que la decisión tomada por Bolivia —es decir entablar una demanda internacional — es un camino, a su juicio, correcto y que se encuentra más allá de quien ocupe circunstancialmente el gobierno de Chile. Ésta también parece ser la posición gubernamental que sugiere que el juicio no tiene por qué desechar las relaciones bilaterales.
‘La relación no será peor que con Piñera’: Carlos Mesa, exmandatario de Bolivia
En ningún caso, la relación de Morales con Bachelet será tan mala como lo es con Piñera. El proceso electoral obliga a los candidatos a tomar posiciones fuertes en temas sensibles. Mi impresión es que una vez posesionada, Bachelet tendrá una mejor disposición con Bolivia. Pero al final, la decisión tomada por Bolivia —el juicio— es un camino, a mi entender, correcto.
‘La demanda marca agenda sobre Chile’: Walker San Miguel, excónsul de Bolivia en Chile
Respecto a nuestro país, el anuncio de demanda ante La Haya y la fijación de la fecha para presentar la Memoria en abril de 2014 ya marca una agenda respecto a Chile. Aunque el futuro de la relación va a depender de las iniciativas de los gobiernos y de la gestión de las cancillerías. No me animo a predecir si el gobierno de la señora Bachelet tomará una iniciativa.
‘No me hago ilusiones con Bachelet’: Javier Murillo, excanciller de Bolivia
Soy poco optimista de que la señora Bachelet vaya a cambiar su actitud con Bolivia, porque ya pudo haberlo hecho en su primer gobierno. No encuentro nuevos factores que pudieran modificar su actitud. No me hago ilusiones; al contrario, siendo realistas, Bachelet tuvo la oportunidad de acercarnos al océano Pacífico, que es lo que nos interesa, no que se abracen los presidentes.
‘Hay que negociar al margen de La Haya’: Ramiro Prudencio, diplomático e historiador
Hay que destacar el triunfo de la señora Bachelet con una mayoría muy grande, lo que le va a dar un gobierno fuerte, por lo cual se podrá negociar mejor con ella. Además, ha mostrado interés por buscar entendimiento y si ella quiere darnos la mano, hay que aceptarle y negociar directamente de manera bilateral al margen de La Haya, porque el juicio también va a marchar.
‘Decisión de ir a La Haya entorpecía la relación’: Michelle Bachelet, presidenta electa de Chile
He dicho que el hecho de que haya decidido Bolivia ir a La Haya era un gesto que de alguna manera entorpecía la forma en que nosotros queríamos llevar adelante nuestra relación con Bolivia, que era a través del diálogo, en una agenda plural, que nos permitiera avanzar realmente en temas. (Posición expresada en el foro antes de la segunda vuelta electoral).